Ciclo litúrgico A de la Iglesia Cristiana Católica

Miércoles VII Día de la Octava de Navidad Ciclo A

Evangelio según

San Juan 1, 1-18

1 Al principio ya existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y Dios era la Palabra. 2 Desde el principio, la Palabra estaba con Dios. 3 A través de la Palabra, Dios hizo todas las cosas, y nada de lo que existe fue hecho sin la Palabra. 4 En la Palabra estaba la vida, y esa vida era la luz para todas las personas. 5 La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad no ha logrado apagarla.

6 Hubo un hombre llamado Juan, que fue enviado por Dios 7. Él vino como testimonio para dar pruebas de la luz con el fin que todos pudieran creer por medio de él. 8 Juan no era la luz, pero vino para dar testimonio de la luz, 9 la luz verdadera que venía al mundo para iluminar a todas las personas.

10 La Palabra estaba en el mundo, y a través de Ella el mundo fue hecho, pero el mundo no la reconoció. 11 El que es la Palabra vino a los suyos, pero su propio pueblo no lo recibió. 12 Pero a todos los que lo recibieron, los que creyeron en su nombre, Él les dio el derecho de convertirse en hijos de Dios. 13 Ellos no nacieron de la sangre ni por medios naturales de la voluntad humana, sino de Dios.

14 La Palabra se hizo ser humano y vivió entre nosotros, y nosotros contemplamos su gloria, como la gloria del único Hijo del Padre que está lleno de gracia y verdad.

15 Juan  dio testimonio sobre Él y anunció diciendo: “Éste es de quien dije: El que viene después de mí ha llegado a ser más importante que yo, porque antes de que yo naciera Él ya existía”.

16 Porque todos hemos tomado de su abundancia, bendiciones sobre bendiciones, 17 ya que la Ley fue dada a través de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron a través de Jesucristo. 18 Nadie ha visto a Dios, solo el único Hijo que está junto al Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.

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Martes VI Día de la Octava de Navidad Ciclo A

Evangelio según

San Lucas 2, 36-40

36 También había una profetisa llamada Ana, la hija de Fanuel, de la tribu de Aser, quien era muy anciana y había vivido con su marido siete años desde su matrimonio; 37 pero había quedado viuda y tenía ochenta y cuatro años. Nunca dejaba el Templo, sirviendo con ayunos y oraciones día y noche. 38 A esa hora ella llegó al Templo y comenzó a alabar a Dios y a hablar sobre el niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.

39 Cuando terminaron de hacer todo lo que la Ley del Señor ordena, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía, mientras se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba sobre Él.

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Lunes V Día de la Octava de Navidad Ciclo A

Evangelio según

San Lucas 2, 22-35

22 Cuando se cumplieron los días en que ellos debían purificarse conforme a la Ley de Moisés, María y José llevaron el niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. 23 Porque está escrito en la Ley del Señor: “Todo hijo varón que abre el vientre será consagrado al Señor” (Ex 13:2.12.15), 24 también fueron allí para dar la ofrenda de dos palomas o dos tórtolas, como lo ordena la Ley del Señor (Lev 12:8).

25 Un hombre llamado Simeón vivía en Jerusalén. Era un hombre bueno y piadoso y esperaba la salvación del pueblo de Israel. El Espíritu Santo estaba con él, 26 y a él le había sido revelado por el Espíritu Santo que, antes de morir, vería al Mesías enviado por el Señor. 27 Guiado por el Espíritu, Simeón fue al Templo, y cuando los padres llevaron al niño Jesús al Templo para hacer lo que dice la Ley, 28 Simeón tomó al niño en sus brazos y bendijo a Dios, diciendo:

“Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz conforme a tu palabra;

30 porque mis ojos han visto tu salvación

31 que has preparado en presencia de todos los pueblos:

32 Luz para revelación de las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.

33 Su padre y su madre estaban asombrados de las cosas que se decían sobre él. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:

“He aquí que este niño es puesto para la destrucción y la salvación de muchas personas en Israel, y para ser una señal que muchos rechazarán, 35 y una espada traspasará tu misma alma para que los pensamientos de muchos corazones sean revelados”.

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Domingo Día de la Sagrada Familia Ciclo A

Evangelio según

San Mateo 2, 13-15, 19-23

13 Cuando los visitantes se fueron, un ángel del Señor se apareció en un sueño a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta cuando yo te diga porque Herodes está buscando al niño para matarlo”.

14 Entonces José se levantó por la noche, tomó al niño y a su madre, y huyó a Egipto; 15 y permanecieron allí hasta la muerte de Herodes. Esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había dicho a través del profeta: “Llamé a mi hijo desde Egipto” (Os 11:1).

19 Después de haber muerto Herodes, un ángel del Señor se le apareció en un sueño a José en Egipto, 20 y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y regresa a la tierra de Israel, porque las personas que estaban buscando matar al niño están muertas”.

21 Entonces José se levantó, tomó al niño y a su madre, y regresó a la tierra de Israel. 22 Pero cuando escuchó que Arquelao, hijo del rey Herodes, gobernaba Judea en lugar de su padre, tuvo miedo de irse a vivir allí. Después de recibir más instrucciones en un sueño, José fue a la región de Galilea 23 y vivió en una ciudad llamada Nazaret. Esto sucedió para que se cumpliese lo que los profetas habían dicho: “será llamado Nazareno”.

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Sábado Fiesta del Apóstol y Evangelista San Juan Ciclo A

Evangelio según

San Juan 20, 1a. y 2-8

1 El primer día de la semana, el domingo, muy temprano en la mañana, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue a la tumba y vio que la piedra que cubría la entrada había sido movida. 2 Luego corrió al lugar donde estaban Simón Pedro y otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo: “Se llevaron al Señor de la tumba, y no sabemos dónde lo pusieron”.

3 Pedro y el otro discípulo, saliendo de allí, fueron a la tumba. 4 Los dos corrieron juntos, pero el otro discípulo corrió más rápido que Pedro y llegó primero. 5 Inclinándose para mirar dentro, vio las sábanas de lino puestas allí pero no entró en la tumba. 6 Poco después llegó Simón Pedro y entró en la tumba. Él también vio las sábanas colocadas allí 7 y la tela que había sido puesta sobre la cabeza de Jesús, no estaba con las sábanas, sino que estaba enrollada a un lado aparte. 8 Entonces el otro discípulo, que había llegado primero, también entró en la tumba. Él vio y creyó.

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