Calendario
- 1304/13/2025
Domingo de Ramos de la Pasión del Señor Ciclo C
Evangelio según
San Lucas 22, 14-71. 23, 1- 56
14 Cuando llegó el momento, Jesús se sentó a la mesa con los apóstoles 15 y les dijo:
“¡Cómo he querido comer esta cena de Pascua con ustedes antes de mi sufrimiento! 16 Porque les digo que nunca comeré esta cena hasta que se cumpla el Reino de Dios”.
17 Entonces Jesús tomando la copa de vino, dio gracias a Dios y dijo:
“Tomen esto y compártanlo entre ustedes, 18 porque les digo que no volveré a beber este vino hasta cuando venga el Reino de Dios”.
19 También tomó el pan y dio gracias a Dios; luego lo partió y se los dio, diciendo:
“Esto es mi cuerpo que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.
20 De la misma manera, después de haber cenado, tomó la copa de vino, diciendo:
“Esta copa es la nueva alianza en mi sangre que es derramada por ustedes. 21 Pero la mano del que me traiciona está aquí conmigo en la mesa! 22 En verdad el Hijo del Hombre morirá como ha sido determinado, pero ¡ay de aquel hombre por quien Él es entregado!”
23 Entonces los apóstoles comenzaron a preguntarse entre sí quién de ellos sería el traidor.
24 Los apóstoles tuvieron una fuerte discusión sobre cuál debería ser considerado el más importante entre ellos. 25 Pero Jesús les dijo:
“Los reyes de las naciones tienen poder sobre el pueblo, y los gobernadores se llaman ‘benefactores’. 26 Pero no puede ser así entre ustedes. Por el contrario, que el mayor entre ustedes sea como el más joven, y el que manda que sea como el que sirve. 27 ¿Quién es el más importante? ¿Es el que está sentado a la mesa para comer o el que sirve? Pero yo estoy entre ustedes como el que sirve.
28 “Siempre ustedes han estado conmigo en mis pruebas. 29 Por tanto, así como mi Padre me dio un Reino, yo también les doy el mismo derecho 30 para que coman y beban en mi mesa, en mi Reino, y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”.
31 “¡Simón, Simón! mira que Satanás los ha pedido para desgranarlos como el trigo, 32 pero he rezado por ti, Simón, para que no te falte la fe; y tú cuando vuelvas a mí, fortalece a tus hermanos”.
33 Entonces Pedro le dijo a Jesús:
“¡Señor, estoy listo para ir contigo no solo a la cárcel, sino también de morir contigo!”
34 Entonces Jesús le dijo:
“Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, dirás tres veces que no me conoces”.
35 Entonces Jesús preguntó a los discípulos:
“¿Les faltó algo cuando los envié sin bolsa, sin mochila y sin sandalias?”
Ellos respondieron: “No nos faltó nada”.
36 Entonces Jesús les dijo:
“Ahora, quien tenga una bolsa, tómela, y también la mochila; y cualquiera que no tenga una espada debe vender su capa y comprarse una, 37 porque les digo que es necesario que se cumpla todavía en mí lo que ha sido escrito: ‘Fue tratado como si fuera un criminal’; porque lo que ha sido escrito sobre mí tiene que cumplirse”.
38 Entonces sus discípulos dijeron: “Señor, aquí hay dos espadas”. Él les dijo: “¡Suficiente!”
39 Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al Monte de los Olivos, y sus discípulos fueron con Él. 40 Cuando Jesús llegó al lugar elegido, dijo: “Oren para que no sean tentados”.
41 Luego se apartó de ellos a una distancia de unos treinta metros, y arrodillándose, comenzó a rezar, 42 diciendo:
“Padre, si quieres, ¡quítame esta copa de sufrimiento! Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
43 Entonces se le apareció un ángel del cielo para darle fuerzas. 44 Jesús sufría mucho, pero oraba con más fuerza que antes, y su sudor comenzó a caer al suelo como grandes gotas de sangre”.
45 Después de orar, se levantó, regresó al lugar donde estaban los discípulos y los encontró durmiendo, porque su tristeza era muy grande. 46 Y les dijo: “¿Por qué están durmiendo? Levántense y recen para que no sean tentados”.
47 Jesús todavía estaba hablando, cuando vino una multitud. Judas, uno de los doce discípulos que guiaba a estas personas, se acercó a Jesús para besarlo. 48 Pero Jesús le dijo: “Judas, ¿es con un beso que traicionas al Hijo del Hombre?”
49 Cuando los discípulos que estaban con Jesús vieron lo que iba a suceder, le dijeron: “Señor, ¿deberíamos atacar a estas personas con las espadas?”
50 Uno de ellos hirió al sirviente del Sumo Sacerdote con una espada y le cortó la oreja derecha. 51 Pero Jesús dijo: “¡Basta ya. ¡Paren eso!”
Luego tocando la oreja del hombre, lo curó. 52 Entonces dijo a los principales sacerdotes, a los oficiales de la guardia del Templo y a los líderes judíos que habían venido a arrestarlo:
“¿Por qué vienen con espadas y palos para arrestarme como si fuera un bandido? 53 Estaba con ustedes todos los días en el patio del Templo, y no intentaron arrestarme. Pero esta hora es de ustedes y también del poder de las tinieblas”.
54 Arrestaron a Jesús y lo llevaron a la casa del Sumo Sacerdote. Pedro los seguía desde lejos. 55 Cuando encendieron un fuego en medio del patio, se sentaron a su alrededor, y Pedro también se sentó entre ellos. 56 Una de las criadas lo vio sentado allí junto al fuego, lo miró directamente y le dijo: “¡Este hombre también estaba con Jesús!”
57 Pero Pedro lo negó, diciendo: “Mujer, ni siquiera conozco a ese hombre!”
58 No mucho después, un hombre lo vio allí y le dijo: “¡Tú también eres uno de ellos!”
Pero Pedro le respondió: “Hombre, no soy uno de ellos”.
59 Aproximadamente una hora después, otro insistió: “Este ciertamente estuvo con Él porque es galileo”.
60 Pero Pedro dijo: “Hombre, ¡no sé de qué estás hablando!”
En ese momento, mientras hablaba, el gallo cantó. 61 Entonces el Señor se volvió y miró a Pedro, y Pedro recordó las palabras que el Señor le había dicho: “Hoy, antes de que el gallo cante, dirás tres veces que no me conoces”. 62 Entonces Pedro se fue de allí y lloró amargamente.
63 Los hombres que vigilaban a Jesús se burlaban de Él y lo golpeaban. 64 Cubriéndole los ojos, lo golpeaban en la cara y le preguntaban: “¿Quién te pegó? ¡Profetiza!
65 Y lo insultaban diciéndole muchas otras cosas.
66 Cuando amaneció, los líderes judíos, los principales sacerdotes y algunos maestros de la Ley se reunieron para llevarlo ante el Concilio Superior. 67 Entonces le dijeron: Dinos ¿eres tú el Mesías?”
Él les dijo: “Si digo que sí, no lo creerán. 68 Y si hago una pregunta, no me responderán, tampoco me soltarán. 69 Pero de ahora en adelante el Hijo del Hombre se sentará en el lado derecho del Dios todopoderoso”.
70 Entonces todos preguntaron: “¿Entonces eres tú el Hijo de Dios?”
Jesús les respondió: “ Ustedes dicen que lo soy”.
71 Y ellos dijeron: “¿Qué más testimonio necesitamos? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca”.
1 Poniéndose de pie todos, llevaron a Jesús a Pilato. 2 Allí, comenzaron a acusarlo, diciendo:
“Hemos encontrado que este hombre está alborotando a la gente y les prohíbe pagar el impuesto al Emperador y además afirma que Él es el Mesías, el rey”.
3 Entonces Pilato le preguntó a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?”
Jesús respondiéndole, dijo: “Tú lo dices”.
4 Entonces Pilato dijo a los principales sacerdotes y a la multitud: “No encuentro ninguna razón para condenar a este hombre”.
5 Pero ellos insistían diciendo: “Está causando desorden entre la gente, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea y ahora ha llegado aquí”.
6 Cuando Pilato oyó decir “Galilea”, preguntó si el hombre era galileo, 7 y al saber que Jesús era de la región gobernada por Herodes, Pilato lo envió a él, ya que Herodes también estaba en Jerusalén en ese momento. 8 Herodes estaba muy feliz cuando vio a Jesús, porque había oído hablar muchas cosas de Él y quería verlo hacer un milagro. 9 Entonces le hizo muchas preguntas a Jesús, pero Él nada respondía. 10 Los principales sacerdotes y maestros de la Ley se presentaron e hicieron fuertes acusaciones contra Jesús. 11 Herodes y sus soldados se burlaron de Jesús y lo trataron con desprecio, poniéndole una ropa lujosa y se lo enviaron a Pilato. 12 Ese día, Pilato y Herodes, que anteriormente habían sido enemigos, se hicieron amigos.
13 Pilato reunió a los principales sacerdotes, a los líderes judíos y al pueblo 14 y les dijo: “Me trajiste a este hombre y dijiste que estaba agitando a la gente para hacer una revuelta, pero habiéndolo interrogado yo delante de todos ustedes, no he encontrado ningún delito por estas cosas de las cuales lo están acusando. 15 Herodes tampoco encontró nada en su contra, por lo que nos lo devolvió. Entonces, nada que merezca la pena de muerte ha hecho este hombre, 16 por tanto, lo haré azotar y luego lo liberaré”.
17 En la fiesta de la Pascua, Pilato solía liberar a alguno de los prisioneros pedido por el pueblo. 18 Entonces toda la multitud comenzó a gritar: “¡Mata a ese hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!”
19 Barrabás había sido arrestado por una revuelta en la ciudad y por asesinato.
20 Pilato, queriendo liberar a Jesús, volvió a hablarle a la multitud, 21 pero volvieron a gritar: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”
22 Y Pilato dijo por tercera vez: “Pero, ¿cuál fue su crimen? No veo ningún delito en este hombre que valga la pena de muerte. Lo haré azotar y luego lo dejaré ir”.
23 Pero continuaron insistiendo con gritos, pidiendo que Jesús fuera crucificado; y sus gritos y los de los principales sacerdotes ganaron. 24 Pilato condenó a muerte a Jesús, como se lo pidieron. 25 Les liberó al hombre que querían, el que había sido arrestado por rebelión y asesinato, y entregó a Jesús para que le hicieran lo que quisieran.
26 Entonces los soldados tomaron a Jesús, y en el camino, se encontraron con un hombre llamado Simón, de la ciudad de Cirene, que venía del campo y lo obligaron a cargar la cruz para que la llevara detrás de Jesús.
27 Una gran multitud lo seguía y había algunas mujeres que lloraban y se lamentaban por Él. 28 Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: “Mujeres de Jerusalén, ¡no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos! 29 Porque vendrán días en que todos dirán: ‘¡Felices son las mujeres que nunca tuvieron hijos, que nunca dieron a luz y que nunca amamantaron!’ 30 Entonces comenzarán a decir a las montañas: ‘¡Caigan sobre nosotros!’, y también dirán a las colinas: ‘¡Cúbrannos!’ 31 Porque, si todo esto se hace cuando el árbol es verde, ¿qué sucederá cuando esté seco?”
32 También tomaron dos criminales para ser asesinados con Jesús. 33 Cuando llegaron al lugar llamado “La Calavera”, allí crucificaron a Jesús y junto con Él a dos delincuentes, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
34 Entonces Jesús dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que están haciendo”.
Luego, sorteando dados, los soldados repartieron la ropa de Jesús entre ellos. 35 La gente se quedó allí mirando, y los líderes judíos se burlaban de Jesús, diciendo: “Salvó a otros. ¡Que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el elegido de Dios!”
36 Los soldados también se burlaban de Él y se acercaban ofreciéndole vinagre, 37 diciéndole: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate!”
38 En la cruz, sobre su cabeza, había un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas que decían; “Éste es el Rey de los judíos”.
39 Uno de los criminales que fueron crucificados allí estaba insultando a Jesús, diciendo: “¿No eres el Mesías? ¡Así que sálvate a ti mismo y a nosotros también!”
40 Pero el otro lo reprendió, diciendo: “¿No le temes a Dios aun estando bajo la misma condena de muerte? 41 Nosotros verdaderamente padecemos nuestra justa condena, porque estamos recibiendo el castigo que merecemos por las cosas que hemos hecho; pero éste no hizo ningún mal”.
42 Entonces él dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”.
43 Jesús le respondió: “Te digo ciertamente que hoy estarás conmigo en el paraíso”.
44 Alrededor del mediodía, la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. 45 El sol se oscureció y la cortina del Templo se rasgó en dos. 46 Entonces Jesús gritó en voz alta: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”
Después de decir esto, murió. 47 Cuando el oficial del ejército romano vio lo que había sucedido, le dio gloria a Dios, diciendo: “Verdaderamente, este hombre era justo!”
48 Todos los que estaban reunidos allí para presenciar ese espectáculo, viendo lo que había sucedido, regresaron a casa, golpeándose el pecho. 49 Todos los amigos de Jesús y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea estaban mirando estas cosas desde lejos.
50 Había un hombre llamado José, de la ciudad de Arimatea, en la región de Judea, quien era miembro del Concilio Superior, era un hombre bueno y justo. 51 Él también esperaba el Reino de Dios, y no estaba de acuerdo con lo que el Consejo había resuelto y hecho. 52 José fue donde Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. 53 Bajándolo de la cruz, lo envolvió en una sábana de lino, y lo colocó en una tumba excavada en la roca, que nunca había sido utilizada. 54 Eso fue el día de la Preparación ya que estaba por comenzar el sábado.
55 Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea fueron con José y vieron la tumba y cómo Jesús había sido colocado allí. 56 Luego regresaron a casa y prepararon perfumes y aceites para preparar su cuerpo, y luego descansaron el sábado de acuerdo con el mandamiento de la Ley.
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- 1404/14/2025
Lunes de Semana Santa Ciclo C
Evangelio según
San Juan 12, 1-11
1 Seis días antes de la Pascua, Jesús fue al pueblo de Betania, donde vivía Lázaro, quien había estado muerto, y a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. 2 Allí prepararon una cena para Jesús. Marta ayudó a servir, y Lázaro fue uno de los que estaban sentados a la mesa con Él. 3 Entonces María tomó una botella llena de un perfume muy caro, hecho de flor de nardo puro. Lo derramó en los pies de Jesús y se los secó con sus cabellos; y toda la casa se llenó del olor del perfume. 4 Uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que iba a traicionar a Jesús, dijo: 5 “¿Por qué no se vende este perfume por trescientas monedas de plata y así el dinero se le puede dar a los pobres?” 6 Judas dijo esto, no porque le importaban los pobres, sino porque era un ladrón, y ocupándose de la bolsa de dinero, solía agarrar de lo que se echaba en ella.
7 Entonces Jesús dijo: “Deja a María tranquila. Ella ha guardado el perfume para el día de mi entierro. 8 Los pobres siempre estarán con ustedes, pero Yo no siempre estaré con ustedes”.
9 Muchos de los judíos se dieron cuenta que Jesús estaba en Betania. Entonces fueron allí no solo por Él, sino también para ver a Lázaro, el hombre que Jesús había resucitado de entre los muertos. 10 Los principales sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, 11 porque debido a él, muchos judíos se estaban separando de ellos y creían en Jesús.
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- 1504/15/2025
Martes de Semana Santa Ciclo C
Evangelio según
San Juan 13, 21-33, 36-38
21 Después de decir esto, Jesús estaba muy angustiado y declaró abiertamente a los discípulos: “En verdad les digo que uno de ustedes me traicionará”.
22 Los discípulos se miraban los unos a los otros, sin saber de quién estaba hablando. 23 Uno de sus discípulos, aquel a quien Jesús amaba, estaba recostado a la mesa junto al pecho de Jesús, 24 y Simón Pedro le hizo una señal para que le preguntara quien era aquel de quien estaba hablando. 25 Entonces ese discípulo, recostado al pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”
26 Jesús le contestó: “¡A quien yo le voy a dar un trozo de pan mojado, ése es!” Entonces, mojando un trozo de pan en el plato, se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. 27 Y tan pronto como Judas recibió el pan remojado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo a Judas: “Lo que debes hacer, hazlo rápido”.
28 Ninguno de los que estaban en la mesa entendió por qué Jesús dijo esto. 29 Como Judas era el responsable de la bolsa del dinero, algunos pensaron que Jesús le había dicho que comprara algo para la fiesta o que le diera algo de limosna a los pobres”.
30 Judas, después de haber tomado el trozo de pan, se fue de inmediato. Ya era de noche.
31 Cuando Judas salió de ese lugar, Jesús dijo: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y a través de Él, Dios es glorificado; 32 y si a través de Él, Dios es glorificado, entonces Dios en sí mismo lo glorificará, y lo glorificará muy pronto. 33 Hijitos, no estaré con ustedes por mucho tiempo. Me buscarán, pero como les dije a los judíos: ‘a donde yo voy, ustedes no pueden ir’; de la misma manera ahora se los digo a ustedes”.
36 Simón Pedro le preguntó a Jesús: “Señor, ¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “No me puedes seguir por ahora a donde Yo voy, pero después me seguirás”.
37 Pedro volvió a preguntarle: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? ¡Estoy listo para dar mi vida por ti!”
38 Jesús le respondió: “¿En serio darás tu vida por mí? Ciertamente te digo que antes de que el gallo cante, habrás dicho tres veces que no me conoces”.
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- 1604/16/2025
Miércoles de Semana Santa Ciclo C
Evangelio según
San Mateo 26, 14-25
14 Entonces uno de los doce discípulos, llamado Judas Iscariote, fue a hablar con los jefes de los sacerdotes, 15 y les dijo: “¿Cuánto me quieren dar si yo se los entrego? Ellos le fijaron treinta piezas de plata. 16 Y desde entonces Judas estaba buscando una oportunidad para entregar a Jesús.
17 El primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”
18 Él les respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de un cierto hombre y díganle: ‘El Maestro dice: mi tiempo está cerca. Voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.
19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les ordenó y prepararon la cena de Pascua. 20 Cuando anocheció, Jesús se sentó a comer con los doce. 21 Durante la cena, Jesús dijo: “Ciertamente les digo que uno de ustedes me traicionará”.
22 Estaban profundamente entristecidos y, uno por uno, comenzaron a preguntarle: “¿Acaso soy yo, Señor?”
23 Él respondiendo, dijo: “El que mete la mano conmigo en el plato, ése me traicionará. 24 Porque el Hijo del Hombre morirá como está escrito sobre Él, pero ¡ay del que traiciona al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para tal hombre que nunca hubiera nacido!”
25 Entonces respondiendo Judas, el traidor, le preguntó: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le dijo: “Tú lo has dicho”.
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- 1704/17/2025
Jueves Santo Ciclo C
Evangelio según
San Juan 13, 1-15
1 Faltando poco para la fiesta de Pascua, Jesús sabía que había llegado el momento de dejar este mundo para ir al Padre, y habiendo amado a los suyos que estaban en este mundo, los amó hasta el final.
2 Jesús y sus discípulos estaban cenando, pero ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús. 3 Jesús sabiendo que el Padre le había dado todo el poder y que Él había salido de Dios e iba a Dios, 4 se levantó, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ató a la cintura. 5 Luego puso agua en un recipiente y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla. 6 Pero cuando se acercó a Simón Pedro, él le dijo: “¿Tú me vas a lavar los pies, Señor?”
7 Jesús le respondió: “Ahora tú no entiendes lo que estoy haciendo, pero luego lo entenderás”.
8 Pedro le dijo: “¡Nunca me lavarás los pies!” Jesús le respondió: “¡Si no te lavo, ya no serás mi discípulo!”
9 Simón Pedro le dijo: “¡Entonces, Señor, no me laves los pies solamente, lávame las manos y la cabeza también!”
10 Jesús le dijo: “La persona que ya se ha lavado, solo necesita lavarse los pies porque ya está limpia. Todos ustedes están limpios, o mejor dicho, todos menos uno”.
11 Jesús sabía quién era el traidor; por eso dijo: “Todos menos uno”.
12 Después de lavar los pies de sus discípulos, Jesús volvió a ponerse el manto, se sentó nuevamente a la mesa y les preguntó: ¿Entienden lo que he hecho con ustedes? 13 Ustedes mismos me llaman ‘Maestro’ y ‘Señor’ y tienen razón, porque realmente lo soy. 14 Pero si Yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, entonces también ustedes deben lavarse los pies, los unos a otros. 15 Yo les he dado el ejemplo para que hagan lo mismo que he hecho con ustedes.
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- 1804/18/2025
Viernes Santo de la Pasión del Señor Ciclo C
Evangelio según
San Juan 18, 1-40. 19, 1-42
1 Después de decir estas cosas, Jesús salió con los discípulos y se fue al otro lado del riachuelo del Cedrón. Allí había un jardín, donde Jesús entró con sus discípulos. 2 Judas, el traidor, también conocía ese lugar porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. 3 Así que Judas, tomando consigo una un grupo de soldados y algunos guardias de los principales sacerdotes y fariseos, fueron al jardín armados y llevando linternas y antorchas. 4 Jesús, sabiendo todas las cosas que le iban a pasar, caminó hacia ellos y les preguntó: “¿A quién están buscando?”
5 Ellos le respondieron: “¡A Jesús de Nazaret!”
Jesús les dijo: “¡Yo soy!”
Judas, el traidor, estaba también con ellos. 6 Cuando Jesús dijo: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron al suelo.
7 Jesús les preguntó de nuevo: “¿A quién están buscando?” Ellos respondieron de nuevo: “¡A Jesús de Nazaret!”
8 Jesús dijo: “Ya les he dicho que soy Yo. Si me están buscando a mí, ¡dejen que estos otros se vayan!”
9 Jesús dijo esto para que se cumpliese lo que había dicho antes: “de todos los que me diste, ninguno perdí”.
10 Entonces Simón Pedro, quien tenía una espada, la sacó, atacó a un empleado del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El empleado se llamaba Malco. 11Jesús, entonces, le dijo a Pedro: “¡Mete tu espada en la funda! ¿Crees que no beberé la copa de sufrimiento que el Padre me ha dado?”
12 Entonces el grupo de los soldados, el comandante y los guardias de los judíos arrestaron a Jesús y lo ataron. 13 Luego se lo llevaron primero a la casa de Anás porque él era el suegro de Caifás, quien era el Sumo Sacerdote en ese año. 14 Caifás fue quien había aconsejado a los líderes judíos que lo mejor para ellos era que solo un hombre muriera por el pueblo.
15 Simón Pedro seguía a Jesús, junto con el otro discípulo. Ese discípulo era conocido por el Sumo Sacerdote y por eso logró entrar al patio de la casa de Anás con Jesús; 16 pero Pedro se quedó afuera, cerca de la puerta. El otro discípulo, conocido por el Sumo Sacerdote, salió y habló con la empleada que estaba encargada de la puerta, y ella dejó entrar a Pedro. 17 Entonces ella le preguntó: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre?” Él le respondió: ¡No los soy!
18 Debido al frío, los sirvientes y los guardias habían encendido un fuego y estando de pie, estaban calentándose a su alrededor. Pedro también estaba de pie entre ellos, calentándose junto al fuego.
19 El Sumo Sacerdote le hizo algunas preguntas a Jesús sobre sus seguidores y su enseñanza.
20 Jesús le respondió: “He hablado con todos en público, y siempre he enseñado en la sinagoga y en el patio del Templo, donde se reúnen todos los judíos, y nunca dije nada en secreto. 21 Entonces, ¿por qué me haces estas preguntas? Pregúntales a los que me han escuchado, ya que saben muy bien lo que les he dicho”.
22 Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias del Templo que estaba allí lo golpeó en la cara y le dijo: “¿De esta forma le hablas al Sumo Sacerdote?”
23 Jesús le respondió: “Si he hablado mal, ¡prueba en qué cosa está el mal! Pero si no he hablado mal, ¿por qué me pegas?”
24 Entonces Anás envió a Jesús atado a Caifás, el Sumo Sacerdote.
25 Pedro todavía estaba parado allí, calentándose junto al fuego, y algunos de los presentes le preguntaron: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre? Pedro, negándolo, dijo: “¡No lo soy!”
26 Uno de los empleados del Sumo Sacerdote, un pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja, le preguntó: “¿No te vi yo con Él en el jardín?”
27 Pedro de nuevo lo negó. Y en ese mismo instante el gallo cantó.
28 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Era ya temprano en la mañana, y los líderes judíos no entraron al palacio porque querían permanecer puros para poder comer la cena de Pascua. 29 Entonces el gobernador Pilato salió a recibirlos y les preguntó: “¿Qué acusación tienen ustedes contra este hombre?”
30 Ellos respondieron: “¿Crees que te entregaríamos a este hombre si no hubiera cometido un crimen?”
31 Pilato dijo: “Tomen a este hombre y júzguenlo ustedes mismos, de acuerdo con su Ley”.
Luego los judíos le respondieron: “No tenemos autoridad de matar a nadie”.
32 Esto sucedió para que se cumpliera la palabra que Jesús dijo sobre la manera en que iba a morir.
33 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”
34 Jesús le respondió: ¿Estás diciendo esto por ti mismo, o te lo han dicho otras personas de mí?”
35 Pilato dijo: “¿Soy yo judío por casualidad? Tu propia gente y los principales sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?”
36 Jesús respondió: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis seguidores lucharían para que Yo no fuera entregado a los líderes judíos. Pero mi Reino no es de este mundo”
37 Le preguntó Pilato: “¿Entonces tú eres el rey?”
Jesús le respondió: “¡Tú estás diciendo que yo soy el rey! Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Toda persona que es de la verdad, escucha mi voz”.
38 Pilato le dijo: “¿Cuál es la verdad?”
Después de decir esto, Pilato volvió a salir a hablar con la multitud de los judíos y les dijo: “No veo razón para condenar a este hombre. 39 Pero, ustedes tienen la costumbre de que les libere un prisionero en la fiesta de Pascua. ¿Quieren entonces que les libere al rey de los judíos?”
40 Todos comenzaron a gritar de nuevo: “¡No a ese hombre! ¡Libera a Barrabás!” Barrabás era un criminal.
1 En ese momento Pilato, tomando a Jesús, hizo que lo azotaran. 2 Los soldados hicieron una corona de ramas espinosas, se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con una capa roja, 3 diciéndole: “¡Viva el Rey de los judíos!”, y lo golpeaban en la cara.
4 Pilato volvió a salir y dijo a la multitud: “¡Aquí se los traigo, para hacerles saber que no encuentro ningún delito para condenarlo!”
5 Entonces Jesús salió con la corona de espinas en la cabeza y vestido con la capa roja. Pilato les dijo: “¡Aquí mismo está el hombre!”
6 Cuando los principales sacerdotes y los guardias del Templo vieron a Jesús, comenzaron a gritar: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”
Pilato les dijo: “Ustedes mismos tómenlo y crucifíquenlo porque yo no encuentro ninguna razón criminal para condenar a este hombre”.
7 Los judíos le respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y de acuerdo a nuestra Ley, este hombre debe morir porque dice ser el Hijo de Dios”.
8 Cuando Pilato oyó esto, tuvo aún más miedo. 9 Entró nuevamente al palacio y le preguntó a Jesús: “¿De dónde tú eres? Pero Jesús no le respondió. 10 Entonces Pilato le dijo: ¿No quieres hablar conmigo? Recuerda que tengo la autoridad para liberarte como para que te crucifiquen”.
11 Jesús le respondió: “No tienes ninguna autoridad sobre mí, excepto solo aquella te ha sido dada por Dios. Por tanto, el que me ha entregado a ti, es culpable de un pecado mayor”.
12 A partir de ese momento, Pilato quería liberar a Jesús, pero los judíos gritaban, diciendo: “Si liberas a ese hombre, ¡no eres amigo del Emperador! ¡Toda persona que se hace rey, es enemigo del Emperador!”
13 Cuando Pilato oyó esto, sacó a Jesús afuera y se sentó en la sala del tribunal, en el lugar llamado “Acera de piedra”, o “Enlosado”, que en hebreo es “Gabatá”.
14 Era casi mediodía y era el momento de la preparación de la Pascua. Pilato, entonces, dijo a los judíos: “¡Aquí está su Rey!”
15 Pero ellos gritaron: “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!”.
Pilato les preguntó: “¿Quieren ustedes que crucifique a su Rey?”
Los principales sacerdotes respondieron: “Nuestro único rey es el Emperador”.
16 Con esto Pilato entregó a Jesús a los soldados para que fuera crucificado. Ellos, entonces, se lo llevaron.
17 Jesús salió llevando su cruz, yendo al lugar llamado “La Calavera” (que en hebreo se dice “Gólgota”).
18 Allí los soldados crucificaron a Jesús, y también crucificaron a otros dos hombres, uno a cada lado de Él, estando Jesús en el medio. 19 Pilato también escribió en un letrero la causa de la condena que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”. 20 Muchos de los judíos leyeron el letrero porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad. El letrero estaba escrito en hebreo, griego y latín.
21 Entonces los principales sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: ‘Rey de los judíos’, sino escribe: ‘Este hombre dijo: yo soy el rey de los judíos’”.
22 Pilato respondió: “Lo que he escrito, he escrito”.
23 Después de que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica que era perfecta sin costura, toda tejida en una sola pieza de arriba a abajo. 24 Entonces los soldados se dijeron unos a otros: “No partamos la túnica, sino apostémosla para ver quien se la gana a la suerte”.
Esto sucedió para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Repartieron mis vestidos entre ellos y sobre mi ropa echaron las suertes” (Ex 12:46; Nm 9:12; Sal 34:20). De esta manera lo hicieron los soldados.
25 Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la esposa de Cleofás, y también María Magdalena.
26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente cerca de ella, le dijo: “Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo”.
27 Luego le dijo al discípulo: “Aquí está tu madre”. Y a partir de aquella hora, el discípulo la recibió para que se quedara con él.
28 Después de ese momento, Jesús sabiendo que todo estaba ya consumado, para que se cumpliese lo que dice la Escritura, dijo: “¡Tengo sed!”
29 Había un jarro lleno de vinagre, entonces ellos mojaron una esponja en el vinagre, pusieron la esponja en un rama de hisopo y le tocaron la boca con ella. 30 Cuando Jesús bebió el vinagre, dijo: “¡Todo está cumplido!”
Luego bajando la cabeza, murió entregando el espíritu.
31 Entonces los líderes judíos le pidieron a Pilato que rompiera las piernas de los que habían sido crucificados y que los quitara de las cruces. Porque era el día de la Preparación, y así los cuerpos no quedarían en la cruz en el sábado, pues aquel era el Gran Sábado.
32 Los soldados, entonces, fueron y rompieron las piernas del primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego rompieron las piernas del otro, 33 pero cuando se acercaron a Jesús, vieron que ya estaba muerto y por eso no le rompieron las piernas. 34 Pero uno de los soldados atravesó el costado de Jesús con una lanza y al instante, salió sangre y agua.
35 El que vio esto da testimonio, y su testimonio es verdadero, ya que él sabe que dice la verdad para que todos ustedes también crean 36 Estas cosas sucedieron para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Ninguno de sus huesos será roto”. 37 Y de igual manera otro lugar de la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”.
38 Después de esto, José, de la ciudad de Arimatea, que era un discípulo de Jesús, pero en secreto, porque tenía miedo de los líderes judíos, le pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. Pilato se lo permitió, y José fue y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 Nicodemo, el que había ido a hablar con Jesús por la noche, fue también con José, llevando como unos treinta y cuatro kilos de una mezcla de aloe y mirra. 40 Los dos hombres tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en sábanas sobre las cuales habían extendido esta mezcla de especias aromáticas, como era la costumbre judía de preparar los cuerpos para ser sepultados.
41 En el lugar donde Jesús había sido crucificado había un jardín, y en ese jardín había una tumba nueva donde aún no se había sepultado a nadie. 42 Pusieron el cuerpo de Jesús allí porque la tumba estaba cerca ya que era la preparación de los judíos.
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- 1904/19/2025
Sábado Santo Ciclo C
Evangelio según
San Lucas 24, 1-12
1 Temprano el domingo, las mujeres fueron a la tumba, llevando los perfumes que habían preparado. 2 Vieron que la piedra había sido removida de la entrada a la tumba 3 y cuando entraron, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús 4 y no sabían qué pensar. De repente, dos hombres vestidos con ropas muy brillantes aparecieron ante ellas. 5 Ellas tuvieron miedo y pusieron sus rostros en el suelo, entonces los hombres les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?” 6 “Él no está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que les habló cuando estaba en Galilea, que les dijo: 7 ‘Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y resucite al tercer día’”.
8 Entonces las mujeres recordaron sus palabras, 9 y cuando regresaron de la tumba, les dijeron las noticias de todas estas cosas a los once apóstoles y a todos los demás. 10 Estas mujeres eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Jacobo y las otras mujeres que fueron con ellas quienes contaron estas cosas a los apóstoles. 11 Pero ellos pensaban que lo que decían las mujeres era una locura y no les creyeron. 12 Pero Pedro se levantó y corrió hacia la tumba, y cuando se inclinó para mirar adentro solo vio las sábanas de lino y nada más. Luego regresó a casa, asombrado de lo que había sucedido.
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