Ciclo litúrgico B de la Iglesia Cristiana Católica

Viernes XXIV Semana Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según 

San Lucas 8, 1-3

1 Algún tiempo después, Jesús andaba de ciudad en ciudad y pueblo en pueblo, anunciando el Evangelio del Reino de Dios. Los doce discípulos iban con Él, 2 y también algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades. Eran María, llamada Magdalena, de quien habían sido expulsados siete demonios, 3 Juana, esposa de Cuza, quien era un alto funcionario del gobierno de Herodes; Susana y muchas otras mujeres que, con sus propios recursos, los ayudaban.

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Jueves XXIV Semana Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según 

San Lucas 7, 36-50

36 Uno de los fariseos invitó a Jesús a que comiera con él. Jesús fue a su casa y se sentó a la mesa. 37 En el momento que una mujer pecadora, de mala reputación, se enteró que Jesús estaba cenando en la casa del fariseo, tomó una frasco hecho de alabastro, lleno de perfume, 38 y estando detrás de Jesús, junto a sus pies, llorando, comenzó a mojar sus pies con sus lágrimas y se los secaba con sus propios cabellos. Ella besaba los pies de Jesús y derramaba el perfume sobre ellos. 39 Cuando el fariseo que lo había invitado a comer, vio esto, pensó: “Si este hombre fuera un profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando porque es una pecadora”.

40 Jesús, respondiéndole, le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”

Respondió Simón: “Di, Maestro”.

41 Jesús dijo:

“Dos hombres estaban en deuda con un hombre que solía prestar dinero. Uno le debía quinientas monedas de plata y el otro debía cincuenta, 42 pero ninguno de ellos podía pagarle; así que perdonó la deuda de ambos. Entonces ¿Cuál de ellos lo amará más?

43 Respondió Simón: “¡Pienso que aquel a quien más se le perdonó!”

Jesús le dijo: “Haz juzgado rectamente”.

44 Luego, volviéndose hacia la mujer, le dijo a Simón:

“¿Estás viendo a esta mujer? Cuando entré, no me ofreciste agua para lavarme los pies, pero ella me los lavó con las lágrimas y los secó con sus cabellos. 45 No me diste un beso de saludo, pero ella no ha dejado de besarme los pies desde que entré. 46 No pusiste aceite en mi cabeza, pero ella ha derramado perfume mis pies. 47 Por esto te digo que sus muchos pecados ya han sido perdonados porque mucho ha amado. Pero a quien se le perdona poco, es porque poco ama”.

48 Entonces Jesús dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados”.

49 Los que estaban sentados a la mesa con Él comenzaron a decir entre sí: “¿Quién es éste que incluso perdona los pecados?”.

50 Pero Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado. Vete en paz”.

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Miércoles XXIV Memoria de Nuestra Señora de los Dolores Ciclo B

Evangelio según 

San Juan 19, 25-27

25 Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,  María, la esposa de Cleofás, y también María Magdalena.

26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente cerca de ella, le dijo: “Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo”.

27 Luego le dijo al discípulo: “Aquí está tu madre”. Y a partir de aquella hora, el discípulo la recibió para que se quedara con él.

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Martes XXIV Fiesta de la Exaltación de la Santísima Cruz Ciclo B

Evangelio según 

San Juan 3, 13-17

13 Nadie subió al cielo excepto el Hijo del Hombre, que descendió del cielo”.

14 “Así como Moisés, en el desierto, levantó la serpiente de bronce, también el Hijo del Hombre debe ser levantado, 15 para que todos los que creen en Él puedan tener vida eterna. 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todos los que creen en Él no mueran, sino que tengan vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvado por Él”.

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Martes XXXII Semana Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según 

San Juan 2, 13-22

13 Aproximándose la Pascua de los judíos, Jesús subió a la ciudad de Jerusalén. 14 En el patio del Templo encontró gente vendiendo bueyes, ovejas y palomas, y también sentados en sus mesas, a los que cambiaban dinero. 15 Después de hacer un látigo de cuerdas, expulsó a toda esa gente del Templo, incluyendo a las ovejas y los bueyes. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y desparramó las monedas por el suelo. 16 Él dijo a los que vendían palomas: “¡Saquen todas estas cosas de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio!”

17 Entonces sus discípulos recordaron las palabras de lo que ha sido escrito: “El celo por tu casa me devora” (Sal 69:9).

18 Entonces los judíos le preguntaron: “¿Qué señal puedes hacer para demostrarnos que tienes la autoridad para hacer estas cosas?”

19 Jesús les respondió: “¡Destruyan este Templo y lo volveré a construir en tres días!”

20 Pero los judíos dijeron: “Este Templo tomó cuarenta y seis años en construirse, ¿y tú dices que lo volverás a construir en tres días?”

21 Pero el Templo del que Jesús estaba hablando era su propio cuerpo. 22 Cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que había dicho esto y luego creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.

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