Ciclo litúrgico C de la Iglesia Cristiana Católica

Jueves XXII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 5, 1-11

1 Un día Jesús estaba en la orilla del lago Galilea, mientras la multitud se reunía a su alrededor para escuchar la palabra de Dios. 2 Vio dos barcas en el lago, cerca de la playa. Los pescadores habían salido de ellas y estaban lavando sus redes. 3 Jesús se subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó y comenzó a enseñar a la multitud.

4 Cuando Jesús terminó de hablarles, le dijo a Simón: “Lleva la barca a un lugar donde el lago es profundo y tú y tus compañeros echen allí las redes para pescar”.

5 Simón le respondió: “Maestro, trabajamos toda la noche y no pescamos nada. Pero, si Tú lo dices, echaré la red”.

6 Cuando arrojaron las redes al agua, pescaron una gran cantidad de peces y sus redes se rompían. 7 Luego hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que los ayudaran. Ellos vinieron y llenaron las dos barcas con tanto pescado que casi se hundían. 8 Simón Pedro viendo lo que había sucedido, se arrodilló ante Jesús diciendo: “¡Señor, aléjate de mí, porque soy un pecador!”

9 Simón y los demás que estaban con él  quedaron asombrados por la cantidad de peces que habían capturado, 10 igualmente Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, que eran los compañeros de Simón, también estaban muy asombrados. Entonces Jesús le dijo a Simón: “¡No tengas miedo! A partir de ahora estarás pescando personas”. 11 Después de arrastrar las barcas a tierra, dejaron todo y siguieron a Jesús.

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Miércoles XXII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 4, 38-44

38 Jesús, levantándose, salió de la sinagoga y fue a la casa de Simón. La suegra de Simón estaba muy enferma, postrada con una fuerte fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. 39 Él se inclinó hacia ella y le dio una orden a la fiebre y la fiebre la dejó y, al instante se levantó y comenzó a servirles.

40 Al anochecer, todos los que tenían amigos enfermos de varias dolencias los llevaron a Jesús, y Él, al poner sus manos sobre cada uno de ellos, los curaba. 41 También los demonios salieron de muchas personas, dando gritos y diciendo: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”. Pero Él los reprendía y no los dejaba hablar porque sabían que Jesús era el Mesías.

42 Cuando amaneció, Jesús salió de la ciudad y se fue a un lugar desierto, pero las multitudes lo buscaban. Acudían a Él y lo detenían porque no querían que se apartara de ellos. 43 Pero Jesús les decía: “También debo anunciar el Evangelio del Reino de Dios en otras ciudades, porque fue para hacer esto que he sido enviado por Dios”.

44 Él iba predicando por las sinagogas de Judea.

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Lunes XXII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 4, 16-30

16 Jesús fue a la ciudad de Nazaret, donde había crecido, y el sábado, según su costumbre, fue a la sinagoga y se levantó para leer. 17 Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, encontró el lugar donde estaba escrito:

18 “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para traer la buena noticia a los pobres y me envió a anunciar la libertad a los prisioneros, la vista a los ciegos, para liberar a los oprimidos 19 y anunciar que ha llegado el año favorable del Señor” (Isa 61:1-2; 58:6).

20 Jesús cerró el libro, se lo entregó al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todas las personas allí estaban mirando a Jesús sin apartar la vista sobre Él. 21 Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido esta Escritura en sus oídos”.

22 Todos hablaban bien de Jesús y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de su boca, y decían: “¿No es éste el hijo de José?”

23 Entonces Jesús les dijo: “Sin duda me repetirán el dicho: ‘Médico, cúrate a ti mismo. Hemos oído todas las cosas que sucedieron en Cafarnaúm, ahora haz lo mismo aquí, en tu propia ciudad”.

24 Él dijo: “Ciertamente les digo que ningún profeta es bienvenido en su propia tierra. 25 Pero en verdad les digo que había muchas viudas en Israel en la época del profeta Elías, cuando no llovió durante tres años y seis meses, y hubo mucha hambre en toda la tierra, 26 pero Dios no envió a Elías a ninguna de las viudas que vivían en Israel, sino solo a una viuda que vivía en Sarepta de Sidón (1 Re 17:9). 27 También había muchos leprosos en Israel en la época del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino solo Naamán el sirio fue sanado” (2 Re 5:14).

28 Cuando oyeron estas cosas, todos en la sinagoga estaban muy enojados; 29 se levantaron, arrastraron a Jesús fuera de la ciudad y lo llevaron a la cima de la montaña donde se construyó la ciudad, para arrojarlo allí; 30 pero Él pasó a través del medio de ellos y se fue.

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Domingo XXII Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 14, 1.7-14

1 Un sábado, Jesús entró a la casa de un líder fariseo para comer y las personas que estaban allí observaban a Jesús con mucho cuidado.

7 Jesús observando cómo los invitados elegían los mejores asientos en la mesa, les contó esta parábola:

8 “Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el primer lugar, porque puede ser que alguien más distinguido que tú haya sido invitado, 9 y por tanto, viniendo el que ha invitado a los dos te diga: ‘Dale tu lugar a éste’, y luego tendrás que ir con vergüenza a sentarte en el último asiento. 10 Por el contrario, cuando seas invitado, ve y siéntate en el último lugar para que cuando venga quien te invitó diga: ‘Amigo, ven y siéntate aquí en un lugar mejor’. Entonces será un gran honor para ti frente a todos los invitados, 11 porque el que se engrandece será humillado, pero el que se humilla será engrandecido”.

12 Jesús también le dijo al hombre que lo había invitado:

“Cuando hagas una comida o cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes ni a tus vecinos adinerados, porque seguramente también ellos te volverán a invitar y así te pagarán por la amabilidad que les has hecho. 13 Pero cuando hagas un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos, 14 y serás bendecido, porque ellos no podrán pagar por lo que les has hecho, pero Dios te pagará en el día de la resurrección de los justos”.

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Sábado XXI Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 25, 14-30

14 “De mismo modo, el Reino de los Cielos es como un hombre que, yéndose lejos, llamó a sus empleados y los puso a cuidar su propiedad. 15 Y les dio dinero según la capacidad de cada uno: a uno le dio cinco mil monedas de oro, al otro dos mil monedas de oro, y a otro mil monedas de oro; luego se fue de viaje. 16 Habiéndose ido, el empleado que había recibido cinco mil monedas de oro se fue rápidamente, hizo negocios con el dinero y obtuvo otras cinco mil. 17 Del mismo modo, el que había recibido dos mil monedas de oro obtuvo otras dos mil. 18 Pero el que había recibido mil monedas de oro salió, hizo un agujero en el suelo y escondió el dinero del propietario.

19 Después de mucho tiempo, el señor de aquellos empleados regresó y arregló cuentas con ellos. 20 El empleado que había recibido cinco mil monedas de oro llegó y le entregó cinco mil más, diciendo: ‘Me diste cinco mil monedas de oro. ¡He aquí otras cinco mil monedas de oro que logré ganar!’

21 Y su señor le dijo: ‘Muy bien, empleado bueno y fiel. Fuiste fiel con lo poco, así que te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la alegría de tu Señor!’ 22 Llegó también el empleado que había recibido dos mil monedas de oro y le dijo: ‘Me diste dos mil monedas de oro. ¡He aquí otras dos mil más que logré ganar’! 23 Su señor le dijo: ‘Muy bien, empleado bueno y fiel. Fuiste fiel con lo poco, así que te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la alegría de tu Señor!’

24 Luego también llegó el empleado que había recibido mil monedas de oro y dijo: ‘Sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no plantaste y recoges donde no sembraste, 25 por este motivo tuve miedo, fui y entonces escondí tu dinero en la tierra. ¡He aquí lo que es tuyo!’

26 Respondiéndole su señor, le dijo: ‘¡Empleado malo y vago! Sabías que cosecho donde no planté y recojo donde no sembré. 27 Por este motivo te convenía haber depositado mi dinero con los banqueros, y regresando yo, lo habría recibido con intereses’.28 ‘Tomen el dinero de él y dénselo al que tiene diez mil monedas. 29 Porque al que tiene mucho, le será dado más y, por tanto, tendrá más; pero al que no tenga, incluso lo poco que tiene le será quitado, 30 y arrojen al empleado inútil en la oscuridad de afuera; allí será el llanto y rechinar de dientes”.

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