Domingo de Ramos de la Pasión del Señor Ciclo C

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2025-04-13 Todo el día

Evangelio según

San Lucas 22, 14-71. 23, 1- 56

14 Cuando llegó el momento, Jesús se sentó a la mesa con los apóstoles 15 y les dijo:

“¡Cómo he querido comer esta cena de Pascua con ustedes antes de mi sufrimiento! 16 Porque les digo que nunca comeré esta cena hasta que se cumpla el Reino de Dios”.

17 Entonces Jesús tomando la copa de vino, dio gracias a Dios y dijo:

“Tomen esto y compártanlo entre ustedes, 18 porque les digo que no volveré a beber este vino hasta cuando venga el Reino de Dios”.

19 También tomó el pan y dio gracias a Dios; luego lo partió y se los dio, diciendo:

“Esto es mi cuerpo que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.

20 De la misma manera, después de haber cenado, tomó la copa de vino, diciendo:

“Esta copa es la nueva alianza en mi sangre que es derramada por ustedes. 21 Pero la mano del que me traiciona está aquí conmigo en la mesa! 22 En verdad el Hijo del Hombre morirá como ha sido determinado, pero ¡ay de aquel hombre por quien Él es entregado!”

23 Entonces los apóstoles comenzaron a preguntarse entre sí quién de ellos sería el traidor.

24 Los apóstoles tuvieron una fuerte discusión sobre cuál debería ser considerado el más importante entre ellos. 25 Pero Jesús les dijo:

“Los reyes de las naciones tienen poder sobre el pueblo, y los gobernadores se llaman ‘benefactores’. 26 Pero no puede ser así entre ustedes. Por el contrario, que el mayor entre ustedes sea como el más joven, y el que manda que sea como el que sirve. 27 ¿Quién es el más importante? ¿Es el que está sentado a la mesa para comer o el que sirve? Pero yo estoy entre ustedes como el que sirve.

28 “Siempre ustedes han estado conmigo en mis pruebas. 29 Por tanto, así como mi Padre me dio un Reino, yo también les doy el mismo derecho 30 para que coman y beban en mi mesa, en mi Reino, y se sienten en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel”.

31 “¡Simón, Simón! mira que Satanás los ha pedido para desgranarlos como el trigo, 32 pero he rezado por ti, Simón, para que no te falte la fe; y tú cuando vuelvas a mí, fortalece a tus hermanos”.

33 Entonces Pedro le dijo a Jesús:

“¡Señor, estoy listo para ir contigo no solo a la cárcel, sino también de morir contigo!”

34 Entonces Jesús le dijo:

“Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, dirás tres veces que no me conoces”.

35 Entonces Jesús preguntó a los discípulos:

“¿Les faltó algo cuando los envié sin bolsa, sin mochila y sin sandalias?”

Ellos respondieron: “No nos faltó nada”.

36 Entonces Jesús les dijo:

“Ahora, quien tenga una bolsa, tómela, y también la mochila; y cualquiera que no tenga una espada debe vender su capa y comprarse una, 37 porque  les digo que es necesario que se cumpla todavía en mí lo que ha sido escrito: ‘Fue tratado como si fuera un criminal’; porque lo que ha sido escrito sobre mí tiene que cumplirse”.

38 Entonces sus discípulos dijeron: “Señor, aquí hay dos espadas”. Él les dijo: “¡Suficiente!”

39 Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al Monte de los Olivos, y sus discípulos fueron con Él. 40 Cuando Jesús llegó al lugar elegido, dijo: “Oren para que no sean tentados”.

41 Luego se apartó de ellos a una distancia de unos treinta metros, y arrodillándose, comenzó a rezar, 42 diciendo:

“Padre, si quieres, ¡quítame esta copa de sufrimiento! Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

43 Entonces se le apareció un ángel del cielo para darle fuerzas. 44 Jesús sufría mucho, pero oraba con más fuerza que antes, y su sudor comenzó a caer al suelo como grandes gotas de sangre”.

45 Después de orar, se levantó, regresó al lugar donde estaban los discípulos y los encontró durmiendo, porque su tristeza era muy grande. 46 Y les dijo: “¿Por qué están durmiendo? Levántense y recen para que no sean tentados”.

47 Jesús todavía estaba hablando, cuando vino una multitud. Judas, uno de los doce discípulos que guiaba a estas personas, se acercó a Jesús para besarlo. 48 Pero Jesús le dijo: “Judas, ¿es con un beso que traicionas al Hijo del Hombre?”

49 Cuando los discípulos que estaban con Jesús vieron lo que iba a suceder, le dijeron: “Señor, ¿deberíamos atacar a estas personas con las espadas?”

50 Uno de ellos hirió al sirviente del Sumo Sacerdote con una espada y le cortó la oreja derecha. 51 Pero Jesús dijo: “¡Basta ya. ¡Paren eso!”

Luego tocando la oreja del hombre, lo curó. 52 Entonces dijo a los principales sacerdotes, a los oficiales de la guardia del Templo y a los líderes judíos que habían venido a arrestarlo:

“¿Por qué vienen con espadas y palos para arrestarme como si fuera un bandido? 53 Estaba con ustedes todos los días en el patio del Templo, y no intentaron arrestarme. Pero esta hora es de ustedes y también del poder de las tinieblas”.

54 Arrestaron a Jesús y lo llevaron a la casa del Sumo Sacerdote. Pedro los seguía desde lejos. 55 Cuando encendieron un fuego en medio del patio, se sentaron a su alrededor, y Pedro también se sentó entre ellos. 56 Una de las criadas lo vio sentado allí junto al fuego, lo miró directamente y le dijo: “¡Este hombre también estaba con Jesús!”

57 Pero Pedro lo negó, diciendo: “Mujer, ni siquiera conozco a ese hombre!”

58 No mucho después, un hombre lo vio allí y le dijo: “¡Tú también eres uno de ellos!”

Pero Pedro le respondió: “Hombre, no soy uno de ellos”.

59 Aproximadamente una hora después, otro insistió: “Este ciertamente estuvo con Él porque es galileo”.

60 Pero Pedro dijo: “Hombre, ¡no sé de qué estás hablando!”

En ese momento, mientras hablaba, el gallo cantó. 61 Entonces el Señor se volvió y miró a Pedro, y Pedro recordó las palabras que el Señor le había dicho: “Hoy, antes de que el gallo cante, dirás tres veces que no me conoces”. 62 Entonces Pedro se fue de allí y lloró amargamente.

63 Los hombres que vigilaban a Jesús se burlaban de Él y lo golpeaban. 64 Cubriéndole los ojos, lo golpeaban en la cara y le preguntaban: “¿Quién te pegó? ¡Profetiza!

65 Y lo insultaban diciéndole muchas otras cosas.

66 Cuando amaneció, los líderes judíos, los principales sacerdotes y algunos maestros de la Ley se reunieron para llevarlo ante el Concilio Superior. 67 Entonces le dijeron: Dinos ¿eres tú el Mesías?”

Él les dijo: “Si digo que sí, no lo creerán. 68 Y si hago una pregunta, no me responderán, tampoco me soltarán. 69 Pero de ahora en adelante el Hijo del Hombre se sentará en el lado derecho del Dios todopoderoso”.

70 Entonces todos preguntaron: “¿Entonces eres tú el Hijo de Dios?”

Jesús les respondió: “ Ustedes dicen que lo soy”.

71 Y ellos dijeron: “¿Qué más testimonio necesitamos? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca”.

1 Poniéndose de pie todos, llevaron a Jesús a Pilato. 2 Allí, comenzaron a acusarlo, diciendo:

“Hemos encontrado que este hombre está alborotando a la gente y les prohíbe pagar el impuesto al Emperador y además afirma que Él es el Mesías, el rey”.

3 Entonces Pilato le preguntó a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?”

Jesús respondiéndole, dijo: “Tú lo dices”.

4 Entonces Pilato dijo a los principales sacerdotes y a la multitud: “No encuentro ninguna razón para condenar a este hombre”.

5 Pero ellos insistían diciendo: “Está causando desorden entre la gente, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea y ahora ha llegado aquí”.

6 Cuando Pilato oyó decir “Galilea”, preguntó si el hombre era galileo, 7 y al saber que Jesús era de la región gobernada por Herodes, Pilato lo envió a él, ya que Herodes también estaba en Jerusalén en ese momento. 8 Herodes estaba muy feliz cuando vio a Jesús, porque había oído hablar muchas cosas de Él y quería verlo hacer un milagro. 9 Entonces le hizo muchas preguntas a Jesús, pero Él nada respondía. 10 Los principales sacerdotes y maestros de la Ley se presentaron e hicieron fuertes acusaciones contra Jesús. 11 Herodes y sus soldados se burlaron de Jesús y lo trataron con desprecio, poniéndole una ropa lujosa y se lo enviaron a Pilato. 12 Ese día, Pilato y Herodes, que anteriormente habían sido enemigos, se hicieron amigos.

13 Pilato reunió a los principales sacerdotes, a los líderes judíos y al pueblo 14 y les dijo: “Me trajiste a este hombre y dijiste que estaba agitando a la gente para hacer una revuelta, pero habiéndolo interrogado yo delante de todos ustedes, no he encontrado ningún delito por estas cosas de las cuales lo están acusando. 15 Herodes tampoco encontró nada en su contra, por lo que nos lo devolvió. Entonces, nada que merezca la pena de muerte ha hecho este hombre, 16 por tanto, lo haré azotar y luego lo liberaré”.

17 En la fiesta de la Pascua, Pilato solía liberar a alguno de los prisioneros pedido por el pueblo. 18 Entonces toda la multitud comenzó a gritar: “¡Mata a ese hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!”

19 Barrabás había sido arrestado por una revuelta en la ciudad y por asesinato.

20 Pilato, queriendo liberar a Jesús, volvió a hablarle a la multitud, 21 pero volvieron a gritar: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”

22 Y Pilato dijo por tercera vez: “Pero, ¿cuál fue su crimen? No veo ningún delito en este hombre que valga la pena de muerte. Lo haré azotar y luego lo dejaré ir”.

23 Pero continuaron insistiendo con gritos, pidiendo que Jesús fuera crucificado; y sus gritos y los de los principales sacerdotes ganaron. 24 Pilato condenó a muerte a Jesús, como se lo pidieron. 25 Les liberó al hombre que querían, el que había sido arrestado por rebelión y asesinato, y entregó a Jesús para que le hicieran lo que quisieran.

26 Entonces los soldados tomaron a Jesús, y en el camino, se encontraron con un hombre llamado Simón, de la ciudad de Cirene, que venía del campo y lo obligaron a cargar la cruz para que la llevara detrás de Jesús.

27 Una gran multitud lo seguía y había algunas mujeres que lloraban y se lamentaban por Él. 28 Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: “Mujeres de Jerusalén, ¡no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos! 29 Porque vendrán días en que todos dirán: ‘¡Felices son las mujeres que nunca tuvieron hijos, que nunca dieron a luz y que nunca amamantaron!’ 30 Entonces comenzarán a decir a las montañas: ‘¡Caigan sobre nosotros!’, y también dirán a las colinas: ‘¡Cúbrannos!’ 31 Porque, si todo esto se hace cuando el árbol es verde, ¿qué sucederá cuando esté seco?”

32 También tomaron dos criminales para ser asesinados con Jesús. 33 Cuando llegaron al lugar llamado “La Calavera”, allí crucificaron a Jesús y junto con Él a dos delincuentes, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

34 Entonces Jesús dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que están haciendo”.

Luego, sorteando dados, los soldados repartieron la ropa de Jesús entre ellos. 35 La gente se quedó allí mirando, y los líderes judíos se burlaban de Jesús, diciendo: “Salvó a otros. ¡Que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el elegido de Dios!”

36 Los soldados también se burlaban de Él y se acercaban ofreciéndole vinagre, 37 diciéndole: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate!”

38 En la cruz, sobre su cabeza, había un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas que decían; “Éste es el Rey de los judíos”.

39 Uno de los criminales que fueron crucificados allí estaba insultando a Jesús, diciendo: “¿No eres el Mesías? ¡Así que sálvate a ti mismo y a nosotros también!”

40 Pero el otro lo reprendió, diciendo: “¿No le temes a Dios aun estando bajo la misma condena de muerte? 41 Nosotros verdaderamente padecemos nuestra justa condena, porque estamos recibiendo el castigo que merecemos por las cosas que hemos hecho; pero éste no hizo ningún mal”.

42 Entonces él dijo a Jesús: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”.

43 Jesús le respondió: “Te digo ciertamente que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

44 Alrededor del mediodía, la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. 45 El sol se oscureció y la cortina del Templo se rasgó en dos. 46 Entonces Jesús gritó en voz alta: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”

Después de decir esto, murió. 47 Cuando el oficial del ejército romano vio lo que había sucedido, le dio gloria a Dios, diciendo: “Verdaderamente, este hombre era justo!”

48 Todos los que estaban reunidos allí para presenciar ese espectáculo, viendo lo que había sucedido, regresaron a casa, golpeándose el pecho. 49 Todos los amigos de Jesús y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea estaban mirando estas cosas desde lejos.

50 Había un hombre llamado José, de la ciudad de Arimatea, en la región de Judea, quien era miembro del Concilio Superior, era un hombre bueno y justo. 51 Él también esperaba el Reino de Dios, y no estaba de acuerdo con lo que el Consejo había resuelto y hecho. 52 José fue donde Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. 53 Bajándolo de la cruz, lo envolvió en una sábana de lino, y lo colocó en una tumba excavada en la roca, que nunca había sido utilizada. 54 Eso fue el día de la Preparación ya que estaba por comenzar el sábado.

55 Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea fueron con José y vieron la tumba y cómo Jesús había sido colocado allí. 56 Luego regresaron a casa y prepararon perfumes y aceites para preparar su cuerpo, y luego descansaron el sábado de acuerdo con el mandamiento de la Ley.

TRADUCCIÓN DEL NUEVO EVANGELIZADOR

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