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< 2023 >
abril 02 - abril 08
  • 02
    04/02/2023

    Domingo de Ramos de la Pasión del Señor Ciclo A

    Todo el día
    2023-04-02

    Evangelio según

    San Mateo 26, 14-75. 27, 1-66

    14 Entonces uno de los doce discípulos, llamado Judas Iscariote, fue a hablar con los jefes de los sacerdotes, 15 y les dijo: “¿Cuánto me quieren dar si yo se los entrego? Ellos le fijaron treinta piezas de plata. 16 Y desde entonces Judas estaba buscando una oportunidad para entregar a Jesús.

    17 El primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”

    18 Él les respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de un cierto hombre y díganle: ‘El Maestro dice: mi tiempo está cerca. Voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.

    19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les ordenó y prepararon la cena de Pascua. 20 Cuando anocheció, Jesús se sentó a comer con los doce. 21 Durante la cena, Jesús dijo: “Ciertamente les digo que uno de ustedes me traicionará”.

    22 Estaban profundamente entristecidos y, uno por uno, comenzaron a preguntarle: “¿Acaso soy yo, Señor?”

    23 Él respondiendo, dijo: “El que mete la mano conmigo en el plato, ése me traicionará. 24 Porque el Hijo del Hombre morirá como está escrito sobre Él, pero ¡ay del que traiciona al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para tal hombre que nunca hubiera nacido!”

    25 Entonces respondiendo Judas, el traidor, le preguntó: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le dijo: “Tú lo has dicho”.

    26 Mientras comían, Jesús tomó el pan, bendiciéndolo, lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo”.

    27 Después, tomando la copa y dando gracias, se la dio a ellos, diciendo: “Beban todos de ella 28 porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada en favor de muchos para el perdón de los pecados. 29 Les digo que no volveré a beber este fruto de la uva hasta el día que beba un vino nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre”.

    30 Luego cantaron himnos y se fueron al Monte de los Olivos, 31 y entonces Jesús les dijo: “Esta noche todos ustedes perderán la fe por causa mía, porque ha sido escrito: ‘Mataré al pastor, y las ovejas serán dispersadas’.32 Pero después de que Yo sea resucitado, iré delante de ustedes a Galilea”.

    33 Entonces Pedro le dijo a Jesús, declarando: “Nunca te abandonaré, incluso si todos lo demás te abandonan”.

    34 Pero Jesús le dijo: “Ciertamente te digo que esta misma noche, antes de que el gallo cante, dirás tres veces que no me conoces”.

    35 Pedro le respondió: “¡Nunca diré que no te conozco, aún si tuviera que morir contigo!” Y todos los otros discípulos dijeron lo mismo.

    36 Jesús, entonces, llegó con ellos a un lugar llamado Getsemaní y les dijo a los discípulos: “Siéntense aquí mientras yo voy a rezar”.

    37 Jesús fue, llevando a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo con él, y comenzó a sentir gran tristeza y angustia 38 y les dijo: “Mi alma está muy triste hasta el punto de muerte. Quédense aquí y manténganse despiertos conmigo”.

    39 Caminado un poco más lejos, se postró con la cara en el suelo y rezaba, diciendo: “Padre mío, si es posible, ¡quítame esta copa de sufrimiento! Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”.

    40 Luego regresó hacia donde estaban los discípulos y los encontró dormidos, y le dijo a Pedro: “¿No han podido estar despiertos conmigo ni una hora? 41 Estén despiertos y recen para que no entren en tentación. El espíritu de hecho está dispuesto, pero la naturaleza humana es débil”.

    42 Por segunda vez Jesús se fue y oró, diciendo: “Padre mío, si esta copa de sufrimiento no se puede quitar de mí sin que yo la beba, entonces que se haga tu voluntad”.

    43 Regresó otra vez y los encontró dormidos porque sus ojos estaban pesados de sueño. 44 Jesús los dejó de nuevo y se fue a rezar por tercera vez, diciendo las mismas palabras. 45 Luego volvió a donde estaban los discípulos y les preguntó: ¿Siguen durmiendo y descansando? Miren: ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre está siendo entregado en manos de los pecadores. 46 Levántense y vámonos. ¡Aquí se acerca el que me traiciona!

    47 Jesús todavía estaba hablando cuando llegó Judas, uno de los doce. Una gran multitud lo acompañaba armada con espadas y palos, que había sido enviada por los jefes de los sacerdotes y líderes judíos. 48 El traidor les había acordado esta señal: “Arresten al hombre a quien dé un beso, porque ése es”. 49 Judas se acercó a Jesús y le dijo: “Maestro, la paz”. Y lo besó. 50 Entonces Jesús le dijo: “Amigo, haz lo que viniste a hacer”. Luego se acercaron, le echaron mano a Jesús y lo arrestaron. 51 Pero uno de los que estaban allí con Jesús extendiendo la mano, sacó su espada, y atacando a un sirviente del Sumo Sacerdote, le cortó una oreja.

    52 Entonces Jesús le dijo: “Guarda tu espada, porque quien use una espada será asesinado por una espada. 53 ¿No sabes que, si le pidiera ayuda a mi Padre, me enviaría doce ejércitos de ángeles ahora mismo? 54 Pero en este caso, ¿cómo podría cumplirse lo que dicen las Escrituras?

    55 En aquella hora Jesús dijo a la gente: “¿Vienen con espadas y palos para arrestarme como si fuera un bandido? Estaba enseñando todos los días en el patio del Templo, y no me arrestaron. 56 Pero todo esto está sucediendo para que se cumplan las Escrituras de los profetas”. Entonces todos los discípulos dejándolo huyeron.

    57 Los hombres que arrestaron a Jesús lo llevaron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se reunieron algunos maestros de la Ley y algunos líderes judíos. 58 Pedro lo seguía desde lejos hasta llegar al patio de la casa del Sumo Sacerdote; entrando se sentó con los guardias para ver cómo iba a terminar.

    59 Los jefes de los sacerdotes y todo el Alto Concilio del Sanedrín buscaban alguna acusación falsa contra Jesús para condenarlo a muerte; 60 pero no pudieron encontrar nada contra Él, aunque muchos afirmaban testimonios falsos sobre Él. Pero después vinieron dos testigos 61 que afirmaron: “Este hombre dijo: ‘Puedo destruir el Templo y construirlo nuevamente en tres días’”.

    62 Entonces el Sumo Sacerdote se levantó y le preguntó a Jesús: “¿No vas a responder? ¿Qué declaran éstos contra ti?”

    63 Pero Jesús guardaba silencio. Entonces el Sumo Sacerdote le volvió a preguntar: “En nombre del Dios viviente, exijo que nos digas si eres el Mesías, el Hijo de Dios”.

    64 Jesús le respondió: “Tú lo has dicho. Además, les digo que desde ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentado al lado derecho del poder de Dios y viniendo sobre las nubes del cielo”.

    65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó su propia ropa y dijo: “¡Ha blasfemado! ¡Ya no necesitamos más testigos! ¡Acaban ustedes de escuchar esta blasfemia! 66 ¿Qué deciden? Ellos respondieron: “¡Es culpable de muerte!”

    67 Luego le escupieron en el rostro y lo abofetearon, mientras que otros lo golpearon con varas 68 diciéndole: “Profetízanos, oh Mesías, quién es el que te ha golpeado”.

    69 Pedro estaba sentado afuera en el patio cuando una de las criadas se le acercó, diciendo: “También tú estabas con Jesús, el Galileo”.

    70 Pero él lo negó delante de todos, diciendo: “No sé de qué estás hablando”.

    71 Luego se fue a la entrada del patio y otra criada lo vio y dijo a la gente que estaba allí: “También éste estaba con Jesús, el Nazareno”.

    72 De nuevo lo negó jurando: “No conozco a ese hombre”.

    73 Poco después, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: “De verdad, también tú eres uno de ellos, porque tu manera de hablar te delata”.

    74 Entonces Pedro comenzó a maldecir y jurar: “¡No conozco al hombre!” E inmediatamente un gallo cantó, 75 y Pedro recordó lo dicho por Jesús: “Antes de que el gallo cante, dirás tres veces que no me conoces”. Entonces saliendo al abierto, lloró amargamente.

    1 Tan pronto como amaneció, todos los jefes de los sacerdotes y líderes judíos se reunieron para planear matar a Jesús. 2 Habiéndolo atado, se lo llevaron y lo entregaron al gobernador Pilato.

    3 Cuando Judas, el traidor, vio que había sido condenado, sintió remordimiento y fue a devolver las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y líderes judíos, 4 diciendo: “He pecado, entregando sangre de un inocente”. Pero ellos dijeron: “¿Qué tenemos que ver con eso? El problema es tuyo”.

    5 Entonces Judas arrojando el dinero al Templo, salió de allí, se fue y se ahorcó.

    6 Los jefes de los sacerdotes tomando el dinero, dijeron: “Este es dinero manchado de sangre, y no es permitido ponerlo en la caja de las ofrendas del Templo”.

    7 Después de haber discutido el asunto, decidieron usar el dinero para comprar “el campo del alfarero”, a fin de servir como cementerio para los extranjeros. 8 Es por eso que ese campo todavía es llamado “Campo de Sangre”. 9 Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: “Tomaron las treinta monedas de plata, el precio que el pueblo de Israel había acordado, 10 y las usaron para comprar el campo del alfarero, como el Señor me lo había dado ordenado” (Jer 19:1-13; 32:6-9).

    11 Jesús estuvo de pie ante el gobernador, quien lo interrogó, diciendo: “¿Eres el rey de los judíos?” Jesús le respondió: “Tú lo dices”.

    12 Pero cuando Jesús fue acusado por los jefes de los sacerdotes y los líderes judíos, no respondió nada. 13 Entonces Pilato le dijo: “¿No estás escuchando las acusaciones que están haciendo en tu contra?”

    14 Pero él no le respondió ni una sola palabra, y por esto el Gobernador se sorprendió mucho.

    15 Cada fiesta de Pascua, Pilato solía liberar a uno de los prisioneros, al que quería la gente. 16 En ese momento, tenían un prisionero famoso llamado, (Jesús) Barrabás. 17 Entonces, cuando la multitud se reunió, Pilato les dijo: “¿A quién quieren que libere? ¿A Barrabás o a Jesús, el llamado Mesías?

    18 Pilato sabía bien que los líderes judíos lo habían entregado por envidia.

    19 Mientras Pilato estaba sentado en la sala del tribunal, su esposa le envió el siguiente mensaje: “No tengas nada que ver con este hombre inocente porque esta noche, en un sueño, he sufrido mucho por causa de Él”.

    20 Los jefes de los sacerdotes y los líderes judíos convencieron, entonces, a la multitud para que pidieran a Barrabás y sentenciaran a muerte a Jesús. 21 Preguntando el gobernador, les dijo: “¿Cuál de los dos quieren que libere?” Ellos dijeron: “Barrabás”.

    22 Pilato les dijo: “¿Qué haré entonces con Jesús, el llamado Mesías?” le dijeron todos: “¡Sea crucificado!”

    23 Él les preguntó: “¿Qué mal ha hecho? Pero ellos comenzaron a gritar con más fuerza: “¡Sea crucificado!”.

    24 Pero cuando Pilato vio que no estaba obteniendo nada sino por el contrario se estaba formando una revuelta, envió a buscar agua y se lavó las manos delante de la gente y dijo: “Soy inocente de la sangre de este hombre. Véansela ustedes”.

    25 Y toda la gente respondió: “¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”

    26 Entonces Pilato les soltó a Barrabás; luego hizo azotar a Jesús y lo entregó para ser crucificado.

    27 En ese momento los soldados del gobernador llevaron a Jesús al Pretorio y reunieron a toda la tropa a su alrededor. 28 Le quitaron la ropa y le pusieron encima una capa roja; 29 luego trenzaron una corona de ramas espinosas, se la pusieron en la cabeza y le pusieron un bastón en la mano derecha. Seguidamente comenzaron a arrodillarse delante de Él y a burlarse, diciéndole: “¡Viva, el Rey de los judíos!”

    30 Escupiéndole, tomaron el bastón y lo golpearon en la cabeza. 31 Después de burlarse de Él, le quitaron la capa roja y lo vistieron con sus propias ropas; luego lo llevaron para crucificarlo.

    32 Mientras salían, los soldados se encontraron con un hombre llamado Simón, de la ciudad de Cirene, y lo obligaron a cargar su cruz. 33 Llegaron a un lugar llamado Gólgota que significa “Lugar de la Calavera”. 34 Allí le dieron a beber vino mezclado con hiel, pero después de probarlo, no lo quiso beber. 35 Después de haberlo crucificado, dividieron sus ropas entre ellos, sorteándolos a dados. 36 Mientras estaban sentados allí, lo vigilaban. 37 Además colocaron un letrero sobre su cabeza con la acusación contra Él: “Éste es Jesús, el Rey de los judíos”. 38 En ese momento también con Él crucificaron a dos ladrones: uno a su derecha y el otro a su izquierda.

    39 Los que pasaban lo insultaban, meneando la cabeza, 40 y diciendo: “Tú que destruirías el Templo y en tres días lo volverías a construir! Si eres el Hijo de Dios, ¡baja ahora de la cruz!

    41 Los jefes de los sacerdotes, maestros de la Ley y líderes judíos también decían: 42 “¡Él salvó a otros, pero no puede salvarse a sí mismo! Si es el rey de Israel que baje de la cruz ahora mismo y le creeremos. 43 Confió en Dios, que Él lo libre ahora si quiere porque ha dicho: ‘Soy Hijo de Dios’”.

    44 E incluso los ladrones que estaban crucificados con Él también lo insultaban.

    45 Al mediodía comenzó a oscurecer, y toda la tierra quedó en la oscuridad durante tres horas. 46 Alrededor de las tres de la tarde, Jesús gritó con gran voz: “Elí, Eli, ¿lemá sabactani?, que significa: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’”.

    47 Algunas personas que estaban allí, al escuchar esto, decían: “Está llamando a Elías”.

    48 Inmediatamente uno de ellos corriendo, tomó una esponja y la empapó en vinagre, la puso en el extremo de un palo y se la dio a beber, 49 mientras otros decían: “Deja. Veamos si Elías viene a salvarlo”.

    50 En ese momento Jesús lanzó otro fuerte clamor y murió.

    51 He aquí que la cortina del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y las rocas se rompieron. 52 Las tumbas fueron abiertas, y muchos cuerpos de los santos que habían muerto resucitaron, 53 y saliendo las tumbas después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa, donde se aparecieron a muchos.

    54 El oficial del ejército romano y los que estaban vigilando a Jesús, viendo el terremoto y todo lo que estaba sucediendo, tuvieron mucho miedo y dijeron: “Verdaderamente, éste era el Hijo de Dios”.

    55 Algunas mujeres estaban allí, mirando desde lejos que habían seguido a Jesús desde Galilea, ayudándolo. 56 Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Jacobo, la madre de José y la madre de los hijos de Zebedeo.

    57 Al llegar el atardecer un hombre rico llamado José de la ciudad de Arimatea, quien también era seguidor de Jesús. 58 Éste fue donde Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús; entonces Pilato ordenó que se lo entregaran. 59 José tomando el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia 60 y lo colocó en una tumba nueva, que había sido excavada en la roca. Luego hizo rodar una gran piedra para cerrar la entrada de la tumba y se fue. 61 María Magdalena y la otra María estaban allí, sentadas frente a la tumba.

    62 Al día siguiente, es decir, después del día de la preparación, los jefes de los sacerdotes y los fariseos se reunieron con Pilato 63 y le dijeron: “Señor, recordamos que, cuando aún estaba vivo ese mentiroso dijo: ‘Después de tres días resucitaré’. 64 Por lo tanto, ordena que la tumba quede bien asegurada hasta el tercer día, para que sus discípulos no puedan robar el cuerpo y luego digan a la gente: ‘Fue resucitado de entre los muertos”, ya que esta última mentira sería peor que la primera”.

    65 Entonces Pilato les dijo: “Llévense una escolta de soldados y vayan a proteger la tumba lo mejor que puedan”. 66 Ellos se fueron, pusieron un sello de seguridad en la piedra y la dejaron con la guardia vigilando.

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  • 03
    04/03/2023

    Lunes de Semana Santa Ciclo A

    Todo el día
    2023-04-03

    Evangelio según

    San Juan 12, 1-11

    1 Seis días antes de la Pascua, Jesús fue al pueblo de Betania, donde vivía Lázaro, quien había estado muerto, y a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. 2 Allí prepararon una cena para Jesús. Marta ayudó a servir, y Lázaro fue uno de los que estaban sentados a la mesa con Él. 3 Entonces María tomó una botella llena de un perfume muy caro, hecho de flor de nardo puro. Lo derramó en los pies de Jesús y se los secó con sus cabellos; y toda la casa se llenó del olor del perfume. 4 Uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que iba a traicionar a Jesús, dijo: 5 “¿Por qué no se vende este perfume por trescientas monedas de plata y así el dinero se le puede dar a los pobres?” 6 Judas dijo esto, no porque le importaban los pobres, sino porque era un ladrón, y ocupándose de la bolsa de dinero, solía agarrar de lo que se echaba en ella.

    7 Entonces Jesús dijo: “Deja a María tranquila. Ella ha guardado el perfume para el día de mi entierro. 8 Los pobres siempre estarán con ustedes, pero Yo no siempre estaré con ustedes”.

    9 Muchos de los judíos se dieron cuenta que Jesús estaba en Betania. Entonces fueron allí no solo por Él, sino también para ver a Lázaro, el hombre que Jesús había resucitado de entre los muertos. 10 Los principales sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, 11 porque debido a él, muchos judíos se estaban separando de ellos y creían en Jesús.

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  • 04
    04/04/2023

    Martes de Semana Santa Ciclo A

    Todo el día
    2023-04-04

    Evangelio según

    San Juan 13, 21-33, 36-38

    21 Después de decir esto, Jesús estaba muy angustiado y declaró abiertamente a los discípulos: “En verdad les digo que uno de ustedes me traicionará”.

    22 Los discípulos se miraban los unos a los otros, sin saber de quién estaba hablando. 23 Uno de sus discípulos, aquel a quien Jesús amaba, estaba recostado a la mesa junto al pecho de Jesús, 24 y Simón Pedro le hizo una señal para que le preguntara quien era aquel de quien estaba hablando. 25 Entonces ese discípulo, recostado al pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”

    26 Jesús le contestó: “¡A quien yo le voy a dar un trozo de pan mojado, ése es!” Entonces, mojando un trozo de pan en el plato, se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. 27 Y tan pronto como Judas recibió el pan remojado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo a Judas: “Lo que debes hacer, hazlo rápido”.

    28 Ninguno de los que estaban en la mesa entendió por qué Jesús dijo esto. 29 Como Judas era el responsable de la bolsa del dinero, algunos pensaron que Jesús le había dicho que comprara algo para la fiesta o que le diera algo de limosna a los pobres”.

    30 Judas, después de haber tomado el trozo de pan, se fue de inmediato. Ya era de noche.

    31 Cuando Judas salió de ese lugar, Jesús dijo: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y a través de Él, Dios es glorificado; 32 y si a través de Él, Dios es glorificado, entonces Dios en sí mismo lo glorificará, y lo glorificará muy pronto. 33 Hijitos, no estaré con ustedes por mucho tiempo. Me buscarán, pero como les dije a los judíos: ‘a donde yo voy, ustedes no pueden ir’; de la misma manera ahora se los digo a ustedes”.

    36 Simón Pedro le preguntó a Jesús: “Señor, ¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “No me puedes seguir por ahora a donde Yo voy, pero después me seguirás”.

    37 Pedro volvió a preguntarle: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? ¡Estoy listo para dar mi vida por ti!”

    38 Jesús le respondió: “¿En serio darás tu vida por mí? Ciertamente te digo que antes de que el gallo cante, habrás dicho tres veces que no me conoces”.

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  • 05
    04/05/2023

    Miércoles de Semana Santa Ciclo A

    Todo el día
    2023-04-05

    Evangelio según

    San Mateo 26, 14-25

    14 Entonces uno de los doce discípulos, llamado Judas Iscariote, fue a hablar con los jefes de los sacerdotes, 15 y les dijo: “¿Cuánto me quieren dar si yo se los entrego? Ellos le fijaron treinta piezas de plata. 16 Y desde entonces Judas estaba buscando una oportunidad para entregar a Jesús.

    17 El primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”

    18 Él les respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de un cierto hombre y díganle: ‘El Maestro dice: mi tiempo está cerca. Voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.

    19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les ordenó y prepararon la cena de Pascua. 20 Cuando anocheció, Jesús se sentó a comer con los doce. 21 Durante la cena, Jesús dijo: “Ciertamente les digo que uno de ustedes me traicionará”.

    22 Estaban profundamente entristecidos y, uno por uno, comenzaron a preguntarle: “¿Acaso soy yo, Señor?”

    23 Él respondiendo, dijo: “El que mete la mano conmigo en el plato, ése me traicionará. 24 Porque el Hijo del Hombre morirá como está escrito sobre Él, pero ¡ay del que traiciona al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para tal hombre que nunca hubiera nacido!”

    25 Entonces respondiendo Judas, el traidor, le preguntó: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le dijo: “Tú lo has dicho”.

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  • 06
    04/06/2023

    Jueves de Semana Santa Ciclo A

    Todo el día
    2023-04-06

    Evangelio según

    San Juan 13, 1-15   

    1 Faltando poco para la fiesta de Pascua, Jesús sabía que había llegado el momento de dejar este mundo para ir al Padre, y habiendo amado a los suyos que estaban en este mundo, los amó hasta el final.

    2 Jesús y sus discípulos estaban cenando, pero ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús. 3 Jesús sabiendo que el Padre le había dado todo el poder y que Él había salido de Dios e iba a Dios, 4 se levantó, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ató a la cintura. 5 Luego puso agua en un recipiente y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla. 6 Pero cuando se acercó a Simón Pedro, él le dijo: “¿Tú me vas a lavar los pies, Señor?”

    7 Jesús le respondió: “Ahora tú no entiendes lo que estoy haciendo, pero luego lo entenderás”.

    8 Pedro le dijo: “¡Nunca me lavarás los pies!” Jesús le respondió: “¡Si no te lavo, ya no serás mi discípulo!”

    9 Simón Pedro le dijo: “¡Entonces, Señor, no me laves los pies solamente, lávame las manos y la cabeza también!”

    10 Jesús le dijo: “La persona que ya se ha lavado, solo necesita lavarse los pies porque ya está limpia. Todos ustedes están limpios, o mejor dicho, todos menos uno”.

    11 Jesús sabía quién era el traidor; por eso dijo: “Todos menos uno”.

    12 Después de lavar los pies de sus discípulos, Jesús volvió a ponerse el manto, se sentó nuevamente a la mesa y les preguntó: ¿Entienden lo que he hecho con ustedes? 13 Ustedes mismos me llaman ‘Maestro’ y ‘Señor’ y tienen razón, porque realmente lo soy. 14 Pero si Yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, entonces también ustedes deben lavarse los pies, los unos a otros. 15 Yo les he dado el ejemplo para que hagan lo mismo que he hecho con ustedes.

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  • 07
    04/07/2023

    Viernes Santo de la Pasión del Señor Ciclo A

    Todo el día
    2023-04-07

    Evangelio según

    San Juan 18, 1-40. 19,1-42

    1 Después de decir estas cosas, Jesús salió con los discípulos y se fue al otro lado del riachuelo del Cedrón. Allí había un jardín, donde Jesús entró con sus discípulos. 2 Judas, el traidor, también conocía ese lugar porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. 3 Así que Judas, tomando consigo una un grupo de soldados y algunos guardias de los principales sacerdotes y fariseos, fueron al jardín armados y llevando linternas y antorchas. 4 Jesús, sabiendo todas las cosas que le iban a pasar, caminó hacia ellos y les preguntó: “¿A quién están buscando?”

    5 Ellos le respondieron: “¡A Jesús de Nazaret!”

    Jesús les dijo: “¡Yo soy!”

    Judas, el traidor, estaba también con ellos. 6 Cuando Jesús dijo: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron al suelo.

    7 Jesús les preguntó de nuevo: “¿A quién están buscando?” Ellos respondieron de nuevo: “¡A Jesús de Nazaret!”

    8 Jesús dijo: “Ya les he dicho que soy Yo. Si me están buscando a mí, ¡dejen que estos otros se vayan!”

    9 Jesús dijo esto para que se cumpliese lo que había dicho antes: “de todos los que me diste, ninguno perdí”.

    10 Entonces Simón Pedro, quien tenía una espada, la sacó, atacó a un empleado del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El empleado se llamaba Malco. 11Jesús, entonces, le dijo a Pedro: “¡Mete tu espada en la funda! ¿Crees que no beberé la copa de sufrimiento que el Padre me ha dado?”

    12 Entonces el grupo de los soldados, el comandante y los guardias de los judíos arrestaron a Jesús y lo ataron. 13 Luego se lo llevaron primero a la casa de Anás porque él era el suegro de Caifás, quien era el Sumo Sacerdote en ese año. 14 Caifás fue quien había aconsejado a los líderes judíos que lo mejor para ellos era que solo un hombre muriera por el pueblo.

    15 Simón Pedro seguía a Jesús, junto con el otro discípulo. Ese discípulo era conocido por el Sumo Sacerdote y por eso logró entrar al patio de la casa de Anás con Jesús; 16 pero Pedro se quedó afuera, cerca de la puerta. El otro discípulo, conocido por el Sumo Sacerdote, salió y habló con la empleada que estaba encargada de la puerta, y ella dejó entrar a Pedro. 17 Entonces ella le preguntó: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre?” Él le respondió: ¡No los soy!

    18 Debido al frío, los sirvientes y los guardias habían encendido un fuego y estando de pie, estaban calentándose a su alrededor. Pedro también estaba de pie entre ellos, calentándose junto al fuego.

    19 El Sumo Sacerdote le hizo algunas preguntas a Jesús sobre sus seguidores y su enseñanza.

    20 Jesús le respondió: “He hablado con todos en público, y siempre he enseñado en la sinagoga y en el patio del Templo, donde se reúnen todos los judíos, y nunca dije nada en secreto. 21 Entonces, ¿por qué me haces estas preguntas? Pregúntales a los que me han escuchado, ya que saben muy bien lo que les he dicho”.

    22 Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias del Templo que estaba allí lo golpeó en la cara y le dijo: “¿De esta forma le hablas al Sumo Sacerdote?”

    23 Jesús le respondió: “Si he hablado mal, ¡prueba en qué cosa está el mal! Pero si no he hablado mal, ¿por qué me pegas?”

    24 Entonces Anás envió a Jesús atado a Caifás, el Sumo Sacerdote.

    25 Pedro todavía estaba parado allí, calentándose junto al fuego, y algunos de los presentes le preguntaron: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre? Pedro, negándolo, dijo: “¡No lo soy!”

    26 Uno de los empleados del Sumo Sacerdote, un pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja, le preguntó: “¿No te vi yo con Él en el jardín?”

    27 Pedro de nuevo lo negó. Y en ese mismo instante el gallo cantó.

    28 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Era ya temprano en la mañana, y los líderes judíos no entraron al palacio porque querían permanecer puros para poder comer la cena de Pascua. 29 Entonces el gobernador Pilato salió a recibirlos y les preguntó: “¿Qué acusación tienen ustedes contra este hombre?”

    30 Ellos respondieron: “¿Crees que te entregaríamos a este hombre si no hubiera cometido un crimen?”

    31 Pilato dijo: “Tomen a este hombre y júzguenlo ustedes mismos, de acuerdo con su Ley”.

    Luego los judíos le respondieron: “No tenemos autoridad de matar a nadie”.

    32 Esto sucedió para que se cumpliera la palabra que Jesús dijo sobre la manera en que iba a morir.

    33 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”

    34 Jesús le respondió: ¿Estás diciendo esto por ti mismo, o te lo han dicho otras personas de mí?”

    35 Pilato dijo: “¿Soy yo judío por casualidad? Tu propia gente y los principales sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?”

    36 Jesús respondió: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis seguidores lucharían para que Yo no fuera entregado a los líderes judíos. Pero mi Reino no es de este mundo”

    37 Le preguntó Pilato: “¿Entonces tú eres el rey?”

    Jesús le respondió: “¡Tú estás diciendo que yo soy el rey! Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Toda persona que es de la verdad, escucha mi voz”.

    38 Pilato le dijo: “¿Cuál es la verdad?”

    Después de decir esto, Pilato volvió a salir a hablar con la multitud de los judíos y les dijo: “No veo razón para condenar a este hombre. 39 Pero, ustedes tienen la costumbre de que les libere un prisionero en la fiesta de Pascua. ¿Quieren entonces que les libere al rey de los judíos?”

    40 Todos comenzaron a gritar de nuevo: “¡No a ese hombre! ¡Libera a Barrabás!”  Barrabás era un criminal.

    Capítulo 19

    1 En ese momento Pilato, tomando a Jesús, hizo que lo azotaran. 2 Los soldados hicieron una corona de ramas espinosas, se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con una capa roja, 3 diciéndole: “¡Viva el Rey de los judíos!”, y lo golpeaban en la cara.

     4 Pilato volvió a salir y dijo a la multitud: “¡Aquí se los traigo, para hacerles saber que no encuentro ningún delito para condenarlo!”

    5 Entonces Jesús salió con la corona de espinas en la cabeza y vestido con la capa roja. Pilato les dijo: “¡Aquí mismo está el hombre!”

    6 Cuando los principales sacerdotes y los guardias del Templo vieron a Jesús, comenzaron a gritar: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”

    Pilato les dijo: “Ustedes mismos tómenlo y crucifíquenlo porque yo no encuentro ninguna razón criminal para condenar a este hombre”.

    7 Los judíos le respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y de acuerdo a nuestra Ley, este hombre debe morir porque dice ser el Hijo de Dios”.

    8 Cuando Pilato oyó esto, tuvo aún más miedo. 9 Entró nuevamente al palacio y le preguntó a Jesús: “¿De dónde tú eres? Pero Jesús no le respondió. 10 Entonces Pilato le dijo: ¿No quieres hablar conmigo? Recuerda que tengo la autoridad para liberarte como para que te crucifiquen”.

    11 Jesús le respondió: “No tienes ninguna autoridad sobre mí, excepto solo aquella te ha sido dada por Dios. Por tanto, el que me ha entregado a ti, es culpable de un pecado mayor”.

    12 A partir de ese momento, Pilato quería liberar a Jesús, pero los judíos gritaban, diciendo: “Si liberas a ese hombre, ¡no eres amigo del Emperador! ¡Toda persona que se hace rey, es enemigo del Emperador!”

    13 Cuando Pilato oyó esto, sacó a Jesús afuera y se sentó en la sala del tribunal, en el lugar llamado “Acera de piedra”, o “Enlosado”, que en hebreo es “Gabatá”.

    14 Era casi mediodía y era el momento de la preparación de la Pascua. Pilato, entonces, dijo a los judíos: “¡Aquí está su Rey!”

    15 Pero ellos gritaron: “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!”.

    Pilato les preguntó: “¿Quieren ustedes que crucifique a su Rey?”

    Los principales sacerdotes respondieron: “Nuestro único rey es el Emperador”.

    16 Con esto Pilato entregó a Jesús a los soldados para que fuera crucificado. Ellos, entonces, se lo llevaron.

    17 Jesús salió llevando su cruz, yendo al lugar llamado “La Calavera” (que en hebreo se dice “Gólgota”).

    18 Allí los soldados crucificaron a Jesús, y también crucificaron a otros dos hombres, uno a cada lado de Él, estando Jesús en el medio. 19 Pilato también escribió en un letrero la causa de la condena que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”. 20 Muchos de los judíos leyeron el letrero porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad. El letrero estaba escrito en hebreo, griego y latín.

     21 Entonces los principales sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: ‘Rey de los judíos’, sino escribe: ‘Este hombre dijo: yo soy el rey de los judíos’”.

    22 Pilato respondió: “Lo que he escrito, he escrito”.

    23 Después de que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica que era perfecta sin costura, toda tejida en una sola pieza de arriba a abajo. 24 Entonces los soldados se dijeron unos a otros: “No partamos la túnica, sino apostémosla para ver quien se la gana a la suerte”.

    Esto sucedió para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Repartieron mis vestidos entre ellos y sobre mi ropa echaron las suertes” (Ex 12:46; Nm 9:12; Sal 34:20). De esta manera lo hicieron los soldados.

    25 Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,  María, la esposa de Cleofás, y también María Magdalena.

    26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente cerca de ella, le dijo: “Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo”.

    27 Luego le dijo al discípulo: “Aquí está tu madre”. Y a partir de aquella hora, el discípulo la recibió para que se quedara con él.

    28 Después de ese momento, Jesús sabiendo que todo estaba ya consumado, para que se cumpliese lo que dice la Escritura, dijo: “¡Tengo sed!”

    29 Había un jarro lleno de vinagre, entonces ellos mojaron una esponja en el vinagre, pusieron la esponja en un rama de hisopo y le tocaron la boca con ella. 30 Cuando Jesús bebió el vinagre, dijo: “¡Todo está cumplido!”

    Luego bajando la cabeza, murió entregando el espíritu.

    31 Entonces los líderes judíos le pidieron a Pilato que rompiera las piernas de los que habían sido crucificados y que los quitara de las cruces. Porque era el día de la Preparación, y así los cuerpos no quedarían en la cruz en el sábado, pues aquel era el Gran Sábado.

    32 Los soldados, entonces, fueron y rompieron las piernas del primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego rompieron las piernas del otro, 33 pero cuando se acercaron a Jesús, vieron que ya estaba muerto y por eso no le rompieron las piernas. 34 Pero uno de los soldados atravesó el costado de Jesús con una lanza y al instante, salió sangre y agua.

    35 El que vio esto da testimonio, y su testimonio es verdadero, ya que él sabe que dice la verdad para que todos ustedes también crean 36 Estas cosas sucedieron para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Ninguno de sus huesos será roto”. 37 Y de igual manera otro lugar de la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”.

    38 Después de esto, José, de la ciudad de Arimatea, que era un discípulo de Jesús, pero en secreto, porque tenía miedo de los líderes judíos, le pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. Pilato se lo permitió, y José fue y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 Nicodemo, el que había ido a hablar con Jesús por la noche, fue también con José, llevando como unos treinta y cuatro kilos de una mezcla de aloe y mirra. 40 Los dos hombres tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en sábanas sobre las cuales habían extendido esta mezcla de especias aromáticas, como era la costumbre judía de preparar los cuerpos para ser sepultados.

    41 En el lugar donde Jesús había sido crucificado había un jardín, y en ese jardín había una tumba nueva donde aún no se había sepultado a nadie. 42 Pusieron el cuerpo de Jesús allí porque la tumba estaba cerca ya que era la preparación de los judíos.

    TRADUCCIÓN DEL NUEVO EVANGELIZADOR

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  • 08
    04/08/2023

    Sábado Santo Vigilia Pascual Ciclo A

    Todo el día
    2023-04-08

    Evangelio según

    San Mateo 28, 1-10

    1 Después del sábado, temprano en el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver la tumba. 2 De repente, hubo un gran terremoto, porque un ángel del Señor bajando del cielo, movió la piedra y se sentó sobre ella. 3Su apariencia era como la de un rayo y su ropa era blanca como la nieve. 4 Los guardias tuvieron tanto miedo de él que quedaron como muertos. 5 Entonces el ángel dijo a las mujeres: “¡No tengan miedo! Sé que están buscando a Jesús, quien fue crucificado, 6 pero Él no está aquí porque fue resucitado, como lo dijo. Vengan a ver el lugar donde fue colocado. 7 Ahora vayan rápidamente y digan a sus discípulos que fue resucitado de entre los muertos y ahora mismo va delante de ustedes a Galilea. Allí se dejará ver. Esto es lo que les digo”.

    8 Saliendo ellas de la tumba rápidamente con temor y gran alegría, corrieron a contarle la noticia a sus discípulos. 9 De repente, Jesús les salió al encuentro, diciendo: “Alégrense”; y ellas acercándose a Él, abrazaron sus pies y lo adoraron. 

    10 Entonces Jesús les dijo: “No tengan miedo! Vayan a avisar a mis hermanos para que vayan a Galilea y allí me verán”.

    TRADUCCIÓN DEL NUEVO EVANGELIZADOR

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