Sábado III Semana de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según 

San Lucas 18, 9-14

9 Jesús también contó esta parábola a aquellos que pensaban en sí mismos que eran justos y despreciaban a los demás:

10 “Dos hombres fueron al templo a rezar. Uno era fariseo y el otro era un recaudador de impuestos. 11 El fariseo se puso de pie y oraba así: ‘Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros, y porque no soy como este cobrador de impuestos. 12 Ayuno dos veces por semana y doy una décima parte de todo lo que poseo’. 13 Pero el cobrador de impuestos se mantenía alejado y ni siquiera quería alzar los ojos al cielo sino que se golpeaba al pecho diciendo: ‘¡Oh Dios, ten piedad de mí, porque soy un pecador!’. 14 Les digo que este hombre regresó a casa justificado por Dios, mientras que el fariseo no. Porque quien se engrandece será humillado, y quien se humilla será engrandecido”.

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Viernes III Semana de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según 

San Marcos 12, 28-34

28 Y uno de los letrados en la Ley que los oyó discutir se acercó a Él, y sabiendo que les había respondido bien, le dijo: “¿Cuál es el primer mandamiento de todos?”

29 Jesús le dijo: “El primero de todos los mandamientos es: Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios, es el único Señor; 30 y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y ​​con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Éste es el primer mandamiento. 31 Y el segundo es: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos”.

32 Y el letrado en la Ley le dijo: “Muy bien, Maestro, es verdad lo que has dicho que hay un solo Dios, y que no hay otro fuera de él; 33 y hay que amarlo con todo el corazón, y con todo el entendimiento, y con toda el alma, y ​​con todas las fuerzas, y amar a su prójimo como a sí mismo, es más valioso que todas las ofrendas quemadas y sacrificios”.

34 Y cuando Jesús, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: “No estás lejos del reino de Dios”. Y nadie se atrevía a preguntarle más.

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Jueves III Semana de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según 

San Lucas 11, 14-23

14 Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo, y sucedió que cuando el demonio se fue, el hombre mudo comenzó a hablar. Las multitudes estaban asombradas, 15 pero algunos de ellos dijeron: “Es Beelzebul, el líder de los demonios, quien le da poder a este hombre para expulsar demonios”.

16 Otros, queriendo poner a prueba a Jesús, le pidieron que realizara un milagro para demostrar que su poder provenía de Dios. 17 Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo:

“Todo país que se divide contra sí mismo será destruido y caerá casa sobre casa.  18 Si el reino de Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo continuará a estar en pie su reino? Ustedes dicen que por el poder de Beelzebul yo puedo expulsar a los demonios, 19 pero si yo expulso a los demonios por  Beelzebul, ¿quién le da a sus seguidores el poder de expulsar demonios? Por tanto, sus propios seguidores serán sus jueces. 20 Pero si es por el poder de Dios que yo expulso a los demonios, entonces el Reino de Dios ya ha llegado a ustedes”.

21 “Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su propia casa, todo lo que tiene está a salvo. 22 Pero cuando un hombre más fuerte que él lo ataca y le gana, toma todas sus armas en las que confiaba y reparte sus pertenencias”.

23 “Quien no está conmigo está contra mí, y quien no recoge conmigo, desparrama”.

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Miércoles III Semana de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según

San Mateo 5, 17-19

17 No piensen que llegué para acabar con la Ley de Moisés o las enseñanzas de los Profetas. No vine a terminarlos, sino a darles todo su valor. 18 Les digo ciertamente que mientras dure el cielo y la tierra, no se perderá nada de la Ley, ni la más mínima letra, ni ningún acento hasta que todo se haya cumplido. 19 Por lo tanto, cualquiera que desobedezca el menor mandamiento y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el Reino de los Cielos. Pero quien obedezca la Ley y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

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Martes III Semana de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según

San Mateo 18, 21-35

21 Entonces Pedro vino a Jesús y le preguntó: “Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Siete veces?”

22 Le respondió Jesús: “No debes perdonar siete veces, sino setenta veces siete. 23 Porque el Reino de los Cielos es como un rey que decidió saldar cuentas con sus empleados. 24 Al comenzar a saldar las cuentas, le trajeron a uno que le debía muchos millones de monedas de oro. 25 Pero el empleado no tenía dinero para pagar, así que el señor ordenó que el empleado, su esposa e hijos se vendieran como esclavos y que todo lo que poseían también se vendiera para saldar la deuda. 26 Entonces el empleado se arrodilló ante él diciéndole: ‘Tenga paciencia conmigo, y le pagaré todo’.

27 El señor se compadeció de aquel empleado, le perdonó la deuda y lo dejó ir. 28 Al salir de allí, aquel empleado encontró a uno de sus compañeros de trabajo que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a sacudirlo, diciéndole: ‘¡Págame lo que me debes!’ 29 Entonces su compañero se arrodilló y le rogó: ‘Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo’. 30 Pero él no quiso, sino más bien lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. 31 Cuando los otros empleados vieron lo que había sucedido, se entristecieron profundamente y fueron a contarle todo al señor. 32 Entonces el señor llamó a ese empleado y le dijo: ‘¡Empleado malvado! Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33 Por tanto, deberías también sentir compasión por tu compañero, como yo me compadecí por ti’. 34 El señor, estando muy enojado, lo envió a la cárcel para que lo castigaran hasta que pagara toda la deuda”.

35 De la misma manera, mi Padre, que está en los cielos, hará con ustedes si cada uno no perdona sinceramente a su hermano”.

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Lunes III Semana de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según 

San Lucas 4, 24-30

24 Él dijo: “Ciertamente les digo que ningún profeta es bienvenido en su propia tierra. 25 Pero en verdad les digo que había muchas viudas en Israel en la época del profeta Elías, cuando no llovió durante tres años y seis meses, y hubo mucha hambre en toda la tierra, 26 pero Dios no envió a Elías a ninguna de las viudas que vivían en Israel, sino solo a una viuda que vivía en Sarepta de Sidón (1 Re 17:9). 27 También había muchos leprosos en Israel en la época del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino solo Naamán el sirio fue sanado” (2 Re 5:14).

28 Cuando oyeron estas cosas, todos en la sinagoga estaban muy enojados; 29 se levantaron, arrastraron a Jesús fuera de la ciudad y lo llevaron a la cima de la montaña donde se construyó la ciudad, para arrojarlo allí; 30 pero Él pasó a través del medio de ellos y se fue.

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Domingo III de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según

San Juan 2, 13-25

13 Aproximándose la Pascua de los judíos, Jesús subió a la ciudad de Jerusalén. 14 En el patio del Templo encontró gente vendiendo bueyes, ovejas y palomas, y también sentados en sus mesas, a los que cambiaban dinero. 15 Después de hacer un látigo de cuerdas, expulsó a toda esa gente del Templo, incluyendo a las ovejas y los bueyes. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero y desparramó las monedas por el suelo. 16 Él dijo a los que vendían palomas: “¡Saquen todas estas cosas de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio!”

17 Entonces sus discípulos recordaron las palabras de lo que ha sido escrito: “El celo por tu casa me devora” (Sal 69:9).

18 Entonces los judíos le preguntaron: “¿Qué señal puedes hacer para demostrarnos que tienes la autoridad para hacer estas cosas?”

19 Jesús les respondió: “¡Destruyan este Templo y lo volveré a construir en tres días!”

20 Pero los judíos dijeron: “Este Templo tomó cuarenta y seis años en construirse, ¿y tú dices que lo volverás a construir en tres días?”

21 Pero el Templo del que Jesús estaba hablando era su propio cuerpo. 22 Cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que había dicho esto y luego creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.

23 Cuando Jesús estaba en Jerusalén, durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en Él porque veían las señales que realizaba. 24 Pero Jesús no confiaba en ellos, porque los conocía muy bien 25 y no tenía necesidad que nadie le diera testimonio de nadie, porque Él sabía lo que había en cada persona.

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Sábado II Semana de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según

San Lucas 15, 1-3. 11-32

1 En una ocasión, muchos recaudadores de impuestos y pecadores acudieron a Jesús para escucharlo. 2 Los fariseos y maestros de la Ley murmuraban contra Jesús, diciendo: “Este hombre recibe pecadores y come con ellos”.

3 Entonces Jesús contó esta parábola:

11 Y Jesús dijo también:

“Un hombre tenía dos hijos. 12 Un día, el más joven le dijo a su padre: ‘Padre, quiero que me des mi parte de la herencia que me corresponde ahora’. Y el padre dividió los bienes entre los dos. 13 Unos días más tarde, el hijo menor reunió todo lo que le pertenecía y se fue a un país que estaba muy lejos. Allí vivió una vida llena de pecado y malgastó todo lo que tenía.

14 Cuando él hubo malgastado todo, vino una gran hambruna en esa región, y él comenzó a pasar necesidad. 15 Luego fue y buscó trabajo con uno de los habitantes de esa tierra y este último lo envió a su campo para cuidar a los cerdos. 16 Allí, pasaba hambre y quería comer lo que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. 17 Reflexionando, se dijo: ‘¡Cuántos de los trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, y yo estoy aquí pasando hambre! 18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: ‘Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti 19 y ya no merezco ser llamado tu hijo. Acéptame como uno de tus trabajadores’. 20 Se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos de casa, su padre lo vio, y sintiendo compasión, corrió y se echó sobre su cuello, y lo besó. 21 El hijo le dijo: ‘¡Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti y ya no merezco ser llamado tu hijo!’

22 Pero el padre dijo a sus empleados: ‘Saquen de inmediato la mejor ropa y vístanlo. Pónganle un anillo en el dedo y sandalias en sus pies. 23 También traigan el ternero gordo y mátenlo. Comencemos a comer y alegrémonos 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido encontrado’. Y comenzaron a festejar.

25 Mientras tanto, el hijo mayor estaba en el campo. Cuando regresó y se acercó a la casa, escuchó la música y el ruido del baile. 26 Luego llamó a un empleado y le preguntó que estaba pasando.

27 El empleado le dijo: ‘Tu hermano ha venido y tu padre ha mandado a matar el ternero gordo por haberlo recibido sano y salvo’.

28 El hijo mayor se enojó y se negó a entrar. Entonces el padre salió y le rogó que entrara. 29 Pero él respondió a su padre diciendo: ‘He estado trabajando para ti durante tantos años y nunca he desobedecido una orden tuya. Aun así, nunca me has dado ni un cabrito para tener una fiesta con mis amigos. 30 Pero este hijo tuyo, que ha malgastado tus bienes con prostitutas, regresó y has matado para él el ternero gordo’.

31 Entonces su padre le dijo: ‘Hijo, siempre estás conmigo, y todo lo que es mío es tuyo. 32 Pero era necesario hacer esta fiesta y alegrarnos porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelo a vivir; estaba perdido y ha sido encontrado’”.

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Viernes II Semana de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según 

San Mateo 21, 33-43. 45-46

33 “Escuchen otra parábola: había un cierto propietario que hizo una plantación de uvas y colocó una cerca a su alrededor. Cavó un tanque en ella y construyó una torre para el vigilante. Luego alquiló la plantación a algunos labradores y se fue de viaje. 34 Cuando llegó el momento de la cosecha, el propietario envió algunos empleados para recibir su parte. 35 Pero los labradores agarrando a los empleados, golpearon a uno, asesinaron a otro y mataron a otro con piedras. 36 El propietario envió más empleados que la primera vez, y los labradores les hicieron lo mismo. 37 Después de todo esto, envió a su propio hijo, pensando: “A mi hijo lo respetarán’. 38 Pero cuando los labradores lo vieron, se dijeron: ‘Él es el hijo del dueño, el heredero. Matémoslo y nos quedaremos con su plantación’. 39 Luego tomaron al hijo, lo echaron fuera de la plantación y lo mataron. 40 Ahora, cuando regrese el dueño de la plantación, ¿qué hará con esos labradores?

41 Ellos respondieron: “Seguramente acabará con esos malvados de mala manera y alquilará la plantación a otros labradores que le darán sus frutos en el momento adecuado”.

42 Jesús entonces les preguntó: “¿No han leído en las Escrituras: ‘La piedra que los constructores rechazaron, llegó a ser la más importante de todas? Esto fue hecho por el Señor y es algo maravilloso ante nuestros ojos’” (Sal 118:22.23)

43 Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes y será entregado a las personas que producen los frutos del Reino.

45 Los jefes de los sacerdotes y los fariseos al escuchar las parábolas que Jesús contó, se dieron cuenta que estaba hablando de ellos. 46 Por eso buscaban la manera de arrestarlo, pero tenían miedo de la multitud porque la gente pensaba que era un profeta.

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Jueves II Semana de Cuaresma Ciclo B

Evangelio según

 San Lucas 16, 19-31

19 Jesús continuó diciendo:

“Había un hombre rico que vestía con ropa muy cara y daba una gran fiesta todos los días. 20 A la puerta de su casa también había un mendigo, llamado Lázaro, cuyo cuerpo estaba cubierto de llagas. 21 Él hubiese querido llenarse el estómago con las migajas que caían de la mesa del rico. E incluso los perros se acercaban a él para lamer sus heridas.

22 Sucedió que el mendigo murió y fue llevado por los ángeles para que estuviera al lado de Abraham. El hombre rico también murió y fue enterrado. 23 Estando en el infierno, sufría tormento y cuando alzó sus ojos, vio a Abraham y a Lázaro a su lado. 24 Entonces él gritó: ‘¡Padre Abraham, ten piedad de mí! Envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y venga a refrescar mi lengua porque estoy sufriendo mucho en esta llama’.

25 Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida, pero Lázaro solo recibió lo que era malo. Pero ahora él es consolado aquí, mientras tú eres atormentado. 26 Además, existe un gran abismo entre nosotros, de modo que aquellos que quieran cruzar de aquí hacia ustedes no puedan, así como aquellos no puedan pasar desde allá hasta nosotros’.

27 El hombre rico dijo: ‘En ese caso, padre Abraham, te pido que envíes a Lázaro a la casa de mi padre 28 porque tengo cinco hermanos, así les puede advertir para que no vengan a este lugar de sufrimiento’.

29 Pero Abraham respondió: ‘Tus hermanos tienen la Ley de Moisés y los libros de los Profetas. ¡Que los escuchen a ellos!’ 30 Entonces él le dijo: ‘¡No, padre Abraham!’, pero si alguien de entre los muertos va a hablar con ellos, entonces se arrepentirán’.31 Pero Abraham le respondió: ‘Si no escuchan a Moisés ni a los Profetas, tampoco se convencerán si alguien se levanta de entre los muertos’”.

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