Viernes Santo de la Pasión del Señor Ciclo A

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2026-04-03 Todo el día

Evangelio según

San Juan 18,1-40.19,1-42

1 Después de decir estas cosas, Jesús salió con los discípulos y se fue al otro lado del riachuelo del Cedrón. Allí había un jardín, donde Jesús entró con sus discípulos. 2 Judas, el traidor, también conocía ese lugar porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. 3 Así que Judas, tomando consigo una un grupo de soldados y algunos guardias de los principales sacerdotes y fariseos, fueron al jardín armados y llevando linternas y antorchas. 4 Jesús, sabiendo todas las cosas que le iban a pasar, caminó hacia ellos y les preguntó: “¿A quién están buscando?”

5 Ellos le respondieron: “¡A Jesús de Nazaret!”

Jesús les dijo: “¡Yo soy!”

Judas, el traidor, estaba también con ellos. 6 Cuando Jesús dijo: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron al suelo.

7 Jesús les preguntó de nuevo: “¿A quién están buscando?” Ellos respondieron de nuevo: “¡A Jesús de Nazaret!”

8 Jesús dijo: “Ya les he dicho que soy Yo. Si me están buscando a mí, ¡dejen que estos otros se vayan!”

9 Jesús dijo esto para que se cumpliese lo que había dicho antes: “de todos los que me diste, ninguno perdí”.

10 Entonces Simón Pedro, quien tenía una espada, la sacó, atacó a un empleado del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El empleado se llamaba Malco. 11Jesús, entonces, le dijo a Pedro: “¡Mete tu espada en la funda! ¿Crees que no beberé la copa de sufrimiento que el Padre me ha dado?”

12 Entonces el grupo de los soldados, el comandante y los guardias de los judíos arrestaron a Jesús y lo ataron. 13 Luego se lo llevaron primero a la casa de Anás porque él era el suegro de Caifás, quien era el Sumo Sacerdote en ese año. 14 Caifás fue quien había aconsejado a los líderes judíos que lo mejor para ellos era que solo un hombre muriera por el pueblo.

15 Simón Pedro seguía a Jesús, junto con el otro discípulo. Ese discípulo era conocido por el Sumo Sacerdote y por eso logró entrar al patio de la casa de Anás con Jesús; 16 pero Pedro se quedó afuera, cerca de la puerta. El otro discípulo, conocido por el Sumo Sacerdote, salió y habló con la empleada que estaba encargada de la puerta, y ella dejó entrar a Pedro. 17 Entonces ella le preguntó: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre?” Él le respondió: ¡No los soy!

18 Debido al frío, los sirvientes y los guardias habían encendido un fuego y estando de pie, estaban calentándose a su alrededor. Pedro también estaba de pie entre ellos, calentándose junto al fuego.

19 El Sumo Sacerdote le hizo algunas preguntas a Jesús sobre sus seguidores y su enseñanza.

20 Jesús le respondió: “He hablado con todos en público, y siempre he enseñado en la sinagoga y en el patio del Templo, donde se reúnen todos los judíos, y nunca dije nada en secreto. 21 Entonces, ¿por qué me haces estas preguntas? Pregúntales a los que me han escuchado, ya que saben muy bien lo que les he dicho”.

22 Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias del Templo que estaba allí lo golpeó en la cara y le dijo: “¿De esta forma le hablas al Sumo Sacerdote?”

23 Jesús le respondió: “Si he hablado mal, ¡prueba en qué cosa está el mal! Pero si no he hablado mal, ¿por qué me pegas?”

24 Entonces Anás envió a Jesús atado a Caifás, el Sumo Sacerdote.

25 Pedro todavía estaba parado allí, calentándose junto al fuego, y algunos de los presentes le preguntaron: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre? Pedro, negándolo, dijo: “¡No lo soy!”

26 Uno de los empleados del Sumo Sacerdote, un pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja, le preguntó: “¿No te vi yo con Él en el jardín?”

27 Pedro de nuevo lo negó. Y en ese mismo instante el gallo cantó.

28 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Era ya temprano en la mañana, y los líderes judíos no entraron al palacio porque querían permanecer puros para poder comer la cena de Pascua. 29 Entonces el gobernador Pilato salió a recibirlos y les preguntó: “¿Qué acusación tienen ustedes contra este hombre?”

30 Ellos respondieron: “¿Crees que te entregaríamos a este hombre si no hubiera cometido un crimen?”

31 Pilato dijo: “Tomen a este hombre y júzguenlo ustedes mismos, de acuerdo con su Ley”.

Luego los judíos le respondieron: “No tenemos autoridad de matar a nadie”.

32 Esto sucedió para que se cumpliera la palabra que Jesús dijo sobre la manera en que iba a morir.

33 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”

34 Jesús le respondió: ¿Estás diciendo esto por ti mismo, o te lo han dicho otras personas de mí?”

35 Pilato dijo: “¿Soy yo judío por casualidad? Tu propia gente y los principales sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?”

36 Jesús respondió: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis seguidores lucharían para que Yo no fuera entregado a los líderes judíos. Pero mi Reino no es de este mundo”

37 Le preguntó Pilato: “¿Entonces tú eres el rey?”

Jesús le respondió: “¡Tú estás diciendo que yo soy el rey! Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Toda persona que es de la verdad, escucha mi voz”.

38 Pilato le dijo: “¿Cuál es la verdad?”

Después de decir esto, Pilato volvió a salir a hablar con la multitud de los judíos y les dijo: “No veo razón para condenar a este hombre. 39 Pero, ustedes tienen la costumbre de que les libere un prisionero en la fiesta de Pascua. ¿Quieren entonces que les libere al rey de los judíos?”

40 Todos comenzaron a gritar de nuevo: “¡No a ese hombre! ¡Libera a Barrabás!”  Barrabás era un criminal.

1 En ese momento Pilato, tomando a Jesús, hizo que lo azotaran. 2 Los soldados hicieron una corona de ramas espinosas, se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con una capa roja, 3 diciéndole: “¡Viva el Rey de los judíos!”, y lo golpeaban en la cara.

 4 Pilato volvió a salir y dijo a la multitud: “¡Aquí se los traigo, para hacerles saber que no encuentro ningún delito para condenarlo!”

5 Entonces Jesús salió con la corona de espinas en la cabeza y vestido con la capa roja. Pilato les dijo: “¡Aquí mismo está el hombre!”

6 Cuando los principales sacerdotes y los guardias del Templo vieron a Jesús, comenzaron a gritar: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”

Pilato les dijo: “Ustedes mismos tómenlo y crucifíquenlo porque yo no encuentro ninguna razón criminal para condenar a este hombre”.

7 Los judíos le respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y de acuerdo a nuestra Ley, este hombre debe morir porque dice ser el Hijo de Dios”.

8 Cuando Pilato oyó esto, tuvo aún más miedo. 9 Entró nuevamente al palacio y le preguntó a Jesús: “¿De dónde tú eres? Pero Jesús no le respondió. 10 Entonces Pilato le dijo: ¿No quieres hablar conmigo? Recuerda que tengo la autoridad para liberarte como para que te crucifiquen”.

11 Jesús le respondió: “No tienes ninguna autoridad sobre mí, excepto solo aquella te ha sido dada por Dios. Por tanto, el que me ha entregado a ti, es culpable de un pecado mayor”.

12 A partir de ese momento, Pilato quería liberar a Jesús, pero los judíos gritaban, diciendo: “Si liberas a ese hombre, ¡no eres amigo del Emperador! ¡Toda persona que se hace rey, es enemigo del Emperador!”

13 Cuando Pilato oyó esto, sacó a Jesús afuera y se sentó en la sala del tribunal, en el lugar llamado “Acera de piedra”, o “Enlosado”, que en hebreo es “Gabatá”.

14 Era casi mediodía y era el momento de la preparación de la Pascua. Pilato, entonces, dijo a los judíos: “¡Aquí está su Rey!”

15 Pero ellos gritaron: “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!”.

Pilato les preguntó: “¿Quieren ustedes que crucifique a su Rey?”

Los principales sacerdotes respondieron: “Nuestro único rey es el Emperador”.

16 Con esto Pilato entregó a Jesús a los soldados para que fuera crucificado. Ellos, entonces, se lo llevaron.

17 Jesús salió llevando su cruz, yendo al lugar llamado “La Calavera” (que en hebreo se dice “Gólgota”).

18 Allí los soldados crucificaron a Jesús, y también crucificaron a otros dos hombres, uno a cada lado de Él, estando Jesús en el medio. 19 Pilato también escribió en un letrero la causa de la condena que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”. 20 Muchos de los judíos leyeron el letrero porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad. El letrero estaba escrito en hebreo, griego y latín.

 21 Entonces los principales sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: ‘Rey de los judíos’, sino escribe: ‘Este hombre dijo: yo soy el rey de los judíos’”.

22 Pilato respondió: “Lo que he escrito, he escrito”.

23 Después de que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica que era perfecta sin costura, toda tejida en una sola pieza de arriba a abajo. 24 Entonces los soldados se dijeron unos a otros: “No partamos la túnica, sino apostémosla para ver quien se la gana a la suerte”.

Esto sucedió para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Repartieron mis vestidos entre ellos y sobre mi ropa echaron las suertes” (Ex 12:46; Nm 9:12; Sal 34:20). De esta manera lo hicieron los soldados.

25 Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,  María, la esposa de Cleofás, y también María Magdalena.

26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente cerca de ella, le dijo: “Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo”.

27 Luego le dijo al discípulo: “Aquí está tu madre”. Y a partir de aquella hora, el discípulo la recibió para que se quedara con él.

28 Después de ese momento, Jesús sabiendo que todo estaba ya consumado, para que se cumpliese lo que dice la Escritura, dijo: “¡Tengo sed!”

29 Había un jarro lleno de vinagre, entonces ellos mojaron una esponja en el vinagre, pusieron la esponja en un rama de hisopo y le tocaron la boca con ella. 30 Cuando Jesús bebió el vinagre, dijo: “¡Todo está cumplido!”

Luego bajando la cabeza, murió entregando el espíritu.

31 Entonces los líderes judíos le pidieron a Pilato que rompiera las piernas de los que habían sido crucificados y que los quitara de las cruces. Porque era el día de la Preparación, y así los cuerpos no quedarían en la cruz en el sábado, pues aquel era el Gran Sábado.

32 Los soldados, entonces, fueron y rompieron las piernas del primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego rompieron las piernas del otro, 33 pero cuando se acercaron a Jesús, vieron que ya estaba muerto y por eso no le rompieron las piernas. 34 Pero uno de los soldados atravesó el costado de Jesús con una lanza y al instante, salió sangre y agua.

35 El que vio esto da testimonio, y su testimonio es verdadero, ya que él sabe que dice la verdad para que todos ustedes también crean 36 Estas cosas sucedieron para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Ninguno de sus huesos será roto”. 37 Y de igual manera otro lugar de la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”.

38 Después de esto, José, de la ciudad de Arimatea, que era un discípulo de Jesús, pero en secreto, porque tenía miedo de los líderes judíos, le pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. Pilato se lo permitió, y José fue y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 Nicodemo, el que había ido a hablar con Jesús por la noche, fue también con José, llevando como unos treinta y cuatro kilos de una mezcla de aloe y mirra. 40 Los dos hombres tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en sábanas sobre las cuales habían extendido esta mezcla de especias aromáticas, como era la costumbre judía de preparar los cuerpos para ser sepultados.

41 En el lugar donde Jesús había sido crucificado había un jardín, y en ese jardín había una tumba nueva donde aún no se había sepultado a nadie. 42 Pusieron el cuerpo de Jesús allí porque la tumba estaba cerca ya que era la preparación de los judíos.

 

 

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  • 2026-04-18 Todo el día

    Evangelio según

    San Juan 6, 16-21

    16 Cuando estaba anocheciendo, los discípulos de Jesús bajaron al lago; 17 se subieron a una barca y comenzaron a cruzar el lago hacia la ciudad de Capernaúm. Cuando ya estaba oscuro, Jesús todavía no había venido a su encuentro. 18 De repente, un fuerte viento comenzó a soplar y a agitar las olas. 19 Los discípulos, que ya habían remado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre el agua y acercándose a la barca.; y en ese momento tuvieron mucho miedo.

    20 Pero Jesús les dijo: “Soy Yo. ¡No tengan miedo!” 21 Luego lo recibieron con placer en la barca y de inmediato llegaron al lugar donde iban.

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  • 2026-04-19 Todo el día

    Evangelio según

    San Lucas 24, 13-35

    13 Ese mismo día, dos de los seguidores de Jesús iban a una aldea llamada Emaús, que está a unos diez kilómetros de Jerusalén. 14 Hablaban de todo lo que había sucedido. 15 Mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos, 16 pero los ojos de ellos estaban velados de manera que no lo podían reconocer. 17 Entonces Jesús les preguntó: “¿De qué están hablando entre ustedes mientras caminan y por qué están tristes?”

    18 Uno de ellos, llamado Cleofás, dijo: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que sucedió allí en estos últimos días?”

    19 Entonces Él les preguntó: “¿Qué cosas?”

    Ellos respondieron:

    “Lo que le pasó a Jesús, el nazareno, quien era un profeta, poderoso en obra y palabra delante de Dios y de toda la gente. 20 Los principales sacerdotes y nuestros líderes lo entregaron para que lo sentenciaran a muerte y lo crucificaron. 21 Sin embargo, nosotros esperábamos que fuera Él quien libraría al pueblo de Israel. Pero han pasado tres días desde que sucedió todo esto. 22 Algunas mujeres de nuestro grupo nos dejaron asombrados, ya que fueron a la tumba al amanecer 23 y no encontraron su cuerpo; entonces regresaron diciendo que vieron a ángeles quienes les dijeron que Él está vivo. 24 Algunos de nuestros compañeros fueron a la tumba y vieron que lo que dijeron las mujeres realmente sucedió, pero no vieron a Jesús”.

    25 Entonces Jesús les dijo: “¡Tontos y lentos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! 26 Porque era necesario que el Mesías sufriera y así recibiera toda la gloria de Dios”.

    27 Y comenzó a explicar todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de Él, comenzando con los libros de Moisés y los escritos de todos los Profetas.

    28 Cuando se acercaron al pueblo al que iban, Jesús hizo como si fuera más lejos, 29 pero ellos lo invitaron a quedarse, diciendo: “Quédate con nosotros porque es tarde y se acerca la noche”.

    Entonces Jesús entró para estar con ellos. 30 Sucedió que estando sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se los dio. 31 Entonces se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús, pero Él desapareció de su vista. 32 En ese momento ellos se decían el uno al otro: “¿No parecía que nuestros corazones ardían dentro de nuestro pecho cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”

    33 Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron a los once apóstoles reunidos y a los que estaban con ellos 34 quienes decían: “Verdaderamente, el Señor ha resucitado y ha aparecido a Simón”.

    35 Entonces los dos contaron lo que había sucedido en el camino y cómo reconocieron al Señor cuando partió el pan.

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  • 2026-04-20 Todo el día

    Evangelio según

    San Juan 6, 22-29

    22 Al día siguiente, la multitud que estaba en el otro lado del lago vio que solo había llegado una barca allí y que Jesús no se había embarcado con los discípulos, ya que se habían ido solos. 23 Mientras tanto, otras barcas habían llegado desde la ciudad de Tiberíades y se detuvieron cerca del lugar donde la multitud había comido el pan después de que el Señor Jesús había dado gracias. 24 Entonces, cuando la multitud vio que Jesús y sus discípulos no estaban allí, se subieron a las barcas y salieron a Capernaúm para buscarlo.

    25 Posteriormente, la multitud encontró a Jesús en el otro lado del lago, y le preguntaron: “Rabí, ¿cuándo llegaste aquí?”

    26 Jesús les respondió: “Ciertamente les digo que me buscan porque comieron de los panes y quedaron satisfechos y no porque han visto las señales. 27 No trabajen para obtener la comida que se termina, sino para obtener la comida que dura para la vida eterna que el Hijo del Hombre les dará, porque Él es quien Dios el Padre ha marcado con su sello de aprobación”.

    28 Ellos, entonces, le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para poner en práctica lo que Dios quiere?”

    29 Respondió Jesús: “¡Dios quiere que crean en el que Él envió!”

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  • 2026-04-21 Todo el día

    Evangelio según

    San Juan 6, 30-35

    30 Le dijeron: “¿Qué señal harás para que te veamos y creamos en ti? ¿Qué puedes hacer? 31 Nuestros antepasados ​​comieron maná en el desierto, como ha sido escrito: “Del cielo les dio pan para que comieran” (Isa 54:13).

    32 Jesús les dijo: “Ciertamente les digo que no fue Moisés quien les ha dado el pan del cielo, porque el que da el pan verdadero del cielo es mi Padre. 33 Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo”.

    34 Ellos le preguntaron: “¡Señor, danos siempre des ese pan!”

    35 Jesús les respondió: “Yo soy el pan de vida. Quien venga a mí nunca tendrá hambre, y quien crea en mí nunca tendrá sed.

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  • 2026-04-22 Todo el día

    Evangelio según

    San Juan 6, 35-40

    35 Jesús les respondió: “Yo soy el pan de vida. Quien venga a mí nunca tendrá hambre, y quien crea en mí nunca tendrá sed. 36 Pero ya les he dicho que ustedes no creen, aunque me han visto. 37 Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y de ninguna manera tiraré afuera a los que vienen a mí. 38 Porque yo he bajado del cielo para hacer la voluntad del que me envió y no para hacer la mía. 39 Y la voluntad del que me envió es esta: que ninguno de los que el Padre me ha dado se perderá, sino que los resucitaré en el día final. 40 La voluntad del que me ha enviado es que todos los que han visto al Hijo y creen en Él tengan vida eterna; y yo, en el último día, los resucitaré”.

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  • 2026-04-23 Todo el día

    Evangelio según

    San Juan 6, 44-51

    44 Solo aquellos traídos por el Padre que me envió pueden venir a mí, y yo los resucitaré en el día final. 45 Ha sido escrito en los Profetas: “Todos serán enseñados por Dios”. Y todos los que oyen al Padre y aprenden de Él vienen a mí. 46 Esto no significa que alguien haya visto al Padre, excepto el que viene de Dios; Él ha visto al Padre”.

    47 “Ciertamente les digo que quien cree tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Sus antepasados ​​comieron el maná en el desierto, pero murieron. 50 Aquí está el pan que baja del cielo, y el que coma de este pan nunca morirá. 51 Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si alguien come este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré para que el mundo tenga vida es mi carne”.

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  • 2026-04-24 Todo el día

    Evangelio según

    San Juan 6, 52-59

    52 Luego los judíos  comenzaron a discutir entre ellos, diciendo: “¿Cómo puede este hombre dar su propia carne para que comamos?”

    53 Entonces Jesús les dijo: “Ciertamente les digo que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. 55 Porque mi carne es la verdadera comida, y mi sangre es la verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí, y yo vivo en él. 57 El Padre, que tiene vida, me envió, y por Él tengo vida; de la misma manera todo el que coma mi cuerpo, vivirá a causa de mí. 58 Este es el pan que bajó del cielo. No es como el pan que comieron sus antepasados ​​y aún murieron. La persona que coma de este pan vivirá para siempre”.

    59 Jesús dijo estas cosas cuando estaba enseñando en la sinagoga de Capernaúm.

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  • 2026-04-25 Todo el día

    Evangelio según

    San Marcos 16, 15-20

    15 Entonces Él les dijo: “Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio a toda la humanidad. 16 El que crea y sea bautizado será salvado, pero el que no crea será condenado. 17 Estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán nuevos idiomas; 18 tomarán serpientes en las manos y si bebieran el veneno, no serán lastimados, pondrán las manos sobre los enfermos y éstos se pondrán bien”.

    19 Después de hablar con ellos, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó al lado derecho de Dios. 20 Ellos, yéndose, comenzaron a proclamar por todas partes, siendo el Señor su cooperador en la obra y confirmando su palabra por medio de las señales que les acompañaban.

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  • 2026-04-26 Todo el día

    Evangelio según

    San Juan 10, 1-10

    1 Jesús dijo: “Ciertamente les digo que quien no entra en el corral de las ovejas por la puerta, es un ladrón y un bandido. 2 Pero el pastor de las ovejas entra por la puerta. 3 El portero le abre la puerta y las ovejas reconocen su voz cuando las llama por su nombre, y las saca fuera del corral. 4 Cuando están todas afuera, él va delante de ellas y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. 5 Pero de ninguna manera ellas seguirán a un extraño; por el contrario, huirán de él porque no conocen la voz de los extraños”.

    6 Jesús hizo esta comparación, pero nadie entendió lo que quería decir.

    7 Entonces Jesús volvió a decirles: “Ciertamente les digo que Yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos los que vinieron antes de mí, son ladrones y bandidos, pero las ovejas no prestaron atención a sus voces. 9 Yo soy la puerta. El que entre por mí será salvo, y podrá entrar y salir, y siempre encontrará alimento. 10 El ladrón solo viene a robar, matar y destruir; pero Yo he venido para que las ovejas tengan vida, y la tengan en abundancia”.

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  • 2026-04-27 Todo el día

    Evangelio según

    San Juan 10, 11-18

    11 “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12 El que trabaja solo por dinero, no es pastor, y las ovejas, no siendo suyas, cuando ve que viene un lobo, deja las ovejas y huye; entonces el lobo ataca y dispersa a las ovejas. 13 El asalariado huye porque trabaja solo por dinero y no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor. Yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen. 15 Así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre, también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Y estoy preparado para dar mi vida por las ovejas. 16 Tengo otras ovejas que no están en este corral. Necesito traer a esas también, y ellas escucharán mi voz. Entonces se convertirán en un solo rebaño con un solo pastor”.

    17 “El Padre me ama porque Yo doy mi vida para volverla a recibir. 18 Nadie me quita la vida, sino que Yo la doy de mí mismo ya que tengo el poder para darla y volverla tomar. Este mandamiento lo recibí de mi Padre”.

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