Ciclo litúrgico B de la Iglesia Cristiana Católica

Martes V Semana del Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Marcos 7, 1-13

1 Algunos fariseos y algunos maestros de la Ley que habían venido de Jerusalén se reunieron alrededor de Jesús. 2 Vieron que algunos de sus discípulos estaban comiendo con las manos inmundas, es decir, no se habían lavado las manos.

3 Los judíos, y especialmente los fariseos, siguen las enseñanzas que recibieron de los antiguos: comen solo después de lavarse las manos con mucho cuidado. 4 Y al regresar del mercado, no comen sino se han lavado primero; y hay muchas otras cosas tradicionales que practican, como la forma correcta de lavar vasos, jarras, la vajilla de cobre y la cama.

5 Los fariseos y los maestros de la Ley le preguntaron a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no obedecen las enseñanzas de los antiguos y comen sin lavarse las manos?”

6 Jesús les respondió: “Hipócritas. ¡Muy bien profetizó Isaías de ustedes! Como ha sido escrito: Este pueblo con la boca me respeta, pero su corazón está muy lejos de mí. 7 La adoración de este pueblo es inútil, porque enseñan leyes humanas como si fueran los mandamientos de Dios”.

8 Y continuó: “Abandonando el mandamiento de Dios, ustedes obedecen las enseñanzas humanas”.

9 Y también les decía: “Siempre encuentran una manera de dejar a un lado el mandamiento de Dios para seguir sus propias enseñanzas. 10 Porque Moisés ordenó: “Respeta a tu padre y a tu madre”. Y: “¡El que maldiga a su padre o a su madre, que muera!” 11 Pero ustedes dicen: “Si alguien tiene algo que pueda usarse para ayudar a sus padres, pero le dice: es corbán, es decir, una ofrenda dedicada a Dios”, 12 ya no necesita ayudar a sus padres. 13 Así desprecian la palabra de Dios, cambiándola por enseñanzas que pasan de padres a hijos, y hacen muchas otras cosas como éstas”.

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Lunes V Semana del Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Marcos 6, 53-56

53 Jesús y sus discípulos cruzaron el lago y llegaron a la región de Genesaret, donde ataron la barca en la orilla. 54 Cuando se bajaron de la barca, la gente reconoció enseguida a Jesús. 55 Así que recorrieron toda esa región, y comenzaron a llevar a los enfermos en sus camillas al lugar donde sabían que estaba Jesús. 56 Donde quiera que fuera, ya sea en las aldeas, en las ciudades y en los campos, ponían a los enfermos en las plazas y le pedían a Jesús que les permitiera tocar al menos el borde de su ropa; y todos los que lo tocaban eran salvados.

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Domingo V del Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Marcos 1, 29-39

29 Poco después de haber salido de la sinagoga, Jesús con Santiago y Juan fueron a la casa de Simón y Andrés. 30 La suegra de Simón estaba en la cama con fiebre. Tan pronto como Jesús llegó, le dijeron que estaba enferma. Él se le acercó, la tomó de la mano y la ayudó a ponerse de pie. La fiebre se le quitó y ella comenzó a servirles.

32 Por la tarde, después del atardecer, trajeron a Jesús a todos los enfermos y a las personas que estaban poseídas por demonios 33 de manera que toda la gente de la ciudad se había reunido frente a la casa. 34 Jesús sanó a muchas personas de todo tipo de enfermedades y expulsó a muchos demonios; Él no dejaba que los demonios hablaran, porque sabían quién era Él.

35 Temprano en la mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la ciudad, se fue a un lugar desierto y se quedó allí rezando. 36 Simón y sus compañeros lo buscaron 37 y cuando lo encontraron, le dijeron: “Todos te están buscando”.

38 Jesús les respondió: “Vamos a otro lugar, a las aldeas cercanas para que yo pueda predicar el Evangelio allí también, porque para esto he venido”.

39 Así caminó por Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando a los demonios.

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Sábado IV Semana del Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Marcos  6, 30-34

30 Los apóstoles regresaron y le contaron a Jesús todo lo que habían hecho y enseñado. 31 Había tanta gente yendo y viniendo, que Jesús y los apóstoles no tenían ni siquiera tiempo para comer. Entonces les dijo: “Vengan conmigo a un lugar desierto para descansar”.

32 Luego fueron solos en la barca a un lugar desierto. 33 Pero mucha gente los vio salir y los reconoció. De todos los pueblos, muchos corrieron a lo largo del lago y llegaron allí antes que ellos. 34 Cuando Jesús bajó de la barca, vio a la multitud y se compadeció de ellos porque parecían ovejas sin pastor. Y comenzó a enseñar muchas cosas.

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Viernes IV Semana del Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Marcos 6, 14-29

14 El rey Herodes Antipas se enteró de todo esto porque la fama de Jesús se había extendido por todas partes. Algunos decían: “¡Este hombre es Juan el Bautista, quien ha resucitado de entre los muertos! Es por eso que tiene el poder de hacer milagros”.

15 Otros decían: “Es Elías”. Pero otros decían: “Es un profeta, como uno de esos antiguos profetas”.

16 Cuando Herodes oyó esto, dijo: “¡Él es Juan, a quien yo ordené cortar la cabeza y ahora ha resucitado!”

17 Porque fue Herodes quien envió a Juan para que lo arrestaran, le ataran las manos y lo arrojaran a la cárcel. Lo había hecho por Herodías, con quien se había casado, a pesar de que ella era la esposa de su hermano Felipe. 18 Por este motivo, Juan le decía a Herodes: “¡No te es permitido casarte con la esposa de tu hermano!”

19 Herodías estaba furiosa con Juan y quería matarlo, pero no podía 20 porque Herodes le tenía miedo, ya que sabía que era un hombre bueno y santo. Por eso Herodes lo protegía, y cuando lo escuchaba hablar, no sabía qué hacer, pero aun así le gustaba escucharlo.

21 El día del cumpleaños de Herodes, llegó la ocasión que Herodías estaba esperando. Ese día, Herodes dio un banquete a las personas importantes de su gobierno: altos funcionarios, líderes militares y funcionarios galileos. 22 Durante el banquete, la hija de Herodías entró al salón y bailó. Herodes y sus invitados disfrutaron mucho del baile. Entonces el rey le dijo a la muchacha: “Pide lo que quieras y te lo daré”.

23 Y él juró: “¡Te prometo que te daré lo que me pidas, incluso la mitad de mi reino!”

24 Ella fue a preguntarle a su madre: ¿Qué puedo pedir?, su madre le contestó: “La cabeza de Juan, el Bautista”.

25 De inmediato, ella regresó donde estaba el rey y le dijo: “¡Quiero la cabeza de Juan el Bautista en un plato ahora mismo!”

26 El rey se puso muy triste, pero debido al juramento que había hecho frente a los invitados, no pudo rechazarla. 27 Inmediatamente envió a un soldado de guardia para que trajera la cabeza de Juan. Éste fue a la cárcel, cortó la cabeza de Juan, 28 la puso en un plato y se la dio a la muchacha. Ella se la entregó a su madre. 29 Cuando los discípulos de Juan se enteraron, vinieron y tomaron su cuerpo y lo enterraron.

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