Calendario

< 2024 >
marzo 24 - marzo 30
  • 24
    03/24/2024

    Domingo de Ramos Ciclo B

    Todo el día
    2024-03-24

    Evangelio según

    San Marcos 14, 1-72. 15, 1-47

    1 Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes ázimos, y los principales sacerdotes y maestros de la Ley estaban buscando una manera de arrestar en secreto a Jesús para matarlo. 2 Por este motivo ellos decían: “No haremos esto durante la fiesta, para que no haya una revuelta de la gente”.

    3 Jesús estaba en Betania, sentado a la mesa en la casa de Simón el leproso, cuando llegó una mujer con una botella hecha de piedra alabastro, llena de perfume de flor de nardo puro muy caro. Ella rompió el cuello de la botella y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. 4 Algunos de los que estaban allí se enojaron y se decían unos a otros: “¡Que desperdicio! 5 Este perfume podría haberse vendido por más de trescientas monedas de plata, o el salario de 300 días, que podría ser entregado a los pobres”. Y así la criticaban duramente; 6 pero Jesús dijo: “Déjenla! ¿Por qué la están molestando? Ella hizo una buena obra conmigo. 7 Porque los pobres siempre se encontrarán con ustedes, y en cualquier momento los pueden ayudar. Pero ustedes no siempre me tendrán. 8 Ella ha hecho lo que pudo, porque antes de mi muerte vino a perfumar mi cuerpo para mi entierro. 9 Ciertamente les digo que en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se hablará de lo que ella ha hecho como un recuerdo de ella”.

    10 Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, fue a hablar con los principales sacerdotes para acordar cómo les entregaría a Jesús. 11 Cuando ellos lo oyeron, se alegraron y prometieron darle dinero. Entonces Judas comenzó a buscar una oportunidad para entregarlo.

    12 El primer día de la fiesta de los panes ázimos, cuando los judíos mataban la ovejas para recordar la Pascua, sus discípulos le preguntaron a Jesús: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”

    13 Entonces Jesús envió a dos discípulos con la siguiente orden: “Vayan a la ciudad. Allí se encontrarán con un hombre que lleva una olla de agua. Síganlo 14 y donde entre díganle al dueño de la casa: ‘el Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación donde yo y mis discípulos vamos a comer la cena de Pascua?’ 15 Luego él les mostrará el piso alto de la casa que es un comedor grande, amueblado y ordenado. Preparen allí todo para nosotros”.

    16 Los dos discípulos fueron a la ciudad y encontraron todo lo que Jesús había dicho. Entonces prepararon la cena de Pascua.

    17 Cuando llegó la tarde, vino con los doce discípulos. 18 Mientras estaban en la mesa en medio de la cena, Jesús dijo: “Ciertamente les digo que uno de ustedes, que come conmigo, me traicionará”.

    19 Ellos comenzaron a entristecerse, y uno por uno comenzaron a preguntarle: “No soy yo, ¿verdad?”

    20 Jesús les respondió: “Es uno de los doce. El que está comiendo en el mismo plato conmigo. 21 Porque el Hijo del Hombre debe morir como ha sido escrito sobre Él, pero ¡ay de aquel hombre que está traicionando al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para ese hombre que nunca hubiera nacido!”

    22 Mientras comían, Jesús tomó el pan y habiéndolo bendecido, lo partió y se los dio, diciendo: “Tomen. Esto es mi cuerpo”

    23 Luego tomando la copa de vino, dio gracias a Dios y la pasó a ellos, y todos bebieron de ella.

    24 Entonces les dijo Jesús: “Esta es mi sangre de la alianza que es derramada por muchos. 25 En verdad les digo que no beberé del fruto de la uva hasta el día que lo beba de nuevo en el Reino de Dios”.

    26 Luego de haber cantado los salmos, se fueron al monte de los Olivos.

    27 Y Jesús les dijo: “Todos ustedes serán escandalizados porque ha sido escrito: Golpearé al pastor, y las ovejas serán dispersadas. 28 Pero después de que yo sea resucitado, iré delante de ustedes a Galilea”.

    29 Entonces Pedro le dijo: “¡Aunque todos serán escandalizados, yo no lo seré!”

    30 Pero Jesús le dijo: “Ciertamente te digo que hoy en la noche, antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces”.

    31 Pero Pedro con insistencia decía: “Aunque sea necesario morir contigo, yo nunca te negaré”. Y de la misma manera decían todos los demás.

    32 Ellos llegaron a un lugar llamado Getsemaní y Jesús dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí mientras voy a orar”.

    33 Entonces tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan, Jesús comenzó a alarmarse y angustiarse, 34 y les dijo: “Mi alma se siente muy triste hasta el punto de la muerte. Quédense aquí y estén alerta”.

    35 Yéndose un poco más lejos, cayó con la cara en el suelo y oraba con la finalidad, de ser posible, se alejara de Él aquella hora; 36 y decía así: “¡Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti! Quítame esta copa de sufrimiento. Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”.

    37 Luego regresó y encontró a los tres discípulos durmiendo. Entonces le dijo a Pedro: “¿Simón, estas durmiendo? ¿No puedes estar despierto una hora? 38 Vigilen y oren para que no entren en la tentación. El espíritu está dispuesto pero la carne es débil”.

    39 De nuevo Jesús se fue y oró, diciendo las mismas palabras. 40 Luego regresó al lugar donde estaban los discípulos y los encontró nuevamente dormidos. Tenían mucho sueño y no podían mantener los ojos abiertos. Y no sabían qué responderle.

    41 Cuando Jesús regresó por tercera vez, les dijo: “¿Siguen durmiendo y descansando?” ¡Suficiente! Ha llegado la hora, ahora mismo el Hijo del Hombre está siendo entregado en las manos de los pecadores. 42 ¡Levántense y vámonos! ¡Miren! Ya se acerca el que me está traicionando”

    43 Jesús todavía estaba hablando cuando repentinamente vino Judas, uno de los doce discípulos, y con él llegó una multitud armada con espadas y palos, que habían sido enviados por los principales sacerdotes, los maestros de la ley y los líderes judíos. 44 El que los iba a entregar había arreglado con ellos una señal. Él les había dicho: “A quien yo bese, ése es, agárrenlo y llévenselo a un lugar seguro”.

    45 Cuando Judas llegó se acercó de inmediato a Jesús y le dijo: “Maestro!” Y lo besó. 46 Entonces ellos lo tomaron y lo arrestaron. 47 Pero uno de los que estaban allí desenvainó su espada, atacó a un sirviente del Sumo Sacerdote y le cortó la oreja.

    48 Entonces Jesús les dijo: “¿Vienen con espadas y palos para arrestarme como si fuera un bandido? 49 Estaba con ustedes todos los días, enseñando en el Templo, y ustedes no me arrestaron. Pero esto está sucediendo para que se cumplan las Sagradas Escrituras.

    50 Entonces todos los discípulos abandonando a Jesús, huyeron.

    51 Un cierto joven envuelto en una sábana seguía a Jesús y algunos trataron de arrestarlo, 52 pero él dejó caer la sábana y huyó desnudo.

    53 Luego llevaron a Jesús a la casa del Sumo Sacerdote, donde se reunieron los principales sacerdotes, algunos líderes de los judíos y algunos maestros de la Ley.

    54 Pedro lo siguió desde lejos y entró en el patio de la casa del Sumo Sacerdote. Se sentó junto al fuego con los guardias para calentarse. 55 Los principales sacerdotes y todo el Alto Concilio del Sanedrín buscaban encontrar alguna acusación contra Jesús para condenarlo a muerte. Pero no obtuvieron ninguna, 56 ya que muchos decían mentiras contra Él, pero sus historias no coincidían entre sí.

    57 Algunos, poniéndose de pie, daban falso testimonio contra Él diciendo: 58 “Nosotros escuchamos cuando dijo: Yo destruiré este Templo que fue construido por manos humanas y en tres días construiré otro no construido por manos humanas.”

    59 Aún así, sus historias no coincidían entre sí.

    60 Entonces el sumo sacerdote se levantó entre ellos y dijo a Jesús: “¿No vas a responder a nada de lo que éstos te acusan?” 61 Pero Jesús guardando silencio y no respondió nada. Entonces el Sumo Sacerdote volvió a preguntar: “¿Eres el Mesías, el Hijo del Dios Bendito?”

    62 Jesús respondió: “Yo soy ¡Y verán al Hijo del Hombre sentado en el lado derecho del Dios Todopoderoso y bajando con las nubes del cielo!”

    63 Entonces el Sumo Sacerdote, rompiendo su túnica, dijo: “¡Qué necesidad tenemos de testigos! 64 ¡Han escuchado la blasfemia! Entonces, ¿qué les parece? Todos ellos lo condenaron como uno que es culpable de muerte.

    65 Entonces algunos comenzaron a escupirle y cubriéndole la cara, le daban puñetazos mientras le decían: “Profetiza”; y los guardias también lo recibieron dándole puñetazos en la cara.

    66 Pedro todavía estaba en el patio cuando apareció una de las sirvientas del Sumo Sacerdote, 67 y cuando ella vio a Pedro calentándose cerca del fuego, lo miró directamente y le dijo: “También tú estabas con Jesús, el nazareno”.

    68 Pero él lo negó, diciendo: “No sé. No entiendo de qué estás hablando”. Salió afuera, hacia la entrada, y un gallo cantó. 69 Cuando la criada vio a Pedro allí, comenzó a decir a los que estaban cerca de ella: “Este hombre es uno de ellos”. 70 Pero lo negó de nuevo. Poco después, las personas que estaban allí le dijeron nuevamente a Pedro: “No hay duda de que eres uno de ellos, porque eres galileo”. 71 Entonces Pedro comenzó a maldecir y a jurar: “No conozco a este hombre de quien hablan”.

    72 Inmediatamente un gallo cantó por segunda vez, y Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: “Antes de que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces”. Entonces Pedro, cayendo al piso, comenzó a llorar.

    1 Tan pronto como amaneció, los principales sacerdotes se reunieron con los líderes de los judíos, con los maestros de la Ley y con todo el Alto Concilio del Sanedrín, y después de atar a Jesús, se lo llevaron y lo entregaron a Pilato. 2 Pilato le preguntó: “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Y respondiéndole Jesús, le dijo: “Tú lo dices”.

    3 Y los principales sacerdotes hacían muchas acusaciones contra Él. 4 Pilato luego hizo otra pregunta: “¿No vas a responder nada? ¡Mira cuántos cargos están haciendo contra ti!” 5 Pero Jesús no decía nada más, y Pilato se sorprendió de esto.

    6 En cada fiesta de Pascua, Pilato solía liberar a uno de los prisioneros a petición del pueblo. 7 En ese momento, un hombre llamado Barrabás fue encarcelado con algunos rebeldes que habían matado a algunas personas en una revuelta. 8 La multitud vino y comenzó a pedirle a Pilato, como siempre, que liberara a un prisionero. 9 Entonces Pilato les contestó: “¿Quieren que les libere al Rey de los judíos?” 10 Porque sabía muy bien que los principales sacerdotes se lo habían entregado por envidia. 11 Pero los principales sacerdotes provocaron al pueblo a pedirle a Pilato que liberara más bien a Barrabás. 12 Pilato volvió a hablar al pueblo, y les decía: “¿Qué quieren que haga con el que llaman el Rey de los judíos?”

    13 Y ellos gritaron de nuevo: “¡Crucifícalo!” 14 Pero Pilato les decía: “¿Qué crimen cometió?”. Pero ellos gritaron aún más fuerte: “¡Crucifícalo!”

    15 Pilato, queriendo complacer a la gente, liberó a Barrabás, como lo habían pedido. Después de hacer azotar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado.

    16 Entonces los soldados llevaron a Jesús al patio interior del palacio del gobernador, llamado Pretorio, y reunieron a toda la tropa. 17 Luego lo vistieron con una capa roja y le pusieron una corona hecha de ramas espinosas. 18 Y comenzaron a saludarlo, diciendo: “¡Viva el Rey de los judíos!”

    19 Le golpeaban la cabeza con un bastón, le escupían y poniéndose de rodillas, fingían que lo estaban adorando. 20 Después de burlarse de Él, le quitaron la capa roja y lo vistieron con su propia ropa. Luego lo sacaron para crucificarlo.

    21 Ellos obligaron a uno que pasaba por allí de regreso del campo, un tal Simón de Cirene, el padre de Alejandro y Rufo, para que cargase su cruz.

    22 Lo llevaron a un lugar llamado Gólgota que es traducido como “Lugar de la calavera”.

    23 Querían darle vino mezclado con mirra, pero Él no lo tomó. 24 Entonces lo crucificaron, y se dividieron sus vestiduras entre ellos, sorteando dados, para ver que se llevaría cada uno. 25 Eran las nueve de la mañana cuando crucificaron a Jesús. 26 Un letrero había sido escrito con la acusación contra Él: “El Rey de los Judíos”.

    27 Con Él también crucificaron a dos ladrones: uno a su derecha y el otro a su izquierda. 28 Así se cumplió la Escritura: “Con los criminales fue contado”

    29 Los que pasaban por allí lo insultaban, sacudiendo la cabeza y le decían: “¡Oye, el que destruye el templo y en tres días lo reconstruyes!” 30 “¡Sálvate a ti mismo, bajando ahora de la cruz!”

    31 De la misma manera los principales sacerdotes junto a los maestros de la ley se burlaban de Él entre ellos, y decían: “¡Salvó a otros, pero no puede salvarse a sí mismo!” 32 “¡El Mesías, el Rey de Israel!, ¡baja ahora de la cruz para que veamos y creamos!” Y los que estaban crucificados con Él también lo insultaban.

    33 Cuando llegó el mediodía, comenzó a oscurecerse, y toda la tierra estuvo tres horas en la oscuridad. 34 A las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerte voz: “¡Eloi, Eloi, lemma sabactani!”, que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

    35 Algunas de las personas allí presentes, después de escucharlo, decían: “¡Mira! ¡Llama a Elías!”.

    36 Alguien corrió y empapó una esponja en vinagre, la puso al final de un bastón y se la dio para que bebiera, diciéndole: “Dejen, veamos si Elías viene para bajarlo”.

    37 Entonces Jesús lanzando un fuerte grito, expiró.

    38 La cortina del Templo se rasgó en dos pedazos de arriba a abajo. 39 El oficial del ejército romano que estaba de pie delante de Él, cuando vio que había muerto de esta manera, dijo: “¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!”

    40 Algunas mujeres también estaban allí, observando desde lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé. 41 Ellas habían acompañado y servido a Jesús desde cuando estaba en Galilea. Además de éstas, había muchas otras mujeres que habían ido con Él a Jerusalén.

    42 Cuando era casi de noche, como era el día de la preparación, es decir, la tarde antes del sábado, 43 vino José de la ciudad de Arimatea quien era un hombre importante del Concilio Superior; él también esperaba la venida del Reino de Dios. Llenándose de valor, fue hacia Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

    44 Pero Pilato se sorprendió al saber que ya había muerto y llamando al oficial romano, le preguntó si ya estaba muerto.45 Después de recibir la información del oficial, Pilato le entregó a José el cuerpo.

    46 Después de haber comprado una sábana de lino, lo bajó de la cruz y lo envolvió en la sábana. Luego lo colocó en una tumba que había sido excavada en la roca y rodó una piedra grande sobre la entrada de la tumba. 47 Mientras María Magdalena y María, la madre de José, observaban dónde era colocado.

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  • 25
    03/25/2024

    Lunes Semana Santa Ciclo B

    Todo el día
    2024-03-25

    Evangelio según

    San Juan 12, 1-11

    1 Seis días antes de la Pascua, Jesús fue al pueblo de Betania, donde vivía Lázaro, quien había estado muerto, y a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. 2 Allí prepararon una cena para Jesús. Marta ayudó a servir, y Lázaro fue uno de los que estaban sentados a la mesa con Él. 3 Entonces María tomó una botella llena de un perfume muy caro, hecho de flor de nardo puro. Lo derramó en los pies de Jesús y se los secó con sus cabellos; y toda la casa se llenó del olor del perfume. 4 Uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que iba a traicionar a Jesús, dijo: 5 “¿Por qué no se vende este perfume por trescientas monedas de plata y así el dinero se le puede dar a los pobres?” 6 Judas dijo esto, no porque le importaban los pobres, sino porque era un ladrón, y ocupándose de la bolsa de dinero, solía agarrar de lo que se echaba en ella.

    7 Entonces Jesús dijo: “Deja a María tranquila. Ella ha guardado el perfume para el día de mi entierro. 8 Los pobres siempre estarán con ustedes, pero Yo no siempre estaré con ustedes”.

    9 Muchos de los judíos se dieron cuenta que Jesús estaba en Betania. Entonces fueron allí no solo por Él, sino también para ver a Lázaro, el hombre que Jesús había resucitado de entre los muertos. 10 Los principales sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, 11 porque debido a él, muchos judíos se estaban separando de ellos y creían en Jesús.

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  • 26
    03/26/2024

    Martes Semana Santa Ciclo B

    Todo el día
    2024-03-26

    Evangelio según

    San Juan 13, 21-33. 36-38

    21 Después de decir esto, Jesús estaba muy angustiado y declaró abiertamente a los discípulos: “En verdad les digo que uno de ustedes me traicionará”.

    22 Los discípulos se miraban los unos a los otros, sin saber de quién estaba hablando. 23 Uno de sus discípulos, aquel a quien Jesús amaba, estaba recostado a la mesa junto al pecho de Jesús, 24 y Simón Pedro le hizo una señal para que le preguntara quien era aquel de quien estaba hablando. 25 Entonces ese discípulo, recostado al pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”

    26 Jesús le contestó: “¡A quien yo le voy a dar un trozo de pan mojado, ése es!” Entonces, mojando un trozo de pan en el plato, se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. 27 Y tan pronto como Judas recibió el pan remojado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo a Judas: “Lo que debes hacer, hazlo rápido”.

    28 Ninguno de los que estaban en la mesa entendió por qué Jesús dijo esto. 29 Como Judas era el responsable de la bolsa del dinero, algunos pensaron que Jesús le había dicho que comprara algo para la fiesta o que le diera algo de limosna a los pobres”.

    30 Judas, después de haber tomado el trozo de pan, se fue de inmediato. Ya era de noche.

    31 Cuando Judas salió de ese lugar, Jesús dijo: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y a través de Él, Dios es glorificado; 32 y si a través de Él, Dios es glorificado, entonces Dios en sí mismo lo glorificará, y lo glorificará muy pronto. 33 Hijitos, no estaré con ustedes por mucho tiempo. Me buscarán, pero como les dije a los judíos: ‘a donde yo voy, ustedes no pueden ir’; de la misma manera ahora se los digo a ustedes”.

    36 Simón Pedro le preguntó a Jesús: “Señor, ¿a dónde vas?” Jesús le respondió: “No me puedes seguir por ahora a donde Yo voy, pero después me seguirás”.

    37 Pedro volvió a preguntarle: “Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? ¡Estoy listo para dar mi vida por ti!”

    38 Jesús le respondió: “¿En serio darás tu vida por mí? Ciertamente te digo que antes de que el gallo cante, habrás dicho tres veces que no me conoces”.

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  • 27
    03/27/2024

    Miércoles Semana Santa Ciclo B

    Todo el día
    2024-03-27

    Evangelio según

    San Mateo 26, 14-25

    14 Entonces uno de los doce discípulos, llamado Judas Iscariote, fue a hablar con los jefes de los sacerdotes, 15 y les dijo: “¿Cuánto me quieren dar si yo se los entrego? Ellos le fijaron treinta piezas de plata. 16 Y desde entonces Judas estaba buscando una oportunidad para entregar a Jesús.

    17 El primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”

    18 Él les respondió: “Vayan a la ciudad, a la casa de un cierto hombre y díganle: ‘El Maestro dice: mi tiempo está cerca. Voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”.

    19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les ordenó y prepararon la cena de Pascua. 20 Cuando anocheció, Jesús se sentó a comer con los doce. 21 Durante la cena, Jesús dijo: “Ciertamente les digo que uno de ustedes me traicionará”.

    22 Estaban profundamente entristecidos y, uno por uno, comenzaron a preguntarle: “¿Acaso soy yo, Señor?”

    23 Él respondiendo, dijo: “El que mete la mano conmigo en el plato, ése me traicionará. 24 Porque el Hijo del Hombre morirá como está escrito sobre Él, pero ¡ay del que traiciona al Hijo del Hombre! ¡Sería mejor para tal hombre que nunca hubiera nacido!”

    25 Entonces respondiendo Judas, el traidor, le preguntó: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le dijo: “Tú lo has dicho”.

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  • 28
    03/28/2024

    Jueves Santo Ciclo B

    Todo el día
    2024-03-28

    Evangelio según

    San Juan 13, 1-15

    1 Faltando poco para la fiesta de Pascua, Jesús sabía que había llegado el momento de dejar este mundo para ir al Padre, y habiendo amado a los suyos que estaban en este mundo, los amó hasta el final.

    2 Jesús y sus discípulos estaban cenando, pero ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de traicionar a Jesús. 3 Jesús sabiendo que el Padre le había dado todo el poder y que Él había salido de Dios e iba a Dios, 4 se levantó, se quitó el manto, tomó una toalla y se la ató a la cintura. 5 Luego puso agua en un recipiente y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla. 6 Pero cuando se acercó a Simón Pedro, él le dijo: “¿Tú me vas a lavar los pies, Señor?”

    7 Jesús le respondió: “Ahora tú no entiendes lo que estoy haciendo, pero luego lo entenderás”.

    8 Pedro le dijo: “¡Nunca me lavarás los pies!” Jesús le respondió: “¡Si no te lavo, ya no serás mi discípulo!”

    9 Simón Pedro le dijo: “¡Entonces, Señor, no me laves los pies solamente, lávame las manos y la cabeza también!”

    10 Jesús le dijo: “La persona que ya se ha lavado, solo necesita lavarse los pies porque ya está limpia. Todos ustedes están limpios, o mejor dicho, todos menos uno”.

    11 Jesús sabía quién era el traidor; por eso dijo: “Todos menos uno”.

    12 Después de lavar los pies de sus discípulos, Jesús volvió a ponerse el manto, se sentó nuevamente a la mesa y les preguntó: ¿Entienden lo que he hecho con ustedes? 13 Ustedes mismos me llaman ‘Maestro’ y ‘Señor’ y tienen razón, porque realmente lo soy. 14 Pero si Yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, entonces también ustedes deben lavarse los pies, los unos a otros. 15 Yo les he dado el ejemplo para que hagan lo mismo que he hecho con ustedes.

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  • 29
    03/29/2024

    Viernes Santo de la Pasión del Señor Ciclo B

    Todo el día
    2024-03-29

    Evangelio según

    San Juan 18, 1-40.  19, 1-42

    1 Después de decir estas cosas, Jesús salió con los discípulos y se fue al otro lado del riachuelo del Cedrón. Allí había un jardín, donde Jesús entró con sus discípulos. 2 Judas, el traidor, también conocía ese lugar porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. 3 Así que Judas, tomando consigo una un grupo de soldados y algunos guardias de los principales sacerdotes y fariseos, fueron al jardín armados y llevando linternas y antorchas. 4 Jesús, sabiendo todas las cosas que le iban a pasar, caminó hacia ellos y les preguntó: “¿A quién están buscando?”

    5 Ellos le respondieron: “¡A Jesús de Nazaret!”

    Jesús les dijo: “¡Yo soy!”

    Judas, el traidor, estaba también con ellos. 6 Cuando Jesús dijo: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron al suelo.

    7 Jesús les preguntó de nuevo: “¿A quién están buscando?” Ellos respondieron de nuevo: “¡A Jesús de Nazaret!”

    8 Jesús dijo: “Ya les he dicho que soy Yo. Si me están buscando a mí, ¡dejen que estos otros se vayan!”

    9 Jesús dijo esto para que se cumpliese lo que había dicho antes: “de todos los que me diste, ninguno perdí”.

    10 Entonces Simón Pedro, quien tenía una espada, la sacó, atacó a un empleado del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El empleado se llamaba Malco. 11Jesús, entonces, le dijo a Pedro: “¡Mete tu espada en la funda! ¿Crees que no beberé la copa de sufrimiento que el Padre me ha dado?”

    12 Entonces el grupo de los soldados, el comandante y los guardias de los judíos arrestaron a Jesús y lo ataron. 13 Luego se lo llevaron primero a la casa de Anás porque él era el suegro de Caifás, quien era el Sumo Sacerdote en ese año. 14 Caifás fue quien había aconsejado a los líderes judíos que lo mejor para ellos era que solo un hombre muriera por el pueblo.

    15 Simón Pedro seguía a Jesús, junto con el otro discípulo. Ese discípulo era conocido por el Sumo Sacerdote y por eso logró entrar al patio de la casa de Anás con Jesús; 16 pero Pedro se quedó afuera, cerca de la puerta. El otro discípulo, conocido por el Sumo Sacerdote, salió y habló con la empleada que estaba encargada de la puerta, y ella dejó entrar a Pedro. 17 Entonces ella le preguntó: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre?” Él le respondió: ¡No los soy!

    18 Debido al frío, los sirvientes y los guardias habían encendido un fuego y estando de pie, estaban calentándose a su alrededor. Pedro también estaba de pie entre ellos, calentándose junto al fuego.

    19 El Sumo Sacerdote le hizo algunas preguntas a Jesús sobre sus seguidores y su enseñanza.

    20 Jesús le respondió: “He hablado con todos en público, y siempre he enseñado en la sinagoga y en el patio del Templo, donde se reúnen todos los judíos, y nunca dije nada en secreto. 21 Entonces, ¿por qué me haces estas preguntas? Pregúntales a los que me han escuchado, ya que saben muy bien lo que les he dicho”.

    22 Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias del Templo que estaba allí lo golpeó en la cara y le dijo: “¿De esta forma le hablas al Sumo Sacerdote?”

    23 Jesús le respondió: “Si he hablado mal, ¡prueba en qué cosa está el mal! Pero si no he hablado mal, ¿por qué me pegas?”

    24 Entonces Anás envió a Jesús atado a Caifás, el Sumo Sacerdote.

    25 Pedro todavía estaba parado allí, calentándose junto al fuego, y algunos de los presentes le preguntaron: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre? Pedro, negándolo, dijo: “¡No lo soy!”

    26 Uno de los empleados del Sumo Sacerdote, un pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja, le preguntó: “¿No te vi yo con Él en el jardín?”

    27 Pedro de nuevo lo negó. Y en ese mismo instante el gallo cantó.

    28 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Era ya temprano en la mañana, y los líderes judíos no entraron al palacio porque querían permanecer puros para poder comer la cena de Pascua. 29 Entonces el gobernador Pilato salió a recibirlos y les preguntó: “¿Qué acusación tienen ustedes contra este hombre?”

    30 Ellos respondieron: “¿Crees que te entregaríamos a este hombre si no hubiera cometido un crimen?”

    31 Pilato dijo: “Tomen a este hombre y júzguenlo ustedes mismos, de acuerdo con su Ley”.

    Luego los judíos le respondieron: “No tenemos autoridad de matar a nadie”.

    32 Esto sucedió para que se cumpliera la palabra que Jesús dijo sobre la manera en que iba a morir.

    33 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”

    34 Jesús le respondió: ¿Estás diciendo esto por ti mismo, o te lo han dicho otras personas de mí?”

    35 Pilato dijo: “¿Soy yo judío por casualidad? Tu propia gente y los principales sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?”

    36 Jesús respondió: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis seguidores lucharían para que Yo no fuera entregado a los líderes judíos. Pero mi Reino no es de este mundo”

    37 Le preguntó Pilato: “¿Entonces tú eres el rey?”

    Jesús le respondió: “¡Tú estás diciendo que yo soy el rey! Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Toda persona que es de la verdad, escucha mi voz”.

    38 Pilato le dijo: “¿Cuál es la verdad?”

    Después de decir esto, Pilato volvió a salir a hablar con la multitud de los judíos y les dijo: “No veo razón para condenar a este hombre. 39 Pero, ustedes tienen la costumbre de que les libere un prisionero en la fiesta de Pascua. ¿Quieren entonces que les libere al rey de los judíos?”

    40 Todos comenzaron a gritar de nuevo: “¡No a ese hombre! ¡Libera a Barrabás!”  Barrabás era un criminal.

    1 En ese momento Pilato, tomando a Jesús, hizo que lo azotaran. 2 Los soldados hicieron una corona de ramas espinosas, se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con una capa roja, 3 diciéndole: “¡Viva el Rey de los judíos!”, y lo golpeaban en la cara.

     4 Pilato volvió a salir y dijo a la multitud: “¡Aquí se los traigo, para hacerles saber que no encuentro ningún delito para condenarlo!”

    5 Entonces Jesús salió con la corona de espinas en la cabeza y vestido con la capa roja. Pilato les dijo: “¡Aquí mismo está el hombre!”

    6 Cuando los principales sacerdotes y los guardias del Templo vieron a Jesús, comenzaron a gritar: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”

    Pilato les dijo: “Ustedes mismos tómenlo y crucifíquenlo porque yo no encuentro ninguna razón criminal para condenar a este hombre”.

    7 Los judíos le respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y de acuerdo a nuestra Ley, este hombre debe morir porque dice ser el Hijo de Dios”.

    8 Cuando Pilato oyó esto, tuvo aún más miedo. 9 Entró nuevamente al palacio y le preguntó a Jesús: “¿De dónde tú eres? Pero Jesús no le respondió. 10 Entonces Pilato le dijo: ¿No quieres hablar conmigo? Recuerda que tengo la autoridad para liberarte como para que te crucifiquen”.

    11 Jesús le respondió: “No tienes ninguna autoridad sobre mí, excepto solo aquella te ha sido dada por Dios. Por tanto, el que me ha entregado a ti, es culpable de un pecado mayor”.

    12 A partir de ese momento, Pilato quería liberar a Jesús, pero los judíos gritaban, diciendo: “Si liberas a ese hombre, ¡no eres amigo del Emperador! ¡Toda persona que se hace rey, es enemigo del Emperador!”

    13 Cuando Pilato oyó esto, sacó a Jesús afuera y se sentó en la sala del tribunal, en el lugar llamado “Acera de piedra”, o “Enlosado”, que en hebreo es “Gabatá”.

    14 Era casi mediodía y era el momento de la preparación de la Pascua. Pilato, entonces, dijo a los judíos: “¡Aquí está su Rey!”

    15 Pero ellos gritaron: “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!”.

    Pilato les preguntó: “¿Quieren ustedes que crucifique a su Rey?”

    Los principales sacerdotes respondieron: “Nuestro único rey es el Emperador”.

    16 Con esto Pilato entregó a Jesús a los soldados para que fuera crucificado. Ellos, entonces, se lo llevaron.

    17 Jesús salió llevando su cruz, yendo al lugar llamado “La Calavera” (que en hebreo se dice “Gólgota”).

    18 Allí los soldados crucificaron a Jesús, y también crucificaron a otros dos hombres, uno a cada lado de Él, estando Jesús en el medio. 19 Pilato también escribió en un letrero la causa de la condena que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”. 20 Muchos de los judíos leyeron el letrero porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad. El letrero estaba escrito en hebreo, griego y latín.

     21 Entonces los principales sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: ‘Rey de los judíos’, sino escribe: ‘Este hombre dijo: yo soy el rey de los judíos’”.

    22 Pilato respondió: “Lo que he escrito, he escrito”.

    23 Después de que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica que era perfecta sin costura, toda tejida en una sola pieza de arriba a abajo. 24 Entonces los soldados se dijeron unos a otros: “No partamos la túnica, sino apostémosla para ver quien se la gana a la suerte”.

    Esto sucedió para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Repartieron mis vestidos entre ellos y sobre mi ropa echaron las suertes” (Ex 12:46; Nm 9:12; Sal 34:20). De esta manera lo hicieron los soldados.

    25 Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,  María, la esposa de Cleofás, y también María Magdalena.

    26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente cerca de ella, le dijo: “Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo”.

    27 Luego le dijo al discípulo: “Aquí está tu madre”. Y a partir de aquella hora, el discípulo la recibió para que se quedara con él.

    28 Después de ese momento, Jesús sabiendo que todo estaba ya consumado, para que se cumpliese lo que dice la Escritura, dijo: “¡Tengo sed!”

    29 Había un jarro lleno de vinagre, entonces ellos mojaron una esponja en el vinagre, pusieron la esponja en un rama de hisopo y le tocaron la boca con ella. 30 Cuando Jesús bebió el vinagre, dijo: “¡Todo está cumplido!”

    Luego bajando la cabeza, murió entregando el espíritu.

    31 Entonces los líderes judíos le pidieron a Pilato que rompiera las piernas de los que habían sido crucificados y que los quitara de las cruces. Porque era el día de la Preparación, y así los cuerpos no quedarían en la cruz en el sábado, pues aquel era el Gran Sábado.

    32 Los soldados, entonces, fueron y rompieron las piernas del primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego rompieron las piernas del otro, 33 pero cuando se acercaron a Jesús, vieron que ya estaba muerto y por eso no le rompieron las piernas. 34 Pero uno de los soldados atravesó el costado de Jesús con una lanza y al instante, salió sangre y agua.

    35 El que vio esto da testimonio, y su testimonio es verdadero, ya que él sabe que dice la verdad para que todos ustedes también crean 36 Estas cosas sucedieron para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Ninguno de sus huesos será roto”. 37 Y de igual manera otro lugar de la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”.

    38 Después de esto, José, de la ciudad de Arimatea, que era un discípulo de Jesús, pero en secreto, porque tenía miedo de los líderes judíos, le pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. Pilato se lo permitió, y José fue y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 Nicodemo, el que había ido a hablar con Jesús por la noche, fue también con José, llevando como unos treinta y cuatro kilos de una mezcla de aloe y mirra. 40 Los dos hombres tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en sábanas sobre las cuales habían extendido esta mezcla de especias aromáticas, como era la costumbre judía de preparar los cuerpos para ser sepultados.

    41 En el lugar donde Jesús había sido crucificado había un jardín, y en ese jardín había una tumba nueva donde aún no se había sepultado a nadie. 42 Pusieron el cuerpo de Jesús allí porque la tumba estaba cerca ya que era la preparación de los judíos.

    TRADUCCIÓN DEL NUEVO EVANGELIZADOR

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  • 30
    03/30/2024

    Sábado Santo Ciclo B

    Todo el día
    2024-03-30

    Evangelio egún

    San Marcos 16, 1-7

    1 Cuando terminó el sábado, María Magdalena, Salomé y María, la madre de Santiago, compraron aromas para ir a perfumar el cuerpo de Jesús. 2 La madrugada del domingo, recién salido el sol, fueron a la tumba, 3 y se decían las unas a las otras: “¿Quién removerá para nosotros la piedra que cierra la entrada a la tumba?”

    4 Pero cuando levantaron los ojos, observaron que la piedra que era muy grande ya había sido removida. 5 Entrando a la tumba, vieron a un joven vestido de blanco sentado en el lado derecho; ellas estaban muy asustadas; 6 pero él les dijo: “No tengan miedo! Buscan a Jesús Nazareno, quien fue crucificado; Él no está aquí, porque ha sido resucitado. Miren el lugar donde lo pusieron. 7 Ahora vayan y díganle a sus discípulos y a Pedro que Él va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como Él se los dijo”.

    TRADUCCIÓN DEL NUEVO EVANGELIZADOR

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