Viernes Santo de la Pasión del Señor Ciclo B

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2024-03-29 Todo el día

Evangelio según

San Juan 18, 1-40.  19, 1-42

1 Después de decir estas cosas, Jesús salió con los discípulos y se fue al otro lado del riachuelo del Cedrón. Allí había un jardín, donde Jesús entró con sus discípulos. 2 Judas, el traidor, también conocía ese lugar porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. 3 Así que Judas, tomando consigo una un grupo de soldados y algunos guardias de los principales sacerdotes y fariseos, fueron al jardín armados y llevando linternas y antorchas. 4 Jesús, sabiendo todas las cosas que le iban a pasar, caminó hacia ellos y les preguntó: “¿A quién están buscando?”

5 Ellos le respondieron: “¡A Jesús de Nazaret!”

Jesús les dijo: “¡Yo soy!”

Judas, el traidor, estaba también con ellos. 6 Cuando Jesús dijo: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron al suelo.

7 Jesús les preguntó de nuevo: “¿A quién están buscando?” Ellos respondieron de nuevo: “¡A Jesús de Nazaret!”

8 Jesús dijo: “Ya les he dicho que soy Yo. Si me están buscando a mí, ¡dejen que estos otros se vayan!”

9 Jesús dijo esto para que se cumpliese lo que había dicho antes: “de todos los que me diste, ninguno perdí”.

10 Entonces Simón Pedro, quien tenía una espada, la sacó, atacó a un empleado del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El empleado se llamaba Malco. 11Jesús, entonces, le dijo a Pedro: “¡Mete tu espada en la funda! ¿Crees que no beberé la copa de sufrimiento que el Padre me ha dado?”

12 Entonces el grupo de los soldados, el comandante y los guardias de los judíos arrestaron a Jesús y lo ataron. 13 Luego se lo llevaron primero a la casa de Anás porque él era el suegro de Caifás, quien era el Sumo Sacerdote en ese año. 14 Caifás fue quien había aconsejado a los líderes judíos que lo mejor para ellos era que solo un hombre muriera por el pueblo.

15 Simón Pedro seguía a Jesús, junto con el otro discípulo. Ese discípulo era conocido por el Sumo Sacerdote y por eso logró entrar al patio de la casa de Anás con Jesús; 16 pero Pedro se quedó afuera, cerca de la puerta. El otro discípulo, conocido por el Sumo Sacerdote, salió y habló con la empleada que estaba encargada de la puerta, y ella dejó entrar a Pedro. 17 Entonces ella le preguntó: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre?” Él le respondió: ¡No los soy!

18 Debido al frío, los sirvientes y los guardias habían encendido un fuego y estando de pie, estaban calentándose a su alrededor. Pedro también estaba de pie entre ellos, calentándose junto al fuego.

19 El Sumo Sacerdote le hizo algunas preguntas a Jesús sobre sus seguidores y su enseñanza.

20 Jesús le respondió: “He hablado con todos en público, y siempre he enseñado en la sinagoga y en el patio del Templo, donde se reúnen todos los judíos, y nunca dije nada en secreto. 21 Entonces, ¿por qué me haces estas preguntas? Pregúntales a los que me han escuchado, ya que saben muy bien lo que les he dicho”.

22 Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias del Templo que estaba allí lo golpeó en la cara y le dijo: “¿De esta forma le hablas al Sumo Sacerdote?”

23 Jesús le respondió: “Si he hablado mal, ¡prueba en qué cosa está el mal! Pero si no he hablado mal, ¿por qué me pegas?”

24 Entonces Anás envió a Jesús atado a Caifás, el Sumo Sacerdote.

25 Pedro todavía estaba parado allí, calentándose junto al fuego, y algunos de los presentes le preguntaron: “¿No eres tú uno de los seguidores de ese hombre? Pedro, negándolo, dijo: “¡No lo soy!”

26 Uno de los empleados del Sumo Sacerdote, un pariente del hombre a quien Pedro le había cortado la oreja, le preguntó: “¿No te vi yo con Él en el jardín?”

27 Pedro de nuevo lo negó. Y en ese mismo instante el gallo cantó.

28 Llevaron a Jesús de la casa de Caifás al palacio del gobernador romano. Era ya temprano en la mañana, y los líderes judíos no entraron al palacio porque querían permanecer puros para poder comer la cena de Pascua. 29 Entonces el gobernador Pilato salió a recibirlos y les preguntó: “¿Qué acusación tienen ustedes contra este hombre?”

30 Ellos respondieron: “¿Crees que te entregaríamos a este hombre si no hubiera cometido un crimen?”

31 Pilato dijo: “Tomen a este hombre y júzguenlo ustedes mismos, de acuerdo con su Ley”.

Luego los judíos le respondieron: “No tenemos autoridad de matar a nadie”.

32 Esto sucedió para que se cumpliera la palabra que Jesús dijo sobre la manera en que iba a morir.

33 Pilato volvió a entrar en el palacio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?”

34 Jesús le respondió: ¿Estás diciendo esto por ti mismo, o te lo han dicho otras personas de mí?”

35 Pilato dijo: “¿Soy yo judío por casualidad? Tu propia gente y los principales sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?”

36 Jesús respondió: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis seguidores lucharían para que Yo no fuera entregado a los líderes judíos. Pero mi Reino no es de este mundo”

37 Le preguntó Pilato: “¿Entonces tú eres el rey?”

Jesús le respondió: “¡Tú estás diciendo que yo soy el rey! Para esto Yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Toda persona que es de la verdad, escucha mi voz”.

38 Pilato le dijo: “¿Cuál es la verdad?”

Después de decir esto, Pilato volvió a salir a hablar con la multitud de los judíos y les dijo: “No veo razón para condenar a este hombre. 39 Pero, ustedes tienen la costumbre de que les libere un prisionero en la fiesta de Pascua. ¿Quieren entonces que les libere al rey de los judíos?”

40 Todos comenzaron a gritar de nuevo: “¡No a ese hombre! ¡Libera a Barrabás!”  Barrabás era un criminal.

1 En ese momento Pilato, tomando a Jesús, hizo que lo azotaran. 2 Los soldados hicieron una corona de ramas espinosas, se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con una capa roja, 3 diciéndole: “¡Viva el Rey de los judíos!”, y lo golpeaban en la cara.

 4 Pilato volvió a salir y dijo a la multitud: “¡Aquí se los traigo, para hacerles saber que no encuentro ningún delito para condenarlo!”

5 Entonces Jesús salió con la corona de espinas en la cabeza y vestido con la capa roja. Pilato les dijo: “¡Aquí mismo está el hombre!”

6 Cuando los principales sacerdotes y los guardias del Templo vieron a Jesús, comenzaron a gritar: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”

Pilato les dijo: “Ustedes mismos tómenlo y crucifíquenlo porque yo no encuentro ninguna razón criminal para condenar a este hombre”.

7 Los judíos le respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y de acuerdo a nuestra Ley, este hombre debe morir porque dice ser el Hijo de Dios”.

8 Cuando Pilato oyó esto, tuvo aún más miedo. 9 Entró nuevamente al palacio y le preguntó a Jesús: “¿De dónde tú eres? Pero Jesús no le respondió. 10 Entonces Pilato le dijo: ¿No quieres hablar conmigo? Recuerda que tengo la autoridad para liberarte como para que te crucifiquen”.

11 Jesús le respondió: “No tienes ninguna autoridad sobre mí, excepto solo aquella te ha sido dada por Dios. Por tanto, el que me ha entregado a ti, es culpable de un pecado mayor”.

12 A partir de ese momento, Pilato quería liberar a Jesús, pero los judíos gritaban, diciendo: “Si liberas a ese hombre, ¡no eres amigo del Emperador! ¡Toda persona que se hace rey, es enemigo del Emperador!”

13 Cuando Pilato oyó esto, sacó a Jesús afuera y se sentó en la sala del tribunal, en el lugar llamado “Acera de piedra”, o “Enlosado”, que en hebreo es “Gabatá”.

14 Era casi mediodía y era el momento de la preparación de la Pascua. Pilato, entonces, dijo a los judíos: “¡Aquí está su Rey!”

15 Pero ellos gritaron: “¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!”.

Pilato les preguntó: “¿Quieren ustedes que crucifique a su Rey?”

Los principales sacerdotes respondieron: “Nuestro único rey es el Emperador”.

16 Con esto Pilato entregó a Jesús a los soldados para que fuera crucificado. Ellos, entonces, se lo llevaron.

17 Jesús salió llevando su cruz, yendo al lugar llamado “La Calavera” (que en hebreo se dice “Gólgota”).

18 Allí los soldados crucificaron a Jesús, y también crucificaron a otros dos hombres, uno a cada lado de Él, estando Jesús en el medio. 19 Pilato también escribió en un letrero la causa de la condena que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”. 20 Muchos de los judíos leyeron el letrero porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad. El letrero estaba escrito en hebreo, griego y latín.

 21 Entonces los principales sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: ‘Rey de los judíos’, sino escribe: ‘Este hombre dijo: yo soy el rey de los judíos’”.

22 Pilato respondió: “Lo que he escrito, he escrito”.

23 Después de que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica que era perfecta sin costura, toda tejida en una sola pieza de arriba a abajo. 24 Entonces los soldados se dijeron unos a otros: “No partamos la túnica, sino apostémosla para ver quien se la gana a la suerte”.

Esto sucedió para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Repartieron mis vestidos entre ellos y sobre mi ropa echaron las suertes” (Ex 12:46; Nm 9:12; Sal 34:20). De esta manera lo hicieron los soldados.

25 Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,  María, la esposa de Cleofás, y también María Magdalena.

26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente cerca de ella, le dijo: “Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo”.

27 Luego le dijo al discípulo: “Aquí está tu madre”. Y a partir de aquella hora, el discípulo la recibió para que se quedara con él.

28 Después de ese momento, Jesús sabiendo que todo estaba ya consumado, para que se cumpliese lo que dice la Escritura, dijo: “¡Tengo sed!”

29 Había un jarro lleno de vinagre, entonces ellos mojaron una esponja en el vinagre, pusieron la esponja en un rama de hisopo y le tocaron la boca con ella. 30 Cuando Jesús bebió el vinagre, dijo: “¡Todo está cumplido!”

Luego bajando la cabeza, murió entregando el espíritu.

31 Entonces los líderes judíos le pidieron a Pilato que rompiera las piernas de los que habían sido crucificados y que los quitara de las cruces. Porque era el día de la Preparación, y así los cuerpos no quedarían en la cruz en el sábado, pues aquel era el Gran Sábado.

32 Los soldados, entonces, fueron y rompieron las piernas del primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego rompieron las piernas del otro, 33 pero cuando se acercaron a Jesús, vieron que ya estaba muerto y por eso no le rompieron las piernas. 34 Pero uno de los soldados atravesó el costado de Jesús con una lanza y al instante, salió sangre y agua.

35 El que vio esto da testimonio, y su testimonio es verdadero, ya que él sabe que dice la verdad para que todos ustedes también crean 36 Estas cosas sucedieron para que se cumpliese lo que dice la Escritura: “Ninguno de sus huesos será roto”. 37 Y de igual manera otro lugar de la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”.

38 Después de esto, José, de la ciudad de Arimatea, que era un discípulo de Jesús, pero en secreto, porque tenía miedo de los líderes judíos, le pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. Pilato se lo permitió, y José fue y se llevó el cuerpo de Jesús. 39 Nicodemo, el que había ido a hablar con Jesús por la noche, fue también con José, llevando como unos treinta y cuatro kilos de una mezcla de aloe y mirra. 40 Los dos hombres tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en sábanas sobre las cuales habían extendido esta mezcla de especias aromáticas, como era la costumbre judía de preparar los cuerpos para ser sepultados.

41 En el lugar donde Jesús había sido crucificado había un jardín, y en ese jardín había una tumba nueva donde aún no se había sepultado a nadie. 42 Pusieron el cuerpo de Jesús allí porque la tumba estaba cerca ya que era la preparación de los judíos.

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  • 2024-06-14 Todo el día

    Evangelio según

    San Mateo 5, 27-32

    27 Han escuchado que se dijo: “No cometas adulterio” (Ex 20:14). 28 Pero yo les digo que quien mira a una mujer con deseo de poseerla ya ha cometido adulterio en su corazón. Entonces, si tu ojo derecho te hace pecar, sácalo y tíralo, porque es mejor perder una parte de tu cuerpo que ser arrojado al infierno. 30 Si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala, porque es mejor perder una parte de tu cuerpo y no que todo el cuerpo vaya al infierno.

    31 También se dijo: “El que repudia a su esposa, le dará un documento de divorcio”. 32 Pero yo les digo que todo hombre que se divorcie de su esposa, excepto en el caso de adulterio, será culpable de hacerla adúltera si se vuelve a casar, y el hombre que se casa con ella también cometerá adulterio”.

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  • 2024-06-15 Todo el día

    Evangelio según

    San Mateo 5, 33-37

    33 También han escuchado que se dijo a los antepasados: “No rompas tu promesa, sino cumple lo que le juraste al Señor”. 34 Pero yo les digo que no juren de ningún modo, ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es la plataforma donde descansan sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey; 36 tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que un mechón de tu cabello se vuelva blanco o negro. 37 Cuando digan “sí” que sea “sí”, y el “no”, sea “no”, porque cualquier otra cosa que digan proviene del maligno.

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  • 2024-06-16 Todo el día

    Evangelio según

    San Marcos 4, 26-34

    26 Jesús seguía diciendo: “El Reino de Dios es como un hombre que sembró la semilla en la tierra. 27 Ya sea que esté despierto o dormido, la semilla brota y crece sin que él sepa cómo sucede. 28 Es la tierra misma la que produce sus frutos: primero aparece la planta, luego la espiga y luego los granos que llenan la espiga. 29 Cuando las espigas están maduras, el hombre comienza a cortarlas con el cuchillo, porque ha llegado el momento de la cosecha”.

    30 También decía: “¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola podemos usar para esto? 31 Es como una semilla de mostaza, que es la más pequeña de todas las semillas. 32 Pero después de ser sembrada, crece mucho hasta que es la más grande de todas las plantas, y sus ramas son tan grandes que las aves hacen nidos bajo su sombra”.

    33 Usando muchas parábolas como éstas, Jesús le hablaba a la gente de una manera que ellos podían entender. 34 Él sólo les hablaba en parábolas, pero en privado les explicaba todo a los discípulos.

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  • 2024-06-17 Todo el día

    Evangelio según

    San Mateo 5, 38-42

    38 Han escuchado que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente” (Ex 21:24; Lv 24:20; Deut 19:21). 39 Pero yo les digo que no se venguen de los que les hacen daño. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. 40 Si alguien te lleva a juicio para quitarte la camisa, deja que también tome la capa. 41 Si uno te obliga a llevar una carga un kilómetro, llévala dos kilómetros. 42 Al que te pida, dale; y al que te pida prestado, no lo rechaces.

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  • 2024-06-18 Todo el día

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    43 Han escuchado que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tus enemigos” (Lv 19:18). 44 Pero yo les digo: amen a sus enemigos y recen por quienes los persiguen, 45 para que puedan convertirse en hijos de su Padre que está en los cielos. Porque Él hace brillar el sol sobre los malos y los buenos, y hace llover tanto sobre los justos e injustos. 46 Porque si aman solo a los que los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¡También los cobradores de impuestos hacen lo mismo! 47 Si solo saludan a sus hermanos, ¿qué están haciendo de más? ¡También los paganos hacen lo mismo! 48 Por tanto, sean perfectos, así como su Padre en los cielos es perfecto”.

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  • 2024-06-19 Todo el día

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    San Mateo 6, 1-6. 16-18

    1 “Tengan cuidado de no hacer su justicia en público para ser vistos por otros. Si lo hacen, no recibirán ninguna recompensa de su Padre en los cielos.

    2 Cuando des limosna, no digas lo que has hecho, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles. Hacen esto para ser felicitados por otros. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. 3 Pero cuando des limosna a alguien, que tu mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha, 4 de esta manera tu limosna estará en secreto, y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará la recompensa.

    5 Cuando oren, no sean como los hipócritas que les gusta rezar de pie en las sinagogas y las esquinas de las calles para ser vistos por otros. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. 6 Pero cuando ores, ve a tu habitación, cierra la puerta y reza a tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará la recompensa.

    16 Cuando ayunen, no hagan una cara triste como lo hacen los hipócritas, porque lo hacen para que todos sepan que están ayunando. Ciertamente les digo que ya han recibido su recompensa. 17 Pero cuando tú ayunes, lávate la cara y peina tu cabello 18 para que otros no sepan que estás ayunando, sino solo tu Padre que está en lo secreto sabrá que estás ayunando, y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará la recompensa

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  • 2024-06-20 Todo el día

    Evangelio según

    San Mateo 6, 7-15

    7 Cuando estén orando, no digan palabras repetidas sin sentido, como hacen los paganos, porque ellos piensan que serán escuchados por su palabrería. 8 No sean como ellos, porque antes de pedir, su Padre ya sabe lo que necesitan. 9 Por tanto, ustedes oren así:

    “Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino, hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra. 11 Danos hoy el pan nuestro de cada día. 12 Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden, 13 y no nos dejes entrar en la tentación, sino líbranos del mal”.

    14 Porque si perdonan a las personas sus faltas, su Padre, en el cielo, también los perdonará a ustedes. 15 Pero si no perdonan a estas personas, tampoco su Padre perdonará a ustedes sus ofensas.

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  • 2024-06-21 Todo el día

    Evangelio según

    San Mateo 6, 19-23

    19 No amontonen para ustedes riquezas aquí en la tierra, donde las polillas y el óxido las destruyen, y donde los ladrones entran y roban. 20 En cambio, amontonen riquezas en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruirlas, y los ladrones no pueden entrar y robarlas. 21 Porque donde estén tus riquezas, allí estará tu corazón.

    22 El ojo es como una lámpara para el cuerpo y si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo está lleno de luz. 23 Pero si tu ojo está malo, tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Entonces, si la luz en ti se convierte en oscuridad, ¡qué terrible será esa oscuridad!

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  • 2024-06-22 Todo el día

    Evangelio según

    San Mateo 6, 24-34

    24 Un esclavo no puede servir a dos amos al mismo tiempo, porque rechazará a uno y preferirá al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y también servir al dinero.

    25 Por eso les digo: “no se intranquilicen por la vida de ustedes: por la comida y la bebida que necesitan para vivir o la ropa que necesitan para vestirse. Después de todo, ¿la vida no es más importante que la comida y el cuerpo no es más importante que la ropa? 26 Miren las aves del cielo que no siembran, no cosechan, ni almacenan alimentos, y sin embargo, su Padre celestial las alimenta. ¿Acaso, no valen ustedes mucho más que los pájaros? 27 O ¿quién de ustedes puede alargar su vida, sin importar cuánto se preocupen por eso?

    28 ¿Y por qué se preocupan por la ropa? Observen cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hacen ropa para sí mismos. 29 Pero les digo que ni siquiera Salomón, que era tan rico, vestía ropas tan hermosas como estas flores.

    30 Si la hierba del campo que hoy está y mañana se echa al horno, Dios la viste de esta manera, entonces, por supuesto, Él también hará mucho más por ustedes, que tienen tan poca fe. 31 Así que no se preocupen, preguntando: “¿Qué vamos a comer?” O “¿Qué vamos a beber?” O “¿Qué ropa vestiremos?” 32 Porque los paganos siempre buscan estas cosas. Su Padre en el cielo sabe que necesitan todas estas cosas. 33 Por tanto, busquen primero el reino de Dios y su justicia, y Él les dará todas estas cosas. 34 Así que no se preocupen por el día de mañana, porque mañana traerá sus propias preocupaciones. Cada día tiene sus propias dificultades”.

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  • 2024-06-23 Todo el día

    Evangelio según

    San Marcos 4, 35-41

    35 Ese día por la tarde, les dijo: “Vamos al otro lado del lago”.

    36 Entonces dejaron allí a la gente, subieron a la barca en la que estaba Jesús y se fueron con Él, mientras otras barcas lo acompañaban. 37 De repente, un viento muy fuerte comenzó a soplar, y las olas chocaron con tanta fuerza sobre la barca que ya se estaba llenando de agua. 38 Jesús estaba durmiendo en la parte de atrás de la barca con la cabeza sobre una almohada. Entonces los discípulos lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿No te importa que muramos?”

    39 En ese momento se levantó, habló con fuerza al viento y dijo al lago: “¡Silencio! ¡Quédate quieto!” El viento se detuvo y todo estuvo en calma. 40 Luego les dijo: “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Todavía no tienen fe?”

    41 Los discípulos tuvieron mucho miedo y se decían unos a otros: “¿Quién es este hombre que hasta el viento y el lago le obedecen?”

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