Miércoles XIX Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Juan 12, 24-26 

24 Ciertamente les digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, seguirá siendo solo un grano; pero si muere, dará mucho fruto. 25 El que ama su vida, la perderá; pero quien no se agarre a su vida en este mundo, ganará la vida eterna. 26 El que quiera servirme, sígame; y donde Yo esté, allí también estará mi servidor. Mi Padre honrará a todos los que me sirven”.

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Martes XIX Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 18, 1-5, 10, 12-14

1 En ese momento los discípulos vinieron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos?”

2 Jesús llamó a un niño, lo colocó delante de ellos 3 y dijo: “Ciertamente les digo que, si no cambian y se convierten como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos. 4 La persona más importante en el Reino de los Cielos es la que se humilla, volviéndose como este niño; 5 y el que recibe un niño como este en mi nombre, me recibe a mí.

10 “¡Tengan cuidado de no despreciar a ninguno de estos pequeños! Porque les digo que en los cielos los ángeles de ellos siempre están en presencia de mi Padre, que está en los cielos.

12 – ¿Qué opinan? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se pierde ¿No deja a las noventa y nueve pastando en la montaña y se va a buscar la oveja perdida? 13 Y si ocurre que la encuentra, ciertamente les digo que estará mucho más feliz por esa oveja que por las noventa y nueve que no se perdieron. 14 De la misma manera, el Padre de ustedes en los cielos tampoco quiere que ninguno de estos pequeños se pierda”.

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Lunes XIX Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 17, 22-27

22 Andando juntos por Galilea, Jesús les dijo: “El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres, 23 y lo matarán; pero al tercer día será resucitado”. Y los discípulos se entristecieron mucho.

24 Cuando Jesús y sus discípulos llegaron a la ciudad de Cafarnaúm, los recaudadores de impuestos del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: “¿Tu maestro no paga el impuesto del Templo?”

25 Respondió Pedro: “¡Sí lo paga!” Entonces Pedro entró en la casa y Jesús se le adelantó diciéndole: “Simón, ¿tú qué opinas? ¿Los reyes de la tierra a quién cobran impuestos y tasas? ¿A sus ciudadanos o los extranjeros?

26 Respondió Pedro: “A los extranjeros”. Jesús dijo: “Entonces los ciudadanos no tienen que pagar. 27 Pero para no ofender a esta gente. ve al lago, tira el anzuelo y saca el primer pez que atrapes. Abriéndole la boca encontrarás una moneda. Entonces ve y paga el impuesto tuyo y mío”.

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Domingo XIX Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 12, 32-48

32 “Mi pequeño rebaño, ¡no tengan miedo! Porque el Padre se complace en darles el Reino. 33 Vendan todo lo que tienen y den limosnas. Háganse bolsas que no se rompan y mantengan un tesoro en los cielos que nunca se termina, porque los ladrones no pueden robarlos allí, y las polillas no pueden destruirlos. 34 Porque donde esté el tesoro de ustedes, allí también estará su corazón”.

35 Jesús les dijo:

Prepárense para todo: sujeten bien su ropa con el cinturón y mantengan las lámparas encendidas. 36 Sean ustedes como los empleados que esperan al jefe, que regresará de la fiesta de bodas. Tan pronto como toque a la puerta, los empleados le abrirán. 37 ¡Felices son aquellos empleados que el jefe encuentra despiertos y preparados! Les digo ciertamente que el jefe mismo se preparará para servirles, les ordenará que se sienten a la mesa y les servirá. 38 Serán felices aquellos empleados, si el jefe los encuentra preparados, incluso si llega a la medianoche o en la madrugada.

39 Sepan que si el dueño de la casa supiera a qué hora vendría el ladrón, no lo dejaría entrar a su casa. 40 Ustedes también manténganse en guardia, porque a la hora que no piensen llegará el Hijo del Hombre”.

41 Entonces Pedro le preguntó: “Señor, ¿es esta parábola solo para nosotros o para todos?”

42 El Señor le respondió:

“¿Quién, entonces, es el empleado fiel y prudente a quien el señor pondrá a cuidar los de su casa para que les dé sus comidas en el momento adecuado? 43 ¡Feliz será ese empleado que hace esto cuando llega el señor! 44 En verdad les digo que lo pondrá a cargo de todos tus bienes. 45 Pero si ese empleado dice en su corazón: ‘Mi señor tardará en regresar’, y empieza a golpear a los empleados y las empleadas, y a comer, a beber y a emborracharse. 46 Entonces el señor de aquel empleado volverá el día en que menos lo espera y a la hora en que menos lo piensa, lo castigará duramente y le dará la misma suerte donde van los traidores”.

47 “El empleado que conoce la voluntad de su señor, pero no se prepara y no hace lo que quiere, será castigado con muchos azotes. 48 Pero el empleado que no la conoce e hizo cosas que merecían castigo, será castigado con pocos azotes. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se le pedirá; y al que mucho le han confiado, más se le exigirá”.

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Sábado XVIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 9, 28b-36

Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a la montaña para orar. 29 Mientras oraba, su rostro cambió de apariencia y su ropa se volvió muy blanca y brillante. 30 De repente, dos hombres aparecieron allí y comenzaron a hablar con Él. Eran Moisés y Elías, 31 quienes aparecieron en gloria y hablaban con Jesús sobre su muerte que Él estaba a punto de cumplir en Jerusalén.

32 Pedro y los otros que estaban con él estaban profundamente dormidos, pero se despertaron y vieron la gloria de Jesús y los dos hombres que estaban con Él. 33 Cuando estos dos hombres se alejaban de Jesús, Pedro dijo a Jesús:

“Maestro, ¡qué bueno es estar aquí! Vamos a hacer tres carpas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías”. Pedro no sabía lo que estaba diciendo. 34 Mientras él seguía hablando, vino una nube que los cubrió de sombra, y al verse tapados por ella tuvieron miedo. 35 Entonces de la nube salió una voz que decía: “Este es mi hijo, el Elegido. ¡Escúchenlo!”

36 Apenas calló la voz, Jesús se encontró solo. Los discípulos guardaron silencio y en esa ocasión no dijeron nada a nadie sobre lo que habían visto.

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Viernes XVIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 16, 24-28

24 Jesús luego le dijo a sus discípulos: “Si alguien quiere ser mi seguidor, olvídese de sí mismo, tome su cruz y sígame; 25 porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa mía, la encontrará.  26 ¿De qué le sirve a alguien ganar el mundo entero, si pierde su vida? Porque no hay nada que alguien pueda pagar para recuperar su vida. 27 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles y entonces recompensará a cada uno según lo que haya hecho. 28 En verdad les digo que aquí hay algunas personas que no morirán antes de ver al Hijo del Hombre venir en su reino”.

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Jueves XVIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 16, 13-23

13 Jesús fue a la región de Cesarea de Filipo y allí preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”

14 Ellos le respondieron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que eres Elías, y otros, que eres Jeremías o uno de los profetas”.

15 Él les dijo: “¿Y ustedes? ¿Quién dicen que soy?”

16 Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente”.

17 Jesús le dijo: “Simón, hijo de Jonás, dichoso tú, porque esta verdad no te fue revelada por ningún ser humano, sino de mi Padre, que está en el cielo. 18 Por tanto, yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y los poderes de la muerte no podrán vencerla. 19 Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que prohíbas en la tierra estará prohibido en el Cielo, y lo que permitas en la tierra estará permitido en el Cielo”.

20 Entonces Jesús ordenó a los discípulos que no le dijeran a nadie que Él era el Mesías.

21 Jesús, desde ese momento, comenzó a decir claramente a los discípulos que era necesario para Él ir a Jerusalén, sufrir muchas cosas a causa de los ancianos, los principales sacerdotes y los maestros de la Ley, ya que iban a matarlo, pero al tercer día sería resucitado.

22 Entonces Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “¡Tenga Dios misericordia de ti, Señor! Eso nunca te acontecerá”.

23 Jesús girándose le dijo a Pedro: “¡Quítate de delante de mí, Satanás! Eres como una piedra de tropiezo en mi camino, porque estás pensando como un ser humano piensa y no como Dios”.

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Miércoles XVIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según 

San Mateo 15, 21-28

21 Jesús se fue de allí y fue a la región que está cerca de las ciudades de Tiro y Sidón. 22 Cierta mujer cananea, que vivía en esa región, se le acercó gritando: “Señor, hijo de David, ten piedad de mí. ¡Mi hija está terriblemente dominada por un demonio!”

23 Pero Jesús no le respondió nada. Entonces los discípulos se acercaron a Él y le rogaron: “¡Envíala lejos, porque ella viene detrás de nosotros gritando!”

24 Jesús respondió: “Fui enviado sólo para las ovejas perdidas del pueblo de Israel”.

25 Entonces ella se arrodilló delante de Él y le dijo: “Señor, ayúdame”.

26 Jesús le dijo: “No es correcto tomar el pan de los niños y tirarlo a los perros”.

27 Pero ella dijo: “Sí, Señor, pero incluso los cachorros comen las migajas que caen debajo de la mesa de sus dueños”.

28 Jesús le respondió: “Mujer, tienes mucha fe. ¡Que se realice lo que quieres! Y en ese momento su hija fue sanada.

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Martes XVIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 14, 22-36

22 Poco después, Jesús ordenó a sus discípulos que se subieran a la barca y fueran delante de Él hacia la otra orilla del lago, mientras Él despedía a la gente. 23 Después de despedir a la gente, Jesús se subió a una montaña para orar a solas, y cuando llegó la noche, Él estaba allí, solo. 24 En ese momento la barca ya estaba a gran distancia de la tierra en el medio del lago golpeada fuertemente por las olas porque el viento soplaba contra ella. 25 Muy temprano en la mañana, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua. 26 Pero cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, se aterrorizaron diciendo: “Es un fantasma”. Y comenzaron a gritar de miedo. 27 En ese momento Jesús les habló exclamando: “¡Anímense! ¡Soy yo! ¡No tengan miedo!

28 Entonces Pedro le dijo: “Si eres tú, Señor, manda que yo vaya hacia ti sobre las aguas”.

29 Él le dijo: “Ven”. Entonces Pedro bajándose de la barca comenzó a caminar sobre las aguas yendo hacia Jesús. 30 Pero cuando sintió la fuerza del viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse, entonces gritó: “¡Sálvame, Señor!”.

31 Inmediatamente Jesús extendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “¡Qué pequeña fe! ¿Por qué dudaste?”

32 Entonces cuando subieron a la barca, el viento se calmó, 33 y los que estaban en la barca lo adoraron, diciendo: “¡Verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios!”

34 Cuando cruzaron al otro lado del lago, llegaron a la región de Genesaret. 35 Allí las personas reconocieron a Jesús y advirtieron a todos en aquella región; por esta razón le llevaron a Él todos los enfermos, 36 y le pedían que los dejara tocar al menos el borde de su manto, y todos los que lo tocaron fueron sanados.

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Lunes XVIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 14, 13-21

13 Cuando Jesús escuchó lo sucedido, se fue de allí en una barca a un lugar desierto y apartado, pero las multitudes descubrieron donde estaba y venían de sus aldeas y lo seguían a pie por tierra. 14 Cuando Jesús salió de la barca, vio la gran muchedumbre y sintió compasión por ellos, por eso sanó a los enfermos que estaban allí.

15 Por la tarde, los discípulos vinieron a Jesús y le dijeron:

“Es tarde, y este lugar es desierto. Despide a la multitud para que puedan ir a las aldeas y comprar algo de comer”.

16 Pero Jesús les dijo: “No tienen que irse. Denles ustedes de comer”.

17 Pero ellos le dijeron: “Solo tenemos aquí cinco panes y dos pescados”.

18 Él les dijo: “tráiganmelos aquí”.

19 Luego envió a la gente a sentarse en la hierba. Entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y rompiendo los panes, se los dio a los discípulos para que los repartieran a la gente. 20 Todos comieron y quedaron satisfechos, y luego se recogieron doce canastas llenas de los pedazos sobrantes. 21 Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

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