Viernes VIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Marcos 11, 11-26

11 Jesús entró a Jerusalén y fue al Templo; después de mirar todo a su alrededor, se fue a Betania con los doce discípulos porque ya era tarde.

12 Al día siguiente, cuando regresaban de Betania, Jesús tuvo hambre. 13 Vio una higuera llena de hojas desde lejos, y fue allí para ver si había higos. Cuando se acercó, encontró solo hojas porque no era el tiempo de higos. 14 Entonces dijo a la higuera: “¡Qué nadie coma nunca tu fruta!”. Y sus discípulos lo estaban escuchando.

15 Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a expulsar a todos los que compraban y vendían allí. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los vendedores de palomas. 16 Y no dejaba que nadie cruzara el templo cargando cosas. 17 Y les enseñaba a todos así: “No ha sido escrito: Mi casa será llamada ‘Casa de Oración‘ para todos los pueblos”. “¡Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones!”

18 Los principales sacerdotes y maestros de la Ley escucharon esto y comenzaron a buscar la manera de matar a Jesús. Pero le tenían miedo porque la gente admiraba su enseñanza.

19 Cuando se hizo de noche, Jesús y los discípulos salieron de la ciudad.

20 Al día siguiente, temprano por la mañana, pasando junto a la higuera, vieron que estaba seca desde la raíz. 21 Entonces Pedro, recordándose, le dijo a Jesús: “Maestro, ¡mira! La higuera que maldijiste se ha secado”.

22 Jesús respondiendo les dijo: “Tengan fe en Dios. 23 Ciertamente les digo que cualquier persona que diga a esta montaña: ‘Quítate y tírate al mar’ y no dude en su corazón, pero crea que lo que dice se está realizando, entonces esto se hará como dijo. 24 Por eso les digo que cuando recen y pidan algo, crean que ya lo han recibido, y así se les será dado. 25 Y cuando se pongan de pie para rezar, perdonen, si tienen algo contra alguien, para que su Padre celestial perdone sus ofensas. 26 Si no perdonan a los demás, su Padre en el cielo tampoco perdonará las ofensas de ustedes”.

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Jueves VIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Marcos 10, 46-52

46 Vinieron a la ciudad de Jericó y cuando Jesús salía de la ciudad con sus discípulos y una gran multitud, un ciego llamado Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto a la carretera pidiendo limosna. 47 Cuando escuchó a alguien decir que era Jesús de Nazaret quien pasaba, el ciego comenzó a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”

48 Muchas personas lo reprendían y le decían que se callara, pero él gritaba aún con más fuerza: “Hijo de David, ¡ten piedad de mí!”

49 Entonces Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Llamaron al ciego y le decían: “¡Ánimo! ¡Levántate porque te está llamando!”

50 Bartimeo, arrojando su manto, se levantó saltando y fue al lugar donde estaba Jesús.

51 Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le dijo: “Maestro, ¡que pueda ver!

52 Jesús le dijo: “Vete ¡tu fe te ha salvado!” De inmediato comenzó a ver y seguía a Jesús por el camino.

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Miércoles VIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Marcos 10, 32-45

32 Jesús y sus discípulos fueron por el camino subiendo hacia Jerusalén. Él iba delante de ellos y los discípulos, asombrados, iban detrás de él, y los que lo seguían tenían miedo. Entonces, Jesús nuevamente tomando a los doce aparte, comenzó a hablar sobre lo que le iba a pasar:

33 “¡Miren! Vamos subiendo a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y maestros de la Ley. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los no judíos. 34 Se burlarán de Él, lo escupirán, lo golpearán y lo matarán; pero después de tres días resucitará”.

35 Entonces Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, vinieron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos otorgues lo que te pidamos”.

36 Él les dijo: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”

37 Ellos le contestaron: “Cuando te sientes en el trono de tu glorioso Reino, deja que uno de nosotros se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda”.

38 Pero Jesús les dijo: “No saben lo que estás pidiendo. ¿Pueden beber la copa que tomaré y ser bautizados con el bautismo que voy a recibir?”

39 Ellos le dijeron: “Podemos”. Pero Jesús les dijo: “De hecho, beberán la copa que yo beberé y recibirán el bautismo con el que seré bautizado. 40 Pero el sentarse a mi derecha o mi izquierda no es para mí concederlo, sino para quienes ha sido preparado”.

41 Cuando los otros diez discípulos escucharon esto, comenzaron a enojarse con Santiago y Juan. 42 Entonces Jesús los llamó a todos y les dijo: “Como saben, los gobernantes de los pueblos paganos tienen autoridad sobre ellos y los gobiernan. 43 Pero no puede ser así entre ustedes. Por el contrario, quien quiera ser el más importante, debe ser el servidor de los demás, 44 y quién quiera ser el primero, deberá ser el esclavo de todos. 45 Porque ni siquiera el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir y dar su vida como redención de muchos”.

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Martes VIII Semana Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Marcos 10, 28-31

28 Entonces Pedro comenzó a decirle: “¡Mira! Nosotros dejamos todo y te hemos seguido”.

29 Jesús respondió: “Ciertamente les digo que el que, a causa de mí y del Evangelio, haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o tierras 30 recibirá cien veces más, incluso en esta vida: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras con persecuciones, y en el mundo que viene la vida eterna. 31 Muchos de los que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos de los que ahora son los últimos serán los primeros”.

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Lunes VIII Semana del Tiempo Ordinario Ciclo B

Evangelio según

San Juan 19, 25-34

25 Cerca de la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,  María, la esposa de Cleofás, y también María Magdalena.

26 Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien Él amaba, que estaba presente cerca de ella, le dijo: “Mujer, aquí mismo tienes a tu hijo”.

27 Luego le dijo al discípulo: “Aquí está tu madre”. Y a partir de aquella hora, el discípulo la recibió para que se quedara con él.

28 Después de ese momento, Jesús sabiendo que todo estaba ya consumado, para que se cumpliese lo que dice la Escritura, dijo: “¡Tengo sed!”

29 Había un jarro lleno de vinagre, entonces ellos mojaron una esponja en el vinagre, pusieron la esponja en un rama de hisopo y le tocaron la boca con ella. 30 Cuando Jesús bebió el vinagre, dijo: “¡Todo está cumplido!”

Luego bajando la cabeza, murió entregando el espíritu.

31 Entonces los líderes judíos le pidieron a Pilato que rompiera las piernas de los que habían sido crucificados y que los quitara de las cruces. Porque era el día de la Preparación, y así los cuerpos no quedarían en la cruz en el sábado, pues aquel era el Gran Sábado.

32 Los soldados, entonces, fueron y rompieron las piernas del primer hombre que había sido crucificado con Jesús y luego rompieron las piernas del otro, 33 pero cuando se acercaron a Jesús, vieron que ya estaba muerto y por eso no le rompieron las piernas. 34 Pero uno de los soldados atravesó el costado de Jesús con una lanza y al instante, salió sangre y agua.

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Domingo de Pentecostés Ciclo B

Evangelio según

San Juan 20, 19-23

19 En ese mismo día, el primer día de la semana, el domingo, cuando llegó la noche, los discípulos de Jesús estaban reunidos en un lugar con las puertas cerradas, porque tenían miedo de los líderes judíos. Entonces Jesús vino, se paró en el medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!”

20 Después de haberles dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos estaban muy felices de ver al Señor. 21 Entonces Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes! Así como el Padre me envió, yo también los envío”.

22 Habiendo dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. 23 Si perdonan los pecados de alguien, esos pecados le son perdonados; pero si no los perdonan, esos pecados no serán perdonados”.

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Sábado VII Semana de Pascua Ciclo B

Evangelio según

San Juan 21, 20-25

20 Pedro, entonces, se dio la vuelta y vio al discípulo que Jesús amaba que los estaba siguiendo. Él era el mismo que se había recostado al pecho de Jesús durante la cena de Pascua y le había preguntado: “Señor, ¿quién es el traidor?” 21 Cuando Pedro vio a ese discípulo, le preguntó a Jesús: “¿Qué dices, Señor, sobre este discípulo?”

22 Jesús le respondió: “Si quiero que él viva hasta cuando yo regrese, ¿qué tienes tú que ver con eso? ¡Tú sígueme!”

23 Por eso se corrió la voz entre los hermanos de que ese discípulo no iba a morir. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: “Si quiero que él viva hasta cuando yo regrese, ¿qué tienes tú que ver con eso?”

24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las escribió; además sabemos que su testimonio es verdadero.

25 Todavía hay muchas otras cosas que hizo Jesús, pero si todas se pusieran por escrito, una por una, pienso que ni siquiera en el mundo no cabrían los libros que se podrían escribir.

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Viernes VII Semana de Pascua Ciclo B

Evangelio según

San Juan 21, 15-19

15 Cuando terminaron de comer, Jesús le preguntó a Simón Pedro:

“Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que ellos?”

Pedro le respondió: “¡Sí, Señor! ¡Tú sabes que te quiero!”

Entonces Jesús le dijo: “¡Cuida de mis corderos!”

16 Jesús le preguntó por segunda vez:

“Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?”

Pedro le respondió: “¡Sí, Señor! ¡Tú sabes que te quiero!”

Y Jesús le dijo: “¡Cuida de mis ovejas!”

17 Jesús le preguntó por tercera vez:

“Simón, hijo de Jonás, ¿me quieres?

Entonces Pedro se entristeció porque Jesús le preguntó tres veces: “¿Me quieres?” Y él le respondió: “¡Señor, tú lo sabes todo y tú sabes que te quiero!

Jesús le dijo: “¡Cuida de mis ovejas!”.

18 “Ciertamente te digo que cuando eras más joven, te vestías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás tus manos y alguien te atará y te llevará a donde no quieras ir”.

19 Jesús dijo esto porque estaba dando a entender cómo iba a morir Pedro para dar gloria a Dios. Después de haber hablado sobre esto, Jesús le dijo: “¡Sígueme!”

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Jueves VII Semana de Pascua Ciclo B

Evangelio según

San Juan 17, 20-26

20 “Pido no solo por ellos, sino también por las personas que van a creer en mí a través del mensaje de ellos. 21 Te pido que todos sean uno, así como Tú, oh Padre, estás unido a mí, y Yo estoy unido a ti, para que ellos también estén unidos con nosotros y para que el mundo pueda creer que Tú me has enviado. 22 De la gloria que me diste, Yo la he compartido con ellos para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23 Yo estoy unido a ellos, y Tú estás unido a mí, para que sean perfectos en la unidad, para que así el mundo conozca que Tú me enviaste y que has amado a mis seguidores como también a mí me has amado”.

24 “Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde quiera que Yo esté, para que puedan ver mi gloria, que me has dado; porque me has amado antes de la creación del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero Yo te conozco; y los que me diste saben que Tú me enviaste. 26 Les he dado a conocer tu nombre y continuaré dándolo a conocer para que el amor con el que me has amado esté en ellos y Yo también esté en ellos”.

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Miércoles VII Semana de Pascua Ciclo B

Evangelio según

San Juan 17, 11-19

11 Ahora ya no estoy en el mundo, pero ellos están en el mundo, y Yo voy hacia ti. Padre Santo, las personas que me has dado, guárdalas en tu nombre para que sean uno, así como nosotros somos uno. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, Yo los cuidaba por el poder de tu nombre; a los que me diste, Yo los cuidé y ninguno se perdió, solo el que ya se iba a perder para que se cumpliese la Escritura”.

13 Ahora voy hacia ti y hablo de esto mientras estoy en el mundo para que tengan mi alegría completa en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra, pero el mundo los odió porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. 15 No te pido que los saques del mundo, sino que los cuides del mal. 16 Así como yo no soy del mundo, tampoco ellos no son del mundo. 17 Que sean santificados en tu verdad; tu palabra es la verdad. 18 De la misma manera como Tú me enviaste al mundo, Yo también los he enviado al mundo. 19 Por medio de ellos, Yo me santifico a mí mismo para que también ellos sean santificados en la verdad”.

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