Miércoles XXII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 4, 38-44

38 Jesús, levantándose, salió de la sinagoga y fue a la casa de Simón. La suegra de Simón estaba muy enferma, postrada con una fuerte fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. 39 Él se inclinó hacia ella y le dio una orden a la fiebre y la fiebre la dejó y, al instante se levantó y comenzó a servirles.

40 Al anochecer, todos los que tenían amigos enfermos de varias dolencias los llevaron a Jesús, y Él, al poner sus manos sobre cada uno de ellos, los curaba. 41 También los demonios salieron de muchas personas, dando gritos y diciendo: “¡Tú eres el Hijo de Dios!”. Pero Él los reprendía y no los dejaba hablar porque sabían que Jesús era el Mesías.

42 Cuando amaneció, Jesús salió de la ciudad y se fue a un lugar desierto, pero las multitudes lo buscaban. Acudían a Él y lo detenían porque no querían que se apartara de ellos. 43 Pero Jesús les decía: “También debo anunciar el Evangelio del Reino de Dios en otras ciudades, porque fue para hacer esto que he sido enviado por Dios”.

44 Él iba predicando por las sinagogas de Judea.

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Martes XXII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 4, 31-37

31 Entonces Jesús fue a Cafarnaúm, una ciudad de Galilea, y allí les enseñaba los sábados. 32 Estaban muy asombrados de su enseñanza, porque su palabra tenía autoridad. 33 Había un hombre en la sinagoga que estaba dominado por el espíritu impuro de un demonio y él gritó con gran voz:

34 “¡Oye, Jesús de Nazaret! ¿Qué quieres de nosotros? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé muy bien quién eres: ¡el Santo de Dios!”

35 Entonces Jesús lo reprendió diciendo: “¡Cállate y sal de él!”

Frente a todos, el demonio arrojó al hombre al suelo y lo dejó sin causarle ninguna lesión. 36 Todos quedaron asombrados y se dijeron unos a otros: “¿Qué palabra es ésta? Porque con autoridad y poder expulsa a los espíritus impuros y se van”

37 Y su fama se extendía por cada lugar de la región.

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Lunes XXII Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 4, 16-30

16 Jesús fue a la ciudad de Nazaret, donde había crecido, y el sábado, según su costumbre, fue a la sinagoga y se levantó para leer. 17 Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, encontró el lugar donde estaba escrito:

18 “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para traer la buena noticia a los pobres y me envió a anunciar la libertad a los prisioneros, la vista a los ciegos, para liberar a los oprimidos 19 y anunciar que ha llegado el año favorable del Señor” (Isa 61:1-2; 58:6).

20 Jesús cerró el libro, se lo entregó al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todas las personas allí estaban mirando a Jesús sin apartar la vista sobre Él. 21 Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido esta Escritura en sus oídos”.

22 Todos hablaban bien de Jesús y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de su boca, y decían: “¿No es éste el hijo de José?”

23 Entonces Jesús les dijo: “Sin duda me repetirán el dicho: ‘Médico, cúrate a ti mismo. Hemos oído todas las cosas que sucedieron en Cafarnaúm, ahora haz lo mismo aquí, en tu propia ciudad”.

24 Él dijo: “Ciertamente les digo que ningún profeta es bienvenido en su propia tierra. 25 Pero en verdad les digo que había muchas viudas en Israel en la época del profeta Elías, cuando no llovió durante tres años y seis meses, y hubo mucha hambre en toda la tierra, 26 pero Dios no envió a Elías a ninguna de las viudas que vivían en Israel, sino solo a una viuda que vivía en Sarepta de Sidón (1 Re 17:9). 27 También había muchos leprosos en Israel en la época del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino solo Naamán el sirio fue sanado” (2 Re 5:14).

28 Cuando oyeron estas cosas, todos en la sinagoga estaban muy enojados; 29 se levantaron, arrastraron a Jesús fuera de la ciudad y lo llevaron a la cima de la montaña donde se construyó la ciudad, para arrojarlo allí; 30 pero Él pasó a través del medio de ellos y se fue.

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Domingo XXII Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 14, 1.7-14

1 Un sábado, Jesús entró a la casa de un líder fariseo para comer y las personas que estaban allí observaban a Jesús con mucho cuidado.

7 Jesús observando cómo los invitados elegían los mejores asientos en la mesa, les contó esta parábola:

8 “Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el primer lugar, porque puede ser que alguien más distinguido que tú haya sido invitado, 9 y por tanto, viniendo el que ha invitado a los dos te diga: ‘Dale tu lugar a éste’, y luego tendrás que ir con vergüenza a sentarte en el último asiento. 10 Por el contrario, cuando seas invitado, ve y siéntate en el último lugar para que cuando venga quien te invitó diga: ‘Amigo, ven y siéntate aquí en un lugar mejor’. Entonces será un gran honor para ti frente a todos los invitados, 11 porque el que se engrandece será humillado, pero el que se humilla será engrandecido”.

12 Jesús también le dijo al hombre que lo había invitado:

“Cuando hagas una comida o cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes ni a tus vecinos adinerados, porque seguramente también ellos te volverán a invitar y así te pagarán por la amabilidad que les has hecho. 13 Pero cuando hagas un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos, 14 y serás bendecido, porque ellos no podrán pagar por lo que les has hecho, pero Dios te pagará en el día de la resurrección de los justos”.

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Sábado XXI Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 25, 14-30

14 “De mismo modo, el Reino de los Cielos es como un hombre que, yéndose lejos, llamó a sus empleados y los puso a cuidar su propiedad. 15 Y les dio dinero según la capacidad de cada uno: a uno le dio cinco mil monedas de oro, al otro dos mil monedas de oro, y a otro mil monedas de oro; luego se fue de viaje. 16 Habiéndose ido, el empleado que había recibido cinco mil monedas de oro se fue rápidamente, hizo negocios con el dinero y obtuvo otras cinco mil. 17 Del mismo modo, el que había recibido dos mil monedas de oro obtuvo otras dos mil. 18 Pero el que había recibido mil monedas de oro salió, hizo un agujero en el suelo y escondió el dinero del propietario.

19 Después de mucho tiempo, el señor de aquellos empleados regresó y arregló cuentas con ellos. 20 El empleado que había recibido cinco mil monedas de oro llegó y le entregó cinco mil más, diciendo: ‘Me diste cinco mil monedas de oro. ¡He aquí otras cinco mil monedas de oro que logré ganar!’

21 Y su señor le dijo: ‘Muy bien, empleado bueno y fiel. Fuiste fiel con lo poco, así que te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la alegría de tu Señor!’ 22 Llegó también el empleado que había recibido dos mil monedas de oro y le dijo: ‘Me diste dos mil monedas de oro. ¡He aquí otras dos mil más que logré ganar’! 23 Su señor le dijo: ‘Muy bien, empleado bueno y fiel. Fuiste fiel con lo poco, así que te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la alegría de tu Señor!’

24 Luego también llegó el empleado que había recibido mil monedas de oro y dijo: ‘Sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no plantaste y recoges donde no sembraste, 25 por este motivo tuve miedo, fui y entonces escondí tu dinero en la tierra. ¡He aquí lo que es tuyo!’

26 Respondiéndole su señor, le dijo: ‘¡Empleado malo y vago! Sabías que cosecho donde no planté y recojo donde no sembré. 27 Por este motivo te convenía haber depositado mi dinero con los banqueros, y regresando yo, lo habría recibido con intereses’.28 ‘Tomen el dinero de él y dénselo al que tiene diez mil monedas. 29 Porque al que tiene mucho, le será dado más y, por tanto, tendrá más; pero al que no tenga, incluso lo poco que tiene le será quitado, 30 y arrojen al empleado inútil en la oscuridad de afuera; allí será el llanto y rechinar de dientes”.

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Viernes XXI Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 6, 17-29

17 Porque fue Herodes quien envió a Juan para que lo arrestaran, le ataran las manos y lo arrojaran a la cárcel. Lo había hecho por Herodías, con quien se había casado, a pesar de que ella era la esposa de su hermano Felipe. 18 Por este motivo, Juan le decía a Herodes: “¡No te es permitido casarte con la esposa de tu hermano!”

19 Herodías estaba furiosa con Juan y quería matarlo, pero no podía 20 porque Herodes le tenía miedo, ya que sabía que era un hombre bueno y santo. Por eso Herodes lo protegía, y cuando lo escuchaba hablar, no sabía qué hacer, pero aun así le gustaba escucharlo.

21 El día del cumpleaños de Herodes, llegó la ocasión que Herodías estaba esperando. Ese día, Herodes dio un banquete a las personas importantes de su gobierno: altos funcionarios, líderes militares y funcionarios galileos. 22 Durante el banquete, la hija de Herodías entró al salón y bailó. Herodes y sus invitados disfrutaron mucho del baile. Entonces el rey le dijo a la muchacha: “Pide lo que quieras y te lo daré”.

23 Y él juró: “¡Te prometo que te daré lo que me pidas, incluso la mitad de mi reino!”

24 Ella fue a preguntarle a su madre: ¿Qué puedo pedir?, su madre le contestó: “La cabeza de Juan, el Bautista”.

25 De inmediato, ella regresó donde estaba el rey y le dijo: “¡Quiero la cabeza de Juan el Bautista en un plato ahora mismo!”

26 El rey se puso muy triste, pero debido al juramento que había hecho frente a los invitados, no pudo rechazarla. 27 Inmediatamente envió a un soldado de guardia para que trajera la cabeza de Juan. Éste fue a la cárcel, cortó la cabeza de Juan, 28 la puso en un plato y se la dio a la muchacha. Ella se la entregó a su madre. 29 Cuando los discípulos de Juan se enteraron, vinieron y tomaron su cuerpo y lo enterraron.

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Jueves XXI Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 24, 42-51

42 Vigilen, porque no saben qué día vendrá su Señor. 43 Recuerden esto: si el dueño de la casa supiera cuándo iba a llegar el ladrón, vigilaría y no dejaría que su casa fuera forzada. 44 Por esta razón, también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del Hombre llegará en un momento que no piensen”.

45 “¿Quién es, por tanto, el empleado fiel y prudente que puso su jefe a cargo de sus demás empleados, para proporcionarles la comida en el momento adecuado? 46 ¡Feliz ese empleado que hace esto cuando llega su jefe! 47 Ciertamente les digo que lo pondrá a cargo de todos tus bienes. 48 Pero si el empleado es malo y pensara: ‘Mi jefe está tardando en volver’, 49 y comienza a maltratar a sus compañeros, y se pone a beber y a comer con los borrachos. 50 El jefe de aquel empleado volverá el día en que menos lo espere y a la hora que no conoce; 51 entonces el jefe lo castigará severamente y le asignará la misma suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

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Miércoles XXI Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 23, 27-32

27 “¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Porque son como tumbas blanqueadas, que por fuera se ven hermosas, pero por dentro están llenas de huesos muertos y de podredumbre. 28 Así también están ustedes por fuera, pero por dentro están llenos de mentiras y pecados”.

29 “¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Porque construyen bellas tumbas para los profetas y adornan los monumentos de las personas justas, 30 y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en la época de nuestros antepasados, no hubiéramos sido cómplices en derramar la sangre de los profetas’. 31 De esta manera ustedes confirman que son descendientes de los que mataron a los profetas 32 y así ustedes colman la medida de lo que sus antepasados comenzaron”.

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Martes XXI Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 23, 23-26

23 “¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Porque le dan a Dios una décima parte incluso de la menta, del hinojo y del comino, pero no obedecen los mandamientos más importantes de la Ley sobre la justicia, la misericordia y fidelidad que son las cosas que debían haber practicado, sin descuidar las otras. 24 Guías ciegos que cuelan un mosquito, pero luego se tragan un camello”.

25 “¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Porque limpian el vaso y el plato por fuera, pero por dentro están llenos de malversación y vicio. 26 ¡Fariseo ciego! ¡Primero limpia el interior del vaso y del plato, para que luego el exterior quede también limpio!”

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Lunes XXI Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Mateo 23, 13-22

13 “¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Porque cierran la puerta del Reino de los Cielos a los demás, y ni entran ustedes y tampoco permiten entrar a quienes están comenzado a entrar”.

14 “¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! ¡Porque se devoran las posesiones de las viudas y como excusa de esto hacen largas oraciones! Por este motivo ustedes recibirán una mayor condenación”.

15 “¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, hipócritas! Porque cruzan el mar y viajan por toda la tierra para convertir un adepto a su religión y cuando lo logran, hacen que esa persona sea dos veces más digna del infierno que ustedes”.

16 “¡Ay de ustedes, guías ciegos! Porque dicen: ‘Si alguien jura por el Templo, no está obligado a guardar tal juramento; pero si alguien jura por el oro del Templo, entonces está obligado a hacer lo que ha jurado’. 17 ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el Templo que santifica el oro?

18 O también, ‘si alguien jura por al altar, no está obligado a guardar el juramento; pero si alguien jura por la ofrenda que está sobre el altar, entonces está obligado a hacer lo que ha jurado’.19 ¡Ciegos! ¿Qué es más importante: la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? 20 Por tanto, cuando alguien jura por el altar, está jurando por el altar y por todo lo que está sobre él, 21 y el que jura por el Templo, está jurando por el Templo y por Dios que habita en él; 22 y el que jura por el cielo, está jurando por el trono de Dios y por Aquél que está sentado sobre él”.

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