Miércoles IV Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 6, 1-6

1 Jesús salió de allí y regresó a su tierra y sus discípulos lo seguían. 2 Cuando llegó el sábado, Él comenzó a enseñar en la sinagoga. Muchos de los que lo escuchaban se sorprendían y decían: “¿De dónde saca este hombre todo esto? ¿De dónde viene su sabiduría? ¿Cómo hace estos milagros con sus manos? 3 ¿No es Él el carpintero, hijo de María? ¿No es hermano de Santiago (o Jacobo), de José, de Judas y de Simón? ¿Sus hermanas no están aquí entre nosotros? Ellos estaban desilusionados con Él debido a esto.

4 Pero Jesús les dijo: “Un profeta es respetado en todas partes, excepto en su tierra, entre sus parientes y en su propia casa”.

5 No pudo hacer milagros allí (en Nazaret), sino sanar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. 6 Y se maravillaba por su falta de fe. Sin embargo, Jesús recorría las aldeas cercanas, enseñando.

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Martes IV Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 5, 21-43

21 Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, y mucha gente vino a su encuentro, reuniéndose a su alrededor, así que Él se quedó junto a la orilla. 22 Entonces uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, vino y viendo a Jesús, se postró a sus pies. 23 Le rogaba insistentemente: “Mi hijita se está muriendo! ¡Ven conmigo y pon tus manos sobre ella para que se sane y viva!”.

24 Jesús fue con él y una gran multitud lo seguía y lo apretujaba por todos lados.

25 Pero una mujer que había estado sangrando durante doce años estaba entre la multitud. 26 Ella había gastado todo lo que tenía, tratándose con muchos médicos y esto la hacía sufrir mucho ya que en vez de mejorar, se había empeorado cada vez más. 27 Cuando escuchó hablar de Jesús, vino entre en la multitud y, alcanzándolo por detrás, le tocó su manto, 28 porque pensaba: “Si solo toco su manto, seré salvada”. 29 De inmediato dejó de sangrar, y se dio cuenta en su cuerpo que había sido sanada de la enfermedad.

30 De repente Jesús, dándose cuenta qué poder había salido de Él, se volvió hacia la multitud y preguntaba: “¿Quién tocó mi ropa?”

31 Los discípulos le decían: “Ves cómo estas personas te aprietan por todos lados y todavía preguntas: ¿Quién me ha tocado?

32 Pero Él siguió mirando a su alrededor para ver quién lo había hecho. 33 Entonces la mujer, sabiendo lo que le había sucedido, se arrojó a sus pies, temblando de miedo, y lo contó todo. 34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha sanado. Ve en paz; eres libre de tu sufrimiento”.

35 Jesús todavía estaba hablando, cuando vinieron algunos sirvientes de la casa de Jairo, jefe de la sinagoga, para decirle: “Tu hija murió. No molestes más al Maestro”.

36 Pero Jesús, después de haber escuchado la noticia, le dijo al jefe de la sinagoga: “No tengas miedo, solo ten fe”.

37 Jesús no permitió que nadie fuera con Él, solo Pedro, Santiago (llamado Jacobo) y Juan, el hermano de Santiago. 38 Cuando entraron a la casa del jefe de la sinagoga, Jesús encontró desorden allí, con todos los que estaban llorando y gritando. 39 Entrando les dijo: “¿Por qué tanto llanto y tanto desorden? La niña no murió, ella está durmiendo”.

40 Entonces comenzaron a burlarse de Él, pero Jesús echando todos afuera, tomó al padre de la niña, la madre y los que estaban con Él, y entró donde estaba la niña. 

41 Tomándola de la mano,  le dijo: “Talitá kum!”. Esto significa “Chiquilla, te digo: ¡Levántate!”.

42 Al instante, la niña, que tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar y todos estaban muy asombrados. 43 Entonces les ordenó estrictamente que no contaran esto, y les dijo que le dieran de comer a la niña.

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Lunes IV Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 5, 1-20

1 Jesús y los discípulos llegaron a la región de Gerasa, en el otro lado del lago de Galilea. 2 Tan pronto como Jesús salió de la barca, un hombre vino a su encuentro desde las tumbas, estando poseído por un espíritu maligno. 3 El hombre vivía en las tumbas y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4 Muchas veces le habían atado las manos y los pies con esposas y cadenas de hierro, pero él las rompía y nadie podía dominarlo. 5 Pasaba días y noches en las colinas y entre las tumbas, gritando y golpeándose con piedras. 6 Pero viendo a Jesús desde lejos, corrió, cayó de rodillas delante de Él 7 y gritó fuertemente: “¡Jesús, Hijo del Dios Altísimo! ¿Qué tengo yo que ver contigo? ¡No me atormentes!”

8 Decía esto porque Jesús le había ordenado: “¡Espíritu maligno, sal de este hombre!”

9 Jesús le preguntó: “¿Cómo te llamas?”, él le respondió: “Mi nombre es Multitud, porque somos muchos”.

10 Y le rogaba sinceramente que no los echara de esa región. 11 Resulta que en una colina cercana había muchos cerdos comiendo 12 y los espíritus insistentemente le rogaron a Jesús: “Envíanos a esos cerdos para que entremos en ellos”.

13 Jesús se los permitió y los espíritus malignos salieron del hombre y entraron en los cerdos; ellos, que eran como unos dos mil, se arrojaron colina abajo hacia el lago y se ahogaron.

14 Los hombres que cuidaban a los cerdos huyeron y contaron la noticia en la ciudad y en los campos, entonces mucha gente fue a ver qué había pasado. 15 Cuando se acercaron a Jesús, vieron al hombre que había sido poseído por demonios y se quedaron asombrados de que él estuviera sentado, vestido y sanado. 16 Los que lo vieron, contaron lo que le había sucedido al hombre y a los cerdos. 17 Entonces comenzaron a rogarle a Jesús que se fuera de su territorio. 18 Mientras Jesús subía a la barca, el hombre que había estado endemoniado le rogaba para que lo dejara ir con Él.

19 Pero Jesús no se lo permitió y le dijo: “Ve a casa y cuéntale a tus familiares lo que el Señor ha hecho por ti y la compasión que ha tenido contigo”.

20 Entonces él se fue y comenzó a contar en la Decápolis, la región de las diez ciudades, lo que Jesús había hecho por él. Y todos estaban asombrados.

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Domingo Presentación del Señor Ciclo C

Evangelio según

San Lucas 2, 22-40

25 Un hombre llamado Simeón vivía en Jerusalén. Era un hombre bueno y piadoso y esperaba la salvación del pueblo de Israel. El Espíritu Santo estaba con él, 26 y a él le había sido revelado por el Espíritu Santo que, antes de morir, vería al Mesías enviado por el Señor. 27 Guiado por el Espíritu, Simeón fue al Templo, y cuando los padres llevaron al niño Jesús al Templo para hacer lo que dice la Ley, 28 Simeón tomó al niño en sus brazos y bendijo a Dios, diciendo:

“Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz conforme a tu palabra;

30 porque mis ojos han visto tu salvación

31 que has preparado en presencia de todos los pueblos:

32 Luz para revelación de las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.

33 Su padre y su madre estaban asombrados de las cosas que se decían sobre él. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:

“He aquí que este niño es puesto para la destrucción y la salvación de muchas personas en Israel, y para ser una señal que muchos rechazarán, 35 y una espada traspasará tu misma alma para que los pensamientos de muchos corazones sean revelados”.

36 También había una profetisa llamada Ana, la hija de Fanuel, de la tribu de Aser, quien era muy anciana y había vivido con su marido siete años desde su matrimonio; 37 pero había quedado viuda y tenía ochenta y cuatro años. Nunca dejaba el Templo, sirviendo con ayunos y oraciones día y noche. 38 A esa hora ella llegó al Templo y comenzó a alabar a Dios y a hablar sobre el niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.

39 Cuando terminaron de hacer todo lo que la Ley del Señor ordena, regresaron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía, mientras se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba sobre Él.

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Sábado III Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 4, 35-41

35 Ese día por la tarde, les dijo: “Vamos al otro lado del lago”.

36 Entonces dejaron allí a la gente, subieron a la barca en la que estaba Jesús y se fueron con Él, mientras otras barcas lo acompañaban. 37 De repente, un viento muy fuerte comenzó a soplar, y las olas chocaron con tanta fuerza sobre la barca que ya se estaba llenando de agua. 38 Jesús estaba durmiendo en la parte de atrás de la barca con la cabeza sobre una almohada. Entonces los discípulos lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿No te importa que muramos?”

39 En ese momento se levantó, habló con fuerza al viento y dijo al lago: “¡Silencio! ¡Quédate quieto!” El viento se detuvo y todo estuvo en calma. 40 Luego les dijo: “¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Todavía no tienen fe?”

41 Los discípulos tuvieron mucho miedo y se decían unos a otros: “¿Quién es este hombre que hasta el viento y el lago le obedecen?”

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Viernes III Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 4, 26-34

26 Jesús seguía diciendo: “El Reino de Dios es como un hombre que sembró la semilla en la tierra. 27 Ya sea que esté despierto o dormido, la semilla brota y crece sin que él sepa cómo sucede. 28 Es la tierra misma la que produce sus frutos: primero aparece la planta, luego la espiga y luego los granos que llenan la espiga. 29 Cuando las espigas están maduras, el hombre comienza a cortarlas con el cuchillo, porque ha llegado el momento de la cosecha”.

30 También decía: “¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola podemos usar para esto? 31 Es como una semilla de mostaza, que es la más pequeña de todas las semillas. 32 Pero después de ser sembrada, crece mucho hasta que es la más grande de todas las plantas, y sus ramas son tan grandes que las aves hacen nidos bajo su sombra”.

33 Usando muchas parábolas como éstas, Jesús le hablaba a la gente de una manera que ellos podían entender. 34 Él sólo les hablaba en parábolas, pero en privado les explicaba todo a los discípulos.

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Jueves III Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 4, 21-25

21 Jesús continuaba diciendo: “¿Alguien enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón o de una cama? ¡Claro que no! Para iluminar bien, debe colocarse en un lugar adecuado, 22 porque todo lo que está oculto será descubierto, y todo lo que está secreto será conocido”. 23 “Si alguien tiene oídos para escuchar, entonces escuche”.

24 También les decía: “Presten atención de lo que oigan porque Dios usará para juzgarte la misma manera que tú usas para juzgar a otros ¡y aún más difícil! 25 porque el que tiene, recibirá más; pero al que no tiene, lo poco que tiene le será quitado”.

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Miércoles III Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 4, 1-20

1 Jesús comenzó a enseñar nuevamente en la orilla del lago de Galilea. La multitud que se reunió a su alrededor era tan grande que entró y se sentó en un bote cerca de la orilla donde estaba la gente. 2 Él usaba parábolas para enseñar muchas cosas y les proclamaba su enseñanza:

3 “¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar, 4 y mientras tiraba las semillas, algunas cayeron al borde del camino, y los pájaros llegaron y se las comieron. 5 Otra parte de las semillas cayó en un lugar donde había muchas piedras y poca tierra. Las semillas pronto brotaron porque la tierra no era profunda, 6 pero cuando salió el sol, quemó las plantas y se secaron porque no tenían raíces. 7 Otras semillas cayeron entre las espinas, que crecieron y ahogaron las plantas. Por eso no dieron frutos. 8 Pero las semillas que cayeron en tierra buena brotaron, crecieron y dieron fruto: unas treinta, otras sesenta y otras cien veces”.

9 Y Jesús les decía: “El que tenga oídos para escuchar, entonces que escuche”.

10 Cuando la multitud se fue, la gente que se quedó allí comenzó, junto con los doce discípulos, a hacerle preguntas a Jesús sobre las parábolas.

11 Él les decía: “A ustedes se les ha dado a conocer el misterio del Reino de Dios, pero para los que están fuera, todas estas cosas se les enseñan en parábolas, 12 para que los que están viendo, vean y no observen nada, y para que los que están escuchando, escuchen y no comprendan; pues de lo contrario, volverían a Dios, y Él los perdonaría”.

13 Entonces Jesús les dijo: “Si no entienden esta parábola, ¿cómo entenderán las demás?” 14 “El sembrador siembra el mensaje de Dios. 15 Algunas personas que lo escuchan son como las semillas que han caído en el camino. Tan pronto como la escuchan, Satanás viene y toma el mensaje que se ha sembrado en sus corazones. 16 Otras personas son como semillas que se sembraron donde había muchas piedras. Cuando escuchan el mensaje, lo aceptan inmediatamente con alegría; 17 pero después de un tiempo estas personas olvidan el mensaje porque no se ha quedado en ellas, y cuando los sufrimientos y las persecuciones llegan por causa del mensaje, pronto abandonan su fe. 18 Otras personas son como semillas sembradas entre espinas. Escuchan el mensaje, 19 pero cuando aparecen las preocupaciones de este mundo, la ilusión de la riqueza y otras ambiciones, estas cosas ahogan el mensaje y no dan fruto. 20 Y están esas personas que son como las semillas que se sembraron en buena tierra. Escuchan y aceptan el mensaje, y producen una gran cosecha: unas, treinta, otras sesenta y otras cien veces”.

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Martes III Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 3, 31-35

31 Entonces vinieron su madre y sus hermanos, pero quedándose afuera, enviaron al alguien para llamarlo. 32 Mucha gente estaba sentada alrededor de Él, y algunos le dijeron: “¡Mira! Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera buscándote”.

33 Él les respondió: “¿Quién es mi madre? ¿Y quiénes son mis hermanos?”

34 Luego, mirando a las personas que estaban sentadas a su alrededor, dijo: “¡Mira! aquí están mi madre y mis hermanos”. 35 Porque el que hace la voluntad de Dios, éste viene a ser mi hermano, mi hermana y mi madre.

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Lunes III Semana Tiempo Ordinario Ciclo C

Evangelio según

San Marcos 3, 22-30

22 Algunos maestros de la Ley, que habían venido de Jerusalén, decían: “Está poseído por Beelzebú, y expulsa a los demonios por medio del príncipe de los demonios”.

23 Jesús llamándolos junto Él, comenzó a hablarles en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? 24 Si un reino se divide en grupos de combate seguramente tal reino no podrá durar. 25 Si una familia se divide contra sí misma, tal familia no podrá durar. 26 Si Satanás se ha enfrentado contra sí mismo y se divide en bandos que luchan entre sí, no podrá durar porque ha llegado su final”.

27 “Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y robar su propiedad si primero no logra atarlo. Sólo entonces esta persona puede robar la casa”.

28 “Ciertamente les digo que los pecados que comete la gente o las blasfemias que digan pueden ser perdonados, 29 pero quien blasfeme contra el Espíritu Santo nunca será perdonado porque la culpa de este pecado dura para siempre”.

30 Jesús habló así porque ellos decían que estaba dominado por un espíritu maligno.

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